Morales del Vino dejó sus viñas por escrito sobre sedimentos de antiguos ríos
Una donación medieval de Morales del Vino reunió casas, viñas y palomares: la cosecha ya tenía allí una historia que podía escribirse. ¿Qué aporta a ese relato el terreno sedimentario que se extiende hasta las terrazas del Duero?
Riego de una finca de maíz en Los Majacanes, dentro del regadío de San Frontis, en el término municipal de Morales del Vino.
En 1106, Morales del Vino aparece en un documento que habla de casas, viñas y palomares. No es solo una mención a un asentamiento: es la primera señal documental de una comunidad que ya trabajaba la tierra. Más de un siglo después, otro documento volvió sobre casas, viñas y palomares; en 1236, un testamento donó viñas al cabildo catedralicio. La historia del vino empieza, así, en papeles concretos y en un paisaje cuyos materiales son mucho más antiguos.
Morales puso sus viñas en los documentos
La secuencia medieval permite seguir una huella sin necesidad de imaginar escenas que no están registradas. En 1106 se documentaron casas, viñas y palomares; en 1208 aparece otro documento con el mismo contenido, y en 1236 las viñas figuran en una donación testamentaria. La repetición importa: no se trata de una referencia aislada a una cosecha, sino de un uso del terreno que reaparece en distintos documentos.
Al final del siglo XIII, Morales fue citado en el Fuero de Zamora. En 1307 figura como aldea de Zamora, en una escritura de venta otorgada por María Miguélez. Entre una fecha y otra, las viñas ya habían pasado de ser parte de una donación a quedar vinculadas también a una institución eclesiástica. El cultivo no explica por sí solo la historia del lugar, pero sí ofrece un hilo firme para recorrerla.
¿Qué había bajo aquel paisaje de casas y viñedos? No un suelo formado en una sola escena. La geología municipal describe materiales sedimentarios de la Era Terciaria: conglomerados, margas y areniscas, con pocos afloramientos rocosos. Las viñas medievales crecían sobre un relieve cuya historia se había desplegado mucho antes de que Morales apareciera escrito.
Los sedimentos dieron forma a un horizonte casi llano
El terreno de Morales apenas se inclina. El municipio va desde un cerro al sur, a 725 metros, hasta los 659 metros del norte; el núcleo se encuentra a 711 metros sobre el nivel del mar. A esa escala, el relieve no se presenta como una muralla de roca, sino como una superficie abierta, con pequeñas laderas relacionadas con las terrazas fluviales del valle del Duero. Las terrazas son antiguos niveles asociados al río, como escalones tendidos junto al valle.
Los conglomerados ayudan a leer una parte de ese pasado. Son cantos rodados unidos por un material que los cementa: la huella de corrientes capaces de arrastrar fragmentos y depositarlos, como sucede en los cauces torrenciales actuales. Las areniscas, en cambio, se forman con granos de arena acumulados y consolidados; pueden guardar la memoria de playas, deltas o ríos de corriente tranquila. Las margas, mezcla de componentes arcillosos y calcáreos, remiten a aguas marinas poco profundas y fondos tranquilos.
El registro geotécnico aportado añade otra escala de lectura. Agrupa como «Areniscas, Conglomerados y Flysch» el 72.14 % de sus tipos de suelo; «Calizas, Dolomías y Mármoles» representan el 19.15 %, y «Gravas y Arenas compactas», el 4.64 %. El flysch es una sucesión de capas de arena y arcilla, como páginas alternas depositadas en el borde de una plataforma marina. Calizas y dolomías remiten a mares cálidos y poco profundos. Son ambientes distintos, no una única escena bajo todo el municipio.
La roca apenas asoma en muchos puntos; la historia se cuenta también a través de la forma del terreno. En una localidad de relieve suave, las terrazas del Duero y las pequeñas laderas son más visibles como cambios de nivel que como paredes rocosas. El paisaje agrícola actual hace fácil pasar por alto esa arquitectura sedimentaria. Pero los granos, cantos y capas fueron acumulándose mucho antes de que un documento medieval nombrara las viñas.
El Partido del Vino prolongó una historia agrícola
La relación entre Morales y el vino no se quedó en los pergaminos medievales. En la Edad Moderna, la localidad formó parte del Partido del Vino de la provincia de Zamora. En 1773, Tomás López reflejó esa organización en su mapa provincial. El nombre regional sitúa a Morales en una comarca donde la actividad vinícola tuvo peso; siglos antes, las viñas ya estaban presentes en donaciones y testamentos.
El suelo sedimentario no dicta qué debe cultivar una comunidad, pero constituye el escenario físico de sus decisiones. En Morales, ese escenario combina un relieve de escasa pendiente, terrazas del valle del Duero y materiales sedimentarios. La proximidad al río permite zonas de regadío; allí crecen maíz, remolacha y alfalfa. En el secano predominan cereales, leguminosas y girasol, cuyo aspecto cambia con el verano. No es el mismo paisaje de los documentos medievales, pero sigue siendo un territorio trabajado.
En verano, el contraste entre los campos regados y los secanos amarillentos vuelve legible la relación entre agua y cultivo. La descripción del paisaje local distingue esos regadíos próximos al Duero y las tierras de secano, además de señalar los sotos de Pontejos como la mayor extensión de alamedas y choperas del municipio. Una fotografía de una parcela regada en Los Majacanes, dentro del regadío de San Frontis, ofrece una escena actual de esa agricultura.
Una buchina en una parcela de cultivo de Morales del Vino, en medio del paisaje rural trabajado.
¿Qué cambió cuando el nombre de Pontejos pasó a formar parte del municipio? En 1971 se integró en Morales el antiguo municipio de Pontejos, situado a dos kilómetros de la localidad principal. La unión administrativa reunió en un mismo término paisajes que ya compartían la proximidad al Duero y sus terrazas. En los sotos y campos de Pontejos, el agua y la vegetación hacen visible una cara más verde de este territorio de suaves desniveles.
De las viñas medievales a las nuevas viviendas
La historia de Morales también se mide en habitantes y en la forma de ocupar el término. A mediados del siglo XIX se contabilizaban 1085 habitantes. Más tarde, la población descendió hasta rondar el millar en el censo de 1960. A comienzos de la década de 1990, el municipio tenía 1200 habitantes; después creció con la creación de zonas residenciales próximas a Zamora. El campo y el poblamiento fueron cambiando juntos, aunque a ritmos distintos.
La proximidad a la capital provincial es parte de la geografía cotidiana: Morales se encuentra a nueve kilómetros de Zamora, y el municipio está atravesado por la A-66 y la N-630. Pero el crecimiento residencial no borró la forma antigua del terreno. El relieve sigue siendo prácticamente llano; hacia el valle, las pequeñas laderas y terrazas del Duero ponen una ondulación discreta en una comarca que, a primera vista, parece uniforme.
Las viñas documentadas en 1106 y las zonas de regadío actuales pertenecen a épocas muy distintas. Las une algo menos espectacular, pero más sólido: una comunidad que ha aprovechado un paisaje sedimentario y ha adaptado sus usos a las condiciones del territorio. La geología no explica por sí sola por qué se eligió la vid; sí permite entender el escenario de tierras, terrazas y cercanía al río en el que la historia agraria de Morales tomó forma.
Así se responde la pregunta que dejan aquellos documentos: las viñas no nacieron de una roca concreta, sino de una larga relación entre habitantes y paisaje. Cuando cruces Morales del Vino hacia los campos de Pontejos, el horizonte casi llano también contará una historia de ríos antiguos bajo las cosechas de hoy.
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