Nuñomoral, bajo la ladera inquieta
En Nuñomoral, el valle del Hurdano reúne cauce, laderas y pequeñas poblaciones en un mismo paisaje. Bajo ese escenario, las pizarras y esquistos dominan el terreno, mientras la clasificación geotécnica señala también áreas con movimientos actuales o potenciales.
Cerezal, una de las alquerías de Nuñomoral, junto al río y las laderas del valle.
Nuñomoral se extiende por el valle del río Hurdano, en el centro de Las Hurdes. Aquí el paisaje no es solo el fondo de las casas: el valle y sus vertientes forman el escenario donde se distribuyen la localidad principal y varias alquerías. El cauce marca una referencia visible; las laderas, en cambio, guardan una historia menos evidente, escrita en los materiales que forman el término municipal y en la posibilidad de que algunos se desplacen.
La protagonista de este recorrido es esa ladera, no una montaña concreta ni un derrumbe con fecha. La información geotécnica de Nuñomoral identifica áreas con movimientos actuales o potenciales del tipo deslizamiento y desprendimiento. Son dos formas distintas de cambiar: una masa puede deslizarse pendiente abajo, o bloques pueden separarse y caer. La clasificación sitúa esa posibilidad en el paisaje municipal; no describe un episodio único. Para entender qué está en juego, primero hay que conocer el terreno sobre el que actúa.
El Hurdano organiza el valle
La localidad se encuentra en el valle del río Hurdano. Esa ubicación da una estructura sencilla para leer el entorno: un cauce en la parte baja y laderas a ambos lados. El término incluye Nuñomoral y ocho núcleos habitados denominados alquerías: Aceitunilla, Asegur, Cerezal, La Fragosa, El Gasco, Martilandrán, Rubiaco y Vegas de Coria. También comprende los despoblados de Batuequilla y La Horcajada. No es un único núcleo rodeado por un territorio vacío, sino una comunidad municipal repartida en varios lugares.
El agua tiene aquí una presencia material y también una presencia en el mapa geotécnico. La clasificación separa una categoría de masa de agua, equivalente al 2,58 % de la superficie considerada. Ese dato no describe por sí solo el caudal del Hurdano ni su comportamiento a lo largo del año; sí ayuda a distinguir el espacio del agua del terreno rocoso que ocupa la mayor parte del término. Entre ambos se despliega el relieve que sostiene el relato.
Pizarras y esquistos bajo Nuñomoral
La categoría dominante en la clasificación del término es “Pizarras y Esquistos”: representa el 76,64 %. Es una cifra municipal, no una identificación de la roca bajo cada casa, cada camino o cada muro. Pero sí ofrece una imagen clara de la base geológica predominante a escala local: más de tres cuartas partes del terreno clasificado pertenecen a ese conjunto de materiales. La geología de Nuñomoral no puede resumirse en una sola ladera, pero empieza por reconocer ese predominio.
Los nombres describen rocas distintas. La pizarra suele presentar una estructura en láminas; el esquisto, una textura foliada que hace visibles planos dentro de la roca. Esa organización importa para imaginar el sustrato: no es una masa uniforme, sino material con superficies y discontinuidades. La clasificación disponible no indica la edad de estas rocas ni reconstruye cómo se formaron en el pasado. Lo que permite afirmar es su presencia dominante en el término y, junto a ella, la existencia de áreas donde se consideran posibles ciertos movimientos de ladera.
La diferencia entre roca y suelo también ayuda a leer las cifras. Una clasificación geotécnica agrupa materiales del terreno para describir sus propiedades; no significa que cada metro cuadrado de superficie muestre roca desnuda. Puede haber coberturas y variaciones locales. Por eso la proporción del 76,64 % es útil para entender el conjunto municipal, pero no autoriza a atribuir automáticamente pizarras o esquistos a un edificio o a un afloramiento concreto. Su valor está en el panorama amplio: ese es el sustrato que más pesa en la descripción del territorio.
Cuando una ladera puede ceder
En una ladera, la gravedad actúa siempre, pero el terreno no se desplaza necesariamente. Un deslizamiento ocurre cuando una masa de suelo o roca se mueve pendiente abajo; un desprendimiento implica que bloques o fragmentos se separan y caen. La diferencia es importante: no se trata de dos nombres para el mismo fenómeno, sino de modos distintos de perder estabilidad. La clasificación geotécnica de Nuñomoral recoge ambos tipos como procesos actuales o potenciales en algunas áreas.
La palabra “potencial” describe una posibilidad, no la noticia de que haya ocurrido un desastre. “Actual” indica que la clasificación contempla movimientos presentes, pero no aporta en el material disponible una fecha, un paraje o una magnitud que permita narrar un episodio concreto. Así, el conflicto geológico del valle no es una catástrofe reconstruida, sino la tensión entre una pendiente que permanece en su sitio y los procesos capaces de mover parte de ella. El resultado documentado es una cartografía municipal que reconoce esa condición.
