Historia geológica Localidad Ramales de la Victoria

Ramales de la Victoria guardó arte paleolítico en la roca caliza

En Covalanas, las huellas humanas de la prehistoria han llegado hasta el presente dentro de una cueva que hizo célebre a Ramales. La caliza del valle y sus cavidades ayudan a entender cómo pudo perdurar esa historia.

El Pico San Vicente y el puente sobre el Asón desde el parque de Cubillas, en Ramales de la Victoria.

El Pico San Vicente y el puente sobre el Asón desde el parque de Cubillas, en Ramales de la Victoria.

Foto: Unersis, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Ramales de la Victoria, el Asón y el Gándara confluyen al pie de cumbres escarpadas. El valle reúne agua, roca caliza y cuevas: un paisaje que no solo marca el horizonte, sino que también conserva huellas de quienes estuvieron aquí mucho antes de que existiera el pueblo actual. En Covalanas, una de esas huellas es arte paleolítico. ¿Qué hizo posible que un lugar de roca y corrientes de agua se convirtiera también en memoria humana?

Covalanas convirtió una cavidad en testimonio

La historia conduce primero a Covalanas. La cueva forma parte del conjunto de cuevas y abrigos rocosos que da a Ramales uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de Cantabria. En ellas, el registro documenta presencia humana desde la prehistoria hasta la Edad Media. No es una sola estancia aislada en un paisaje vacío: son decenas de yacimientos repartidos por el municipio, un conjunto que amplía la historia local mucho más allá de sus edificios y calles.

Covalanas destaca dentro de ese conjunto por su arte paleolítico. La información recogida sobre la cueva atribuye su descubrimiento a Lorenzo Sierra, en colaboración con Hermilio Alcalde del Río. En 2008 fue catalogada como Patrimonio de la Humanidad dentro del lugar denominado «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España». La distinción pone nombre y reconocimiento a una evidencia concreta: en Ramales, la historia humana tiene una huella que se conserva en una cueva.

La roca es parte esencial de esa escena. La orografía del municipio es escarpada y caliza, y las cuevas se cuentan entre sus rasgos más conocidos. En terrenos calizos, el agua puede disolver lentamente la roca y ensanchar pequeñas fisuras; con el tiempo, ese proceso puede crear cavidades. Es la explicación general del relieve kárstico, el nombre que se da a las formas creadas por la disolución de rocas carbonatadas. En Ramales, esa relación entre caliza y cavidades no es abstracta: el municipio reúne Covalanas, Cullalvera y otros yacimientos en cuevas y abrigos.

La caliza, además, habla de un paisaje muy anterior a las personas. Como material geológico, remite a sedimentos acumulados en mares cálidos y poco profundos, un ambiente que puede compararse con una plataforma marina somera actual. La roca que hoy aparece en laderas y paredes se formó mucho antes de que el arte de Covalanas existiera. No hace falta asignarle una fecha que los datos disponibles no ofrecen para comprender el contraste: primero se formó el sustrato; después, en una de sus cavidades, quedaron señales de presencia humana.

El Asón y el Gándara dibujan el escenario

El agua también ordena el paisaje visible. El Asón llega desde el municipio vecino de Soba y atraviesa el valle; al alcanzar Ramales recibe al Gándara, su afluente principal. Este último nace en una surgencia situada por encima del núcleo de La Gándara, también en Soba. Así, dos recorridos distintos se encuentran en Ramales, bajo las cumbres que rodean el valle.

El Asón tiene un recorrido más largo antes de llegar al municipio. Desde su nacimiento en una cascada en Soba, recibe aguas de la Fuente Cuvera y, en Arredondo, del río Bustablado; después pasa por Riva, Lastras y Valle. El Gándara, por su parte, también recoge el río Calera, que llega desde El Prado y Lanestosa, en Vizcaya. Son nombres que sitúan a Ramales dentro de una red de agua y relieve, no al margen de ella.

En el municipio, las corrientes se encuentran con un terreno de roca caliza y cumbres altas. El Pico San Vicente, en Soba, y el Picón del Carlista, en el límite con Vizcaya, dominan el entorno; también destacan El Moro y la Peña del Mazo. La confluencia de los ríos y el relieve escarpado explican la forma de valle que ocupa Ramales. Para quien lo recorre, el encuentro del agua ofrece una clave sencilla: la localidad está asentada precisamente donde se reúnen dos cursos principales.

¿Es solo un paisaje de ríos y montañas? No. En la roca caliza, el agua puede seguir también caminos subterráneos. La clasificación geotécnica disponible identifica formaciones carbonatadas con karstificación y señala que pueden aparecer hundimientos kársticos actuales o potenciales. Dicho sin jerga: allí donde el agua disuelve la roca y crea huecos, el terreno puede presentar formas y cavidades propias de ese proceso. Es un rasgo que ayuda a entender por qué las cuevas son una parte tan visible de la historia geológica y arqueológica local.

La Torca del Carlista muestra otra escala

Cerca de la cumbre del Picón del Carlista, en el límite con Vizcaya, se abre la entrada a la Torca del Carlista. La cavidad alcanza 349 metros de profundidad y contiene una sala interior enorme. Su escala permite imaginar que el paisaje calizo no termina en la superficie: bajo las laderas existen espacios que prolongan el relieve hacia abajo.

La Torca y Covalanas no son el mismo tipo de historia. Una destaca por su profundidad y su gran sala; la otra, por el arte paleolítico que la convirtió en un referente patrimonial. Pero ambas pertenecen a un municipio donde la roca carbonatada y las cavidades aparecen una y otra vez. Cullalvera, La Pondra, El Haza y otras cuevas completan ese mapa arqueológico local. La abundancia de nombres importa: no se trata de una excepción escondida en una sola montaña, sino de un paisaje con numerosas cavidades reconocidas.

La geología municipal ofrece un respaldo material a esa lectura. En la clasificación del estudio geotécnico, «Calizas, Dolomías y Mármoles» suma el 81.49%; «Areniscas, Conglomerados y Flysch» reúne el 11.48%. La primera agrupación corresponde a rocas carbonatadas, las mismas que dan contexto al relieve calizo y a la karstificación descrita para el municipio. Los datos no sustituyen la historia de cada cueva, pero ayudan a ver por qué las formas kársticas no son un elemento ajeno al paisaje de Ramales.

De la roca antigua a la presencia humana

El relato puede seguirse ahora en dos escalas. La primera es la del tiempo geológico: los materiales calizos se originaron en ambientes marinos cálidos y poco profundos, y la disolución de las rocas carbonatadas puede abrir cavidades. La segunda es la humana: los yacimientos en cuevas y abrigos testimonian presencia desde la prehistoria hasta la Edad Media, y Covalanas conserva arte paleolítico. No hay que confundirlas. La geología explica el escenario y sus cavidades; los restos arqueológicos documentan la presencia de personas.

También conviene mirar el valle completo. El Asón y el Gándara se reúnen aquí; alrededor, las cumbres calizas encierran la población y las cuevas salpican la historia arqueológica del municipio. Ramales no queda definido por una sola cavidad, aunque Covalanas sea su nombre más reconocido. Se entiende mejor como un paisaje donde el agua y la roca han trazado un territorio capaz de conservar vestigios de distintas épocas.

La respuesta a la pregunta inicial está en esa coincidencia: Ramales reúne roca caliza, cavidades y testimonios humanos que llegan desde la prehistoria. Cuando mires hacia el valle del Asón y el Gándara, las laderas no serán solo el marco del pueblo: serán también la superficie visible de un paisaje de cuevas que guardó parte de su historia.

Tipos de terreno en Ramales de la Victoria

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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