Historia geológica Localidad Mora de Rubielos

Mora de Rubielos, entre roca y río

El Fuen Lozana acompaña a Mora de Rubielos, y un pequeño barranco separaba todavía en 1845 la Villa Vieja de la Villa Nueva. Entre ese paisaje y las piedras extraídas de canteras cercanas se fue construyendo una historia de asentamientos, fronteras y edificios que aún reconocemos.

El Portal de Alcalá y la torre del castillo, en el casco histórico de Mora de Rubielos.

El Portal de Alcalá y la torre del castillo, en el casco histórico de Mora de Rubielos.

Foto: Joanbanjo, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En 1845, Mora de Rubielos aparecía dividida en dos partes: Villa Vieja y Villa Nueva. Un pequeño arroyo o barranco las separaba. La descripción de Pascual Madoz ofrece una imagen sencilla y potente: una villa hecha de barrios, casas y agua, en un paisaje donde los cauces y el relieve marcan el escenario de la vida cotidiana.

La localidad se encuentra a 1.035 metros de altitud, en el Alto Mijares turolense, a orillas del río Fuen Lozana y al pie de la sierra de Gúdar. Hoy el municipio reúne el casco urbano, varios barrios y masías. Pero la historia de sus construcciones se entiende mejor si se mira también bajo esa superficie: allí aparecen materiales distintos, aunque no todos afloran en los mismos lugares ni fueron usados del mismo modo.

El sustrato de Mora: areniscas y carbonatos

La clasificación geotécnica del término municipal agrupa el 56,75 % en areniscas, conglomerados y flysch, y el 34,96 % en calizas, dolomías y mármoles. Son categorías que describen el conjunto municipal, no una identificación automática de la roca bajo cada edificio. La colegiata de Santa María, por ejemplo, se construyó con piedras de canteras de la zona, pero la información disponible no precisa de cuál de esos tipos procede su sillería.

La variedad importa porque el terreno no responde de una sola manera. En las formaciones carbonatadas, el agua puede disolver lentamente la roca y generar formas kársticas; el estudio geotécnico señala zonas medianamente karstificadas y la posibilidad de karsts importantes dispersos. También registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales, así como movimientos del terreno del tipo deslizamiento o desprendimiento. Son procesos descritos para el ámbito municipal, no una explicación del origen de un edificio concreto.

Dos sondeos incluidos en el estudio, de 151 y 160 metros de profundidad, registraron niveles de agua a 16,2 y 13 metros, respectivamente. Sus cifras permiten asomarse a un subsuelo que no se ve desde la calle, pero la historia de Mora no depende de convertir cada dato técnico en una causa. Lo que sí sabemos es que sus habitantes trabajaron con materiales locales y que el terreno ofrecía más de una clase de roca.

La Hoya Quemada levanta sus estancias

Mucho antes de la Villa Vieja y la Villa Nueva, cerca del pueblo actual, un asentamiento del Bronce Medio ocupó la cuenca alta del río Mijares. La Hoya Quemada conserva parte de cinco grandes estancias rectangulares. En cada una se han identificado bancos adosados hechos con arcilla y piedra: una solución constructiva en la que los materiales del lugar formaban parte directa de los espacios habitados.

Sus muros eran de mampostería de piedra, con un revestimiento de arcilla mezclada con paja. El barro enlucía las paredes y también algunas partes del suelo; después, ciertas superficies se encalaron. No era una arquitectura de un único material, sino una combinación de piedra, tierra y fibras vegetales. La cerámica asociada al poblado incluye cuencos de paredes abiertas, vasijas carenadas con asas o pezones y recipientes globulares medianos y grandes. Su cronología se estima en torno a 1500 a. C.

La Hoya Quemada muestra una etapa concreta de la relación entre las personas y el terreno: levantar estancias con piedra y arcilla en la cuenca del Mijares. No hace falta atribuir a sus constructores una técnica que no está descrita para advertir lo que dejaron. La piedra formaba los muros; la arcilla, mezclada con paja, revestía y acababa espacios que han permanecido como huellas arqueológicas de aquel poblado.

Mora, posición avanzada hasta 1204

En la Edad Media, el territorio de Mora tuvo otro papel. Fue reconquistado por las tropas de Alfonso II el Casto y, hasta la toma de Rubielos en 1204, quedó como la posición más avanzada de las fuerzas cristianas frente al Reino de Valencia. El paisaje de la comarca era entonces también un espacio de frontera: no porque el relieve explique por sí solo las campañas, sino porque la villa aparece documentada en esa posición estratégica.

En 1198, Pedro Ladrón recibió la villa y el castillo de manos de Pedro II. Más tarde, Jaime I incorporó Mora a la baronía de Jérica y la donó a su hijo natural, Don Jaime. La villa pasó por sucesivas donaciones y ventas; después de la ocupación castellana durante la guerra de los Dos Pedros, volvió a manos aragonesas en 1364. El privilegio de Pedro IV prometía que no sería separada de la Corona, aunque la villa y el castillo acabaron vendidos de nuevo en 1367.