Para el lector, la idea se vuelve más clara al separar el movimiento de sus consecuencias posibles. Un deslizamiento puede trasladar una masa como conjunto; un desprendimiento puede hacer caer fragmentos desde una vertiente. La descripción geotécnica no permite señalar cuál de esas formas domina en cada alquería ni relacionarla con una obra determinada. Sí permite entender por qué las laderas forman parte de la historia del terreno y no son un simple telón de fondo.
En Martinlandrán, las parcelas y las construcciones se reparten por la vertiente, cerca del curso de agua.
La variedad del terreno y el paso del agua
El resto de la clasificación amplía el cuadro. Areniscas, conglomerados y flysch suman el 17,64 % del terreno considerado. El dato reúne materiales diferentes; no dice que aparezcan en una sola franja continua ni permite asignar uno de ellos a un lugar concreto sin información adicional. Junto al predominio de pizarras y esquistos, confirma que el término incluye más de un tipo de sustrato. El paisaje municipal está hecho de esa combinación, aunque las proporciones no revelen por sí solas el origen de cada roca.
La permeabilidad aporta otra pista útil. El estudio describe las formaciones como generalmente impermeables o de permeabilidad muy baja: el agua no circula con facilidad por el conjunto intacto. Sin embargo, la alteración o la fisuración puede alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de gran interés. Dicho de otro modo, una roca poco permeable no equivale a un terreno absolutamente cerrado al agua. Las fracturas y las zonas alteradas pueden abrir recorridos limitados.
Esta distinción ayuda a comprender la relación entre cauce y vertientes sin atribuir al Hurdano una acción que los datos no describen. El río está en el valle; la clasificación caracteriza, por separado, la permeabilidad general de las formaciones del municipio. El agua puede ocupar el cauce y también encontrar espacios superficiales en materiales alterados o fisurados. No son dos relatos opuestos: uno muestra el agua visible en el fondo del valle y el otro explica que, dentro del sustrato, su presencia depende de las condiciones de cada formación.
Las alquerías comparten un terreno diverso
La distribución de los núcleos da escala humana a ese territorio. Además de Nuñomoral, el municipio reúne ocho alquerías habitadas y dos despoblados. Sus nombres —desde Aceitunilla hasta Vegas de Coria— recuerdan que la historia local no se concentra en un solo punto. El conjunto ocupa el mismo término donde predominan pizarras y esquistos y donde la clasificación reconoce también areniscas, conglomerados y flysch. Esa relación es territorial: el sustrato pertenece al marco común, sin que eso demuestre qué material hay bajo cada núcleo.
La historia administrativa deja otras señales del cambio humano. Tras la caída del Antiguo Régimen, Nuño-Moral se constituyó en municipio constitucional. El censo de 1842 registró 140 hogares y 767 vecinos en el municipio. A mediados del siglo XIX, el término tenía contabilizadas 180 cabezas de familia; la alquería de Nuñomoral, descrita por Pascual Madoz, contaba entonces con 100 habitantes. Son cifras de escalas distintas: una se refiere al municipio y otra a la alquería que era su cabecera. Juntas muestran que el nombre del lugar podía designar tanto un núcleo como una comunidad municipal más amplia.
En 2025, el municipio contaba con 1.196 habitantes. Esa cifra actual vuelve a reunir bajo una misma entidad a la localidad principal y a los demás núcleos habitados. No explica por qué surgió cada asentamiento ni permite atribuir su distribución a un tipo de roca. Sí sitúa la historia del terreno en un paisaje habitado, con varios centros locales y un río que da nombre al valle. La geología no sustituye esa historia humana: aporta el escenario material sobre el que se desarrolla.
La ladera permanece en la historia
La clasificación geotécnica también indica que las zonas consideradas en expansividad tienen peligrosidad 0 y describe el sustrato como no arcilloso. Ese dato completa el retrato de un terreno donde el estudio no destaca la expansión de arcillas, pero sí registra posibles deslizamientos y desprendimientos. Son procesos distintos, y cada uno cuenta algo diferente: uno se refiere al comportamiento expansivo del sustrato; los otros, al desplazamiento de materiales en las laderas.
Así se cierra el recorrido: Nuñomoral aparece como un valle habitado cuyo terreno está dominado por pizarras y esquistos, acompañado por otras formaciones y por el agua del Hurdano. La historia de la ladera no concluye con un derrumbe fechado, sino con el estado que recoge el estudio: hay áreas donde se contemplan movimientos actuales o potenciales, mientras el paisaje sigue siendo el marco común de la vida municipal. En Cerezal, como en el resto del término, el valle no es solo una vista; es la forma visible de una relación persistente entre roca, pendiente y agua.
La ladera permanece, por ahora, como una protagonista discreta: unas veces firme, otras reconocida por su posibilidad de moverse. Y el Hurdano sigue dando al territorio su eje más fácil de reconocer. Al mirar el valle, se ve el paisaje; al conocer su sustrato, también se entiende qué fuerzas pueden transformarlo.
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