Alaejos, frontera de ladrillo
Entre la llanura y el cauce del Trabancos, Alaejos creció en un territorio que pudo ser frontera entre León y Castilla. Sus iglesias de ladrillo y la historia de su castillo conservan las huellas de una villa disputada y transformada.
Alaejos aparece al fondo de la carretera, con las torres de sus iglesias elevándose sobre el paisaje llano.
El paisaje de Alaejos no se levanta en una gran montaña ni se cierra en un valle profundo. El término es prácticamente llano, aunque desciende desde los 810 metros del suroeste hasta los 730 metros junto al río Trabancos. El pueblo ocupa una posición intermedia, a 754 metros sobre el nivel del mar. En ese relieve discreto se encuentran la villa, algunos arroyos tributarios y un río que recorre parte del límite oriental.
El Trabancos no es solo una línea en el mapa: aparece también en una hipótesis sobre el nacimiento de Alaejos. La historia del lugar, por tanto, empieza con una cautela y con un paisaje reconocible. La llanura no explica por sí sola la fundación, pero el río pudo formar parte de una frontera política que convirtió esta comarca en un territorio disputado.
El Trabancos, posible frontera
En el siglo XI, Alaejos formaba parte del reino de León y su parroquia pertenecía al obispado de Salamanca. Una de las hipótesis propone que la villa nació como aldea en territorios repoblados durante la Reconquista, dentro de la línea defensiva entre los reinos de León y Castilla. Esa frontera se situaba en el río Trabancos, según el tratado de Fresno-Lavandera.
Es una posibilidad, no una escena que pueda darse por segura. Pero permite seguir el vínculo entre el terreno y la historia sin convertir el río en una causa automática de cada acontecimiento. Un cauce que hoy forma parte del límite oriental pudo marcar entonces una separación política; las comunidades asentadas en torno a esa línea vivían en una comarca donde el territorio tenía también valor estratégico. La llanura no era un escenario vacío: era el espacio que había que ocupar, administrar y nombrar.
Falafeios aparece en los documentos
El nombre más antiguo recogido para la actual Alaejos es Falafeios, registrado en 1180. La forma se relaciona probablemente con el antropónimo mozárabe Jalaf o Halafe. El topónimo guarda así una huella de la población medieval, aunque no describa por sí mismo el origen geológico del lugar ni resuelva cuándo se estableció allí el primer asentamiento.
En los siglos XII y XIII se usaba también Falafeios. El nombre fue cambiando hasta convertirse en Alaejos mediante una evolución lingüística que incluyó la castellanización de sus sonidos. Para el siglo XIV la villa ya entraba en otra etapa política: a mediados de esa centuria, Diego Fernández de Medina la vendió a Medina del Campo. Más tarde fue señorío jurisdiccional del obispo de Ávila, Alfonso de Fonseca, condición que se prolongó hasta el siglo XIX. El territorio permanecía; cambiaban las autoridades que lo gobernaban.
El castillo retiene a Juana de Portugal
En el siglo XV, el castillo de Alaejos pasó a ocupar un lugar central en la historia de la villa. Juana de Portugal, esposa de Enrique IV, fue retenida allí por orden del rey, bajo la supervisión del arzobispo Alonso de Fonseca y Ulloa, señor de Coca y Alaejos. La fortaleza, situada en las últimas casas del pueblo, era una pieza concreta dentro de un paisaje de límites y señoríos.
Durante aquella estancia, Juana inició una relación con Pedro de Castilla y Fonseca, sobrino del arzobispo y biznieto bastardo del rey Pedro I de Castilla. De esa relación nacieron dos hijos gemelos. La historia personal de la reina quedó así enlazada a la de la fortaleza y a la autoridad que la vigilaba. Hoy quedan pocos restos del castillo, pero su emplazamiento y este episodio mantienen visible la importancia que tuvo en la vida de Alaejos. La construcción no domina ya el pueblo; su rastro persiste en la memoria local.
