Pals, el molino que buscó el mar
En 1452, una licencia concedió a Miquel Pere un proyecto ambicioso para el Molino de Pals: llevar un canal desde el Ter y abrir otro hacia el mar. En torno a esas aguas se cruzaron el arroz, la salud pública y una guerra que cambió temporalmente quién poseía sus tierras.
Desde el núcleo histórico de Pals, la panorámica reúne las casas de la villa y el paisaje que se abre alrededor.
El 6 de septiembre de 1321, los síndicos de Pals aceptaron pagar al rey 500 sueldos anuales para que se demoliera el antiguo molino. La decisión señala que aquel edificio —o el que ocupaba su lugar— era ya una pieza disputada del territorio. Pero la historia no se detuvo ahí: en 1332, un molino de maíz de Pals ya funcionaba. A tres kilómetros de la villa, rodeado hoy por campos de arroz, el Molino Grande, también llamado Molino de Pals, Castillo de San Miguel o Mas Tafurer, atravesó cinco siglos cambiando de oficio. Fue castillo, molino y manso, una propiedad rural. Seguir sus transformaciones es seguir una construcción ligada a los cultivos, a las aguas que se quería conducir y al poder sobre la tierra.
Del molino de maíz al proyecto del Ter
Las fechas de 1321 y 1332 no aclaran por sí solas si se demolió aquella construcción y se levantó otra, pero sí muestran que la molienda seguía formando parte de la vida local. El molino de maíz ya estaba en marcha cuando, en 1452, Miquel Pere recibió licencia para añadir una nueva actividad: construir un molino arrocero. La autorización no hablaba solo de una máquina o de un edificio. Incluía una ambiciosa propuesta para conducir el agua a través de dos canales.
Uno debía llegar desde el río Ter hasta el molino. El otro comunicaría el molino con el mar. La licencia contemplaba reforzar la salida para evitar que el mar tapara el curso del canal y permitir que los barcos entrasen y saliesen sin dificultad. El proyecto dibujaba, así, una ruta de agua que enlazaba río, molino y costa, pensada para servir a la molienda y mantener libre una vía navegable. No era un detalle accesorio: la salida al mar podía obstruirse, y el permiso especificaba cómo querían evitarlo.
El documento concede permiso para construir esos canales; no basta para afirmar que se completaran tal como estaban proyectados. Lo que deja claro es la escala de la aspiración de Miquel Pere: el Molino Grande debía sumar el arroz a la molienda del maíz y conectarse con una red de agua que llegaría hasta el Ter y el mar. El edificio, situado entre campos cultivados y a poca distancia de Pals, adquiría nuevas funciones sin perder su papel de centro de trabajo. El paisaje no aparece aquí como decorado: el agua que se pretendía conducir formaba parte del plan económico.
Arenas y limos en el término de Pals
El estudio geotécnico de Pals permite poner ese proyecto en relación con un término municipal de materiales variados. Su clasificación atribuye el 50.00% a arenas finas y limos, y el 25.00% a areniscas, conglomerados y flysch. También registra gravas y arenas compactas, pizarras y esquistos, arcillas expansivas blancas o blandas, y fangos y turbas de tipo deltaico: cada grupo representa el 6.25%. Arenas, limos y gravas son materiales sedimentarios de grano distinto; areniscas y conglomerados son rocas, mientras que flysch nombra otro conjunto de materiales geológicos. La clasificación ofrece una imagen diversa del subsuelo municipal, no una composición única.
Ese dato ayuda a situar la historia del molino en un territorio donde conviven sedimentos y rocas, pero no identifica el material de sus muros ni el terreno exacto bajo sus cimientos. Los fangos y las turbas aparecen descritos como deltaicos en la clasificación; no se atribuye por ello un origen concreto al emplazamiento del edificio. La conexión local que sí se documenta es humana: el molino se rodea de campos de arroz y, en 1452, recibió autorización para un canal desde el Ter y otro hacia el mar. El sustrato da contexto al lugar; el permiso revela cómo se intentó organizar el agua para trabajar.
