Historia geológica Localidad Puebla de Alcocer

Puebla de Alcocer, del llano al castillo

Puebla de Alcocer pasó del llano de Aldeavieja a la falda de la sierra, cerca del castillo. Entre ambos emplazamientos, el relieve y las fuentes de agua acompañan la historia de un pueblo que buscó dónde asentarse.

Desde el castillo, Puebla de Alcocer aparece asentada en la ladera, con la llanura extendiéndose más allá del caserío.

Desde el castillo, Puebla de Alcocer aparece asentada en la ladera, con la llanura extendiéndose más allá del caserío.

Foto: Axel Cotón Gutiérrez, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El pueblo actual ocupa la falda septentrional de la Sierra del Castillo, pero su historia empezó más abajo, en un llano que aún conserva un nombre revelador: Aldeavieja. La población cambió de emplazamiento y dejó atrás su primer núcleo para acercarse a la fortaleza. En el término, mientras tanto, las sierras, los manantiales y los materiales diversos del subsuelo dan forma a un paisaje donde la vida cotidiana dependió también de encontrar agua.

Aldeavieja quedó en el llano

La primera Puebla de Alcocer estuvo al pie de la sierra, sobre el llano. Después se trasladó a su emplazamiento actual, en las proximidades del castillo. La razón aparece ligada a la seguridad o a la salud, aunque no se establece una única explicación: lo que sí queda claro es el cambio de lugar y la importancia que tuvo la fortaleza como referencia del nuevo asentamiento.

Aldeavieja no desapareció del paisaje. El nombre sigue designando el ámbito del núcleo primitivo, y allí se conservan pilares de agua utilizados como abrevaderos. Se considera que tienen origen romano y se ha situado en ese paraje la fundación del pueblo; además, se citan restos de unos baños romanos. Son huellas de distintas épocas vinculadas a un mismo lugar, pero no convierten automáticamente cada resto en parte de una única historia continua. Lo persistente es el paraje: el primer asentamiento quedó atrás, pero sus manantiales y sus pilares siguieron teniendo uso.

El traslado modificó la relación entre el pueblo y la sierra. Del llano al pie del relieve, la localidad pasó a ocupar la ladera septentrional, más cerca del castillo. No hace falta atribuir al terreno una causa que las fuentes no establecen para ver el cambio: el núcleo se movió y el paisaje conserva los dos nombres, Aldeavieja y Puebla de Alcocer, como marcas de esa transformación.

El castillo reordena la historia del núcleo

La historia escrita da cuenta de una comunidad que fue adquiriendo peso en la comarca. El Concejo de Toledo otorgó la primera carta de población el 2 de febrero de 1288; desde entonces el lugar tomó el nombre de Puebla de Alcocer. La carta buscaba favorecer la repoblación. Décadas después, en 1326, Diego II García de Toledo obtuvo de Alfonso XI autorización para celebrar dos ferias anuales, una señal de la importancia que se quería dar a la villa.

El dominio cambió varias veces: en 1332 Alfonso XI devolvió el territorio a Toledo y en 1344 Puebla de Alcocer se convirtió de nuevo en señorío, esta vez bajo Bernat, vizconde de Cabrera. En 1441 fue declarada villa y concedida a Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara. Estos cambios explican la trayectoria política del asentamiento, no la fecha exacta de su traslado. En otro plano, el castillo actual fue remodelado en el siglo XV como fortaleza militar y dominó la Siberia y la Serena. Cerca de él están las ruinas de un edificio anterior conocido como Castillo Viejo.

También permanece parte de la cerca amurallada de piedra que rodeó el núcleo en su emplazamiento actual. Sus vestigios se ven aún en algunos puntos. Así, la mudanza no dejó solo una nueva ubicación: alrededor de la fortaleza se consolidó un pueblo con muralla, mientras Aldeavieja conservaba las señales del asentamiento previo.

La Sierra del Castillo y los materiales del término

El relieve ayuda a situar esa historia. Puebla de Alcocer está a 527 metros sobre el nivel del mar; el término municipal, mucho más extenso que el núcleo urbano, combina llanuras, elevaciones y pequeñas sierras aisladas. Sus cotas van de los 325 metros en el embalse de Orellana a los 771 metros del pico Chamorro, en el noreste. El pueblo no representa por sí solo toda esa variedad: su posición en la falda septentrional de la sierra es una parte local de un territorio más amplio.