En 1520, la villa sufre la destrucción
En 1520, durante la Guerra de las Comunidades, los comuneros destruyeron una gran parte de Alaejos. La historia registra el golpe, aunque no detalla qué edificios concretos cayeron ni cómo se desarrolló cada daño. Lo que sí puede seguirse es el resultado: la villa continuó su recorrido, y en el siglo XVI sus dos iglesias parroquiales se alzaron como presencias destacadas del conjunto urbano.
La continuidad de Alaejos no significó que sus instituciones quedaran quietas. En 1595 se incorporó al nuevo obispado de Valladolid, mientras política y administrativamente siguió dependiendo de la provincia de Segovia. Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX perteneció a la antigua provincia de Toro. Cada cambio trazaba otra división sobre el mismo territorio: fronteras de reinos, señoríos y demarcaciones administrativas se sucedieron sin borrar el emplazamiento de la villa.
San Pedro y Santa María levantan sus torres
Las iglesias muestran cómo se construyó parte de la Alaejos que todavía reconocemos. San Pedro, en la Plaza Mayor, fue diseñada en el siglo XVI con formas góticas y renacentistas. El ladrillo caracteriza sus materiales exteriores, acompañado por ornamentaciones de yeso y azulejos mudéjares. Su torre tiene cuatro cuerpos y una pequeña cúpula; dentro, tres naves organizan el espacio, con la central más elevada.
Santa María, también del siglo XVI, reúne ladrillo con argamasa de cal y yeso. Sus tres naves, de altura similar, se cubren con bóvedas de crucería y una armadura mudéjar-renacentista. La torre se eleva unos 64 metros y sobresale en el perfil del pueblo.
La iglesia de Santa María, con su torre y fachada de ladrillo, forma parte del perfil histórico de Alaejos.
No es necesario confundir el material de esos edificios con todo lo que hay bajo el municipio: las iglesias documentan sus propios elementos constructivos, mientras que las clasificaciones geotécnicas describen materiales a escala municipal.
Las rocas bajo la llanura
En esa escala municipal, la clasificación geotécnica reúne grupos distintos. Areniscas, conglomerados y flysch representan el 67,99%; calizas, dolomías y mármoles, el 13,53%; pizarras y esquistos, el 8,93%; y gravas y arenas compactas, el 5,74%. Es un repertorio amplio de materiales, no una descripción de una única capa uniforme ni una identificación directa de la fábrica de San Pedro o Santa María.
Un sondeo identificado como Alaejos alcanzó 250 metros de profundidad y encontró agua a 3,75 metros. Es una medida de un punto concreto, no una profundidad que pueda trasladarse sin más a cada calle o edificio. Junto con el relieve casi llano y el descenso hacia el Trabancos, ayuda a completar la imagen física de la villa: bajo la superficie hay materiales variados, y el agua aparece registrada cerca de ella en ese sondeo. Los datos no cuentan por sí solos cómo se formaron esas rocas; sí sitúan el subsuelo como parte del escenario donde se asentó Alaejos.
En 1785, la Real Sociedad Caritativo Económica de la villa impulsó actividades económicas y sociales, además de educación para niños y jóvenes. Mucho después, en 1997, la Junta de Castilla y León declaró el recinto urbano conjunto histórico. Alaejos llegó a ese reconocimiento con su relieve de llanura, los restos escasos del castillo y las torres de ladrillo que siguen marcando el perfil urbano.
El Trabancos continúa señalando el borde oriental del término, pero ya no separa dos reinos. La villa que pudo nacer en una frontera atravesó cambios de señorío, una destrucción y nuevas divisiones administrativas; las iglesias y el conjunto histórico conservan parte de su continuidad. En Alaejos, el río y el ladrillo cuentan dos escalas de una misma historia: el territorio que sostuvo una población y las obras con que esa población dejó su huella.
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