Ramirás, el pulso discreto del suelo
Bajo Ramirás no aparece una sola clase de roca: la clasificación municipal reúne varias y, en los últimos treinta años, el registro sísmico anota 24 terremotos. Juntas, esas dos huellas cuentan una historia del terreno que conviene leer a la escala adecuada.
La iglesia de San Pedro de Ramirás, una referencia del paisaje construido del municipio.
Ramirás tiene dos retratos del subsuelo. Uno reúne materiales distintos en una clasificación geotécnica del municipio; el otro registra terremotos a lo largo de tres décadas. No son dos piezas de una misma explicación: los datos disponibles no establecen que una litología concreta haya causado los sismos. Pero, puestos en orden, muestran qué diversidad atribuye el estudio al término municipal y qué actividad sísmica quedó anotada.
Un municipio, varias familias de roca
La categoría más extensa agrupa areniscas, conglomerados y flysch: representa el 75,48 % de la clasificación. Pizarras y esquistos suman el 15,55 %. El inventario también incluye masa de agua, con un 4,99 %, y granito, gneis y rocas ígneas, con un 2,39 %. No es el retrato de una única roca que se prolongue uniformemente bajo cada casa: son categorías presentadas a escala municipal, algunas de ellas agrupadas.
La diferencia importa. Areniscas, conglomerados y flysch aparecen juntos en la categoría dominante; pizarras y esquistos forman otra; y granito, gneis y rocas ígneas, una tercera. La clasificación indica variedad, pero no dibuja una sucesión de capas ni permite asignar cada material a una iglesia, un hórreo o una parcela concreta. Es un panorama amplio, no una etiqueta para cada edificio.
El terreno tiene además una descripción técnica sobre el paso del agua. Para la litología D-2, el estudio asigna la clase 9 de permeabilidad: formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. Añade que la alteración o la fisuración pueden albergar acuíferos superficiales, por lo general poco extensos y de baja productividad, aunque localmente importantes. Es una posibilidad descrita para esa clase, no la afirmación de que exista un acuífero concreto bajo un lugar determinado de Ramirás.
El apartado de expansividad marca peligrosidad 0 y describe un sustrato no arcilloso. Así, el estudio ofrece más que una lista de nombres: también caracteriza, de forma general, el comportamiento atribuido al terreno. Pero no aporta una secuencia estratigráfica ni explica el origen o la edad de estas rocas. La historia que se puede seguir aquí no es una reconstrucción de millones de años; es la de un municipio cuyo subsuelo está clasificado como diverso y cuyo registro reciente conserva otro tipo de huella.
El pulso que quedó anotado
En un periodo de treinta años, el registro sísmico recogido por el estudio contabiliza 24 eventos, desde magnitud 1,5 hasta 3,2. La magnitud media indicada es 2,23. Son cifras de una serie instrumental: por sí solas no cuentan si un episodio se sintió en una vivienda ni describen daños. Sí permiten reconocer que el catálogo no se reduce a un único episodio llamativo.
La lista contiene varios momentos que se pueden seguir por fecha. En julio de 2019 aparece primero un evento de magnitud 2,8, el día 4; el 30 de julio figura uno de 3,2. En agosto de 2021, dos registros corresponden al día 12: magnitudes 2,2 y 2,7. Otro de 2,2 aparece el 13, y el día 17 se anota de nuevo una magnitud 3,2. Son entradas próximas en el calendario, no una explicación de sus causas ni prueba de que cada una tuviera consecuencias visibles en superficie.
Hórreos en Tellado, Penosiños: una vista del paisaje habitado de Ramirás, a escala distinta de la clasificación geotécnica municipal.
La serie también contiene registros de menor magnitud y otros años. El dato más reciente de la lista corresponde al 22 de mayo de 2024: magnitud 1,8, a 24,2 kilómetros de profundidad. El episodio mayor no es, por tanto, el último capítulo del registro. Lo que permanece es una secuencia de observaciones que atraviesa años distintos y que no autoriza a convertir cada cifra en una escena de daños o alarma.
Dos huellas, dos escalas
El sustrato y los terremotos pertenecen a la misma historia local, pero describen cosas diferentes. La clasificación geotécnica reparte materiales y características del terreno por el término municipal; el catálogo sísmico ordena eventos por fecha, magnitud y, en algunos casos, profundidad. No hay en los datos entregados una relación causal entre las familias de roca y los terremotos registrados, así que el relato no las mezcla.
La imagen que queda es más sobria y más concreta: un subsuelo municipal que el estudio clasifica sobre todo dentro del grupo de areniscas, conglomerados y flysch, junto a otras categorías; y un registro que suma 24 sismos en treinta años, con magnitudes de 1,5 a 3,2. Ninguna cifra sustituye a la otra. Una describe el terreno; la otra conserva el pulso medido de una parte de su historia reciente.
En Ramirás, el mapa del subsuelo y el catálogo sísmico no forman una sola explicación, sino dos huellas complementarias. El terreno queda retratado como un mosaico de categorías; los movimientos, como una serie fechada cuyo episodio más reciente anotado es de 2024.
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