La clasificación geotécnica municipal recoge pizarras y esquistos, arenas finas y limos, areniscas, conglomerados y flysch, gravas y arenas compactas, y arcillas y margas sobreconsolidadas, descritas como duras. Las pizarras y los esquistos constituyen el grupo más extendido, con un 25,12 % de la clasificación. Son categorías de materiales del término, no una identificación automática de la roca bajo una casa, una muralla o una construcción concreta.

El informe describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. Eso no significa que el agua no pueda aparecer: la alteración o las fisuras pueden alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente importantes. En términos sencillos, el agua puede encontrar paso o acumularse en zonas alteradas y fracturadas dentro de materiales que, en conjunto, dejan circular poca agua. La información municipal no asigna ese mecanismo a cada manantial, pero ayuda a entender cómo pueden coexistir materiales de baja permeabilidad y fuentes repartidas por el término.

La llanura y las sierras tampoco están aisladas de las aguas superficiales. El embalse de Orellana ocupa el río Guadiana y el de La Serena, el Zújar; por el extremo norte discurre el río Gargáligas. El paisaje reúne así relieves y aguas de distinta escala, desde las fuentes próximas a la vida del pueblo hasta los grandes embalses que forman parte del término.

La panorámica desde el torreón abre la vista desde el pueblo hacia el relieve amplio del término.

La panorámica desde el torreón abre la vista desde el pueblo hacia el relieve amplio del término.

Foto: Ruizsanchezpabloangel, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El Chorro, agua en un paisaje seco

En una zona descrita como seca y árida, Puebla de Alcocer cuenta con numerosas fuentes y manantiales. El agua de buena calidad procede de la sierra y, según la información local, esa red ayudó a evitar problemas de abastecimiento incluso en épocas de grandes sequías. Las fuentes no son un detalle al margen de la historia del asentamiento: fueron puntos concretos donde el relieve se encontraba con las necesidades diarias de sus habitantes.

El Chorro, junto al convento de San Francisco, fue uno de los manantiales más usados para abastecer las casas y también regó la huerta del convento. El Bonal, camino de Cabeza del Buey, producía agua en cantidad y funcionó como lavadero público. Allí las mujeres acudían con cestos de ropa; hoy se ha suprimido el uso de los grifos del lavadero y parte del agua llega a fuentes potables del pueblo. Oñamira, en la zona del convento, tiene una fuente con grifos que se considera la más antigua del pueblo, probablemente de 1903, y un pilar que sirvió de abrevadero.

Antes de que hubiera agua corriente en las casas, las mujeres cargaban cántaros desde las fuentes, equilibrándolos en la cabeza y la cadera; también se transportaban con bestias y carros. La fuente ornamental El Camino, realizada en los años noventa por la escultora Aurora Cañero, recuerda esa tarea con la figura de una mujer que lleva dos cántaros. La escena es una representación posterior, pero la práctica que evoca formó parte de la vida cotidiana del pueblo.

De las fuentes a las calles

El agua siguió formando parte de la localidad cuando cambiaron sus usos. El Chorro abastece hoy otras fuentes potables, entre ellas La Posá; parte del caudal de El Bonal llega a la fuente de las Escuelas. Los Pilares de la Aldeavieja aún sirven de abrevaderos. No todas las fuentes tuvieron la misma función: unas abastecieron las casas, otras regaron, lavaron ropa o dieron de beber al ganado. En conjunto, muestran cómo los habitantes aprovecharon puntos de agua distribuidos por el entorno, sin que la disponibilidad de manantiales eliminara la necesidad de ir a buscarlos.

La imagen del pueblo actual reúne estas dos escalas. Desde el castillo se ve la localidad acomodada en la ladera y, más allá, el relieve amplio del término. En las calles, la cerca de piedra recuerda el núcleo que creció junto a la fortaleza; en Aldeavieja, los pilares conservan un uso ligado al agua y al ganado. La ladera no borró el llano: el asentamiento se desplazó, pero sus referencias permanecieron repartidas entre ambos lugares.

El resultado de ese cambio es visible todavía: Puebla de Alcocer quedó junto al castillo, mientras Aldeavieja retuvo el nombre del primer núcleo y parte de sus huellas. Las fuentes conectaron la sierra con las casas, los campos y el ganado, y algunas siguen alimentando puntos de agua del pueblo. Del llano a la falda, la historia no fue una ruptura completa, sino una mudanza que dejó dos paisajes locales unidos por la memoria y el agua.

Tipos de terreno en Puebla de Alcocer

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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