Una calle del casco antiguo de Pals. El Molino Grande se encuentra fuera de este núcleo, a unos tres kilómetros.
El arroz queda bajo sospecha
El cultivo que daba sentido al nuevo molino encontró pronto una oposición. El 15 de noviembre de 1467, el conde de Vademont prohibió cultivar arroz en toda la comarca del Ampurdán. Según la historia del Molino de Pals, tomó la decisión porque consideraba que las aguas estancadas perjudicaban la salud pública. La medida enfrentaba la actividad arrocera con una preocupación por el agua inmóvil: el cultivo no podía entenderse separado de cómo se mantenía y conducía el agua en los campos.
La prohibición llegó durante la Guerra civil catalana, que se prolongó de 1462 a 1472, y afectó a toda la comarca, no solo al molino. El arroz había obtenido un lugar en el proyecto autorizado en 1452; quince años después, su cultivo quedaba vetado por una decisión política basada en el riesgo atribuido a las aguas estancadas. En esa tensión se cruzaban el aprovechamiento del agua y la preocupación por la salud. Para el molino, que había sido pensado también para procesar arroz, el cambio suponía un límite directo a una de sus funciones previstas.
Miquel Pere pierde sus tierras y las recupera
La guerra puso en juego algo más que los usos del agua. Miquel Pere, señor del Molino Grande, combatió junto a Juan II de Aragón. Por esa posición, sus tierras y molinos de Pals fueron confiscados; el condestable Pedro de Portugal entregó las posesiones a Fernando Álvarez. El episodio convirtió el molino y las tierras que lo sostenían en bienes disputados por bandos enfrentados. La construcción que había pasado del maíz al proyecto arrocero quedaba ahora atrapada en una lucha por la propiedad.
En 1468, Miquel Pere aparece como capitán del Castillo de Ampúrias. El 15 de abril, él y otros capitanes se rindieron después de permanecer asediados durante dos meses. La historia del señor del molino discurrió así entre dos frentes: la guerra, que alteró quién controlaba sus posesiones, y las decisiones sobre el arroz, que afectaban al trabajo para el que se había concedido licencia. Al terminar el conflicto, Juan II resultó vencedor y las posesiones de Miquel Pere —tierras, casas y molinos— le fueron devueltas. La confiscación no fue definitiva: el Molino Grande volvió a su propietario.
El Molino Grande cambia de época
La devolución restituyó las posesiones, pero no congeló la vida del edificio. Durante cinco siglos, el Molino de Pals había servido como castillo, molino y manso; sus funciones se transformaron con los sucesivos propietarios. La historia del lugar se parece menos a la de una construcción con un único destino que a la de un conjunto que fue adaptándose a distintos usos. El nombre de molino permaneció, aunque el edificio también desempeñara otros papeles.
En 1987, la familia Parals adquirió la finca con la finalidad de producir arroz. Para entonces, el vínculo entre la propiedad y el cultivo volvía a estar explícito. Sin embargo, gran parte del edificio dejó de utilizarse y quedó olvidada. El arroz continuó como propósito de la finca, mientras algunas dependencias perdían su función. Ese es el desenlace visible de la larga transformación: el molino no desapareció, pero su vida cotidiana ya no ocupaba todo el conjunto.
Desde la orden de demolición de 1321 hasta la compra de 1987, el Molino Grande sobrevivió a cambios de actividad, prohibiciones y una confiscación seguida de restitución. El proyecto de unir el Ter con el molino y el molino con el mar permanece como una imagen poderosa de lo que se quiso hacer con el agua, sin que el permiso permita dar por construidos los canales. Hoy, entre los campos de arroz y a tres kilómetros de Pals, el antiguo molino conserva la huella de esa ambición: un edificio que cambió de oficio sin dejar de pertenecer a la historia del territorio.
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