La sucesión de poderes dejó una historia cambiante sobre un mismo lugar. Los Fernández de Heredia se instalaron en la población y en un amplio territorio señorial; a fines del siglo XV Mora recibió el título de marquesado. Por la posición que ocupaba y por las decisiones de quienes la controlaban, la villa fue mucho más que un grupo de casas: fue un punto disputado y administrado en el Alto Mijares.

El barranco entre Villa Vieja y Villa Nueva

Siglos después, Madoz describió unas 500 casas y dos partes separadas por un pequeño arroyo o barranco. Ese curso de agua no explica por sí solo cómo se formó la villa, pero sí ayuda a imaginar su organización en 1845: dos sectores reconocibles, próximos y, a la vez, partidos por un cauce. Una fotografía de 1917 presenta un puente como antigua entrada de Mora y devuelve una imagen concreta del paso hacia la población.

La economía reunía cultivos de trigo, maíz, judías, patatas, cebollas y verduras, además de ganado lanar. Madoz también menciona la fabricación de bayetas de color café. Antes se tejían sayales para comunidades religiosas, pero la extinción de estas había acabado con esa industria y empobrecido la villa. El curso de agua y la división urbana pertenecen al paisaje documentado; la historia económica, en cambio, recuerda que el destino de Mora dependía también de los oficios y de sus mercados.

La fotografía publicada en 1917 presenta el puente como antigua entrada de Mora. Sus arcos ponen en primer plano el paso y el acceso a la villa.

La fotografía publicada en 1917 presenta el puente como antigua entrada de Mora. Sus arcos ponen en primer plano el paso y el acceso a la villa.

Foto: José María Cabedo Ballester, Public domain — commons.wikimedia.org

La colegiata convierte la piedra en arquitectura

A mediados del siglo XIV, mientras los Fernández de Heredia ejercían su mecenazgo, se construyó la colegiata de Santa María con piedra procedente de canteras de la zona. Aquí la relación con el sustrato está expresamente documentada: el material local salió de la cantera y pasó a formar parte de uno de los edificios principales de Mora. No se especifica la litología de esas piezas, pero sí su procedencia cercana.

El templo gótico tiene una nave única, capillas entre los contrafuertes y cinco tramos cubiertos con bóvedas de crucería. En el extremo, la cabecera se organiza en tres ábsides poligonales de cinco lados, reforzados exteriormente por contrafuertes. La nave alcanza 19 metros de anchura, una dimensión que la fuente destaca dentro del gótico hispano. La piedra ya no aparece aquí como material de una estancia o de un muro de mampostería: forma parte de una arquitectura de gran escala.

La obra también da continuidad a un uso antiguo del material pétreo, aunque no podamos equiparar las rocas de la colegiata con las de La Hoya Quemada. En el poblado del Bronce Medio, piedra y arcilla componían espacios domésticos; en el templo medieval, la piedra de las canteras cercanas se integró en una construcción gótica patrocinada por un linaje. Son respuestas distintas a necesidades y épocas diferentes, reunidas en el mismo territorio.

El Gran Arco y la caída de Mora

En el siglo XX, la villa volvió a quedar en el centro de un conflicto. Durante una fase de la batalla de Teruel, entre 1937 y 1938, tras la caída de Andorra y Alcañiz, Mora de Rubielos quedó como capital de la zona republicana. En mayo de 1938, las líneas escalonadas que defendían el territorio republicano en la provincia formaban un frente de unos cien kilómetros conocido como el Gran Arco de Mora de Rubielos.

Con el avance del ejército de Franco, Mora quedó dentro de la llamada Bolsa de Mora de Rubielos. El 16 de julio, las tropas del general Varela rompieron el frente a la altura de la localidad y ocuparon el pueblo. Durante unos días, el cuartel general del general Franco estuvo allí. La Cueva del Coscojar, con su larga secuencia de restos prehistóricos, tuvo además uso como refugio durante la Guerra Civil; el dato conecta la cavidad con ese periodo sin convertirla en escenario de un episodio militar más específico.

La villa había pasado de posición avanzada medieval a capital republicana y, finalmente, fue ocupada en julio de 1938. Ese episodio tuvo un desenlace concreto; las huellas más duraderas del recorrido son otras: el asentamiento de la Hoya Quemada, la cueva reutilizada en épocas distintas, el cauce entre las dos partes descritas por Madoz y la colegiata levantada con piedra de canteras locales. En Mora, el río sigue poniendo el paisaje en movimiento y la piedra conserva, en formas muy distintas, las decisiones de quienes vivieron aquí.

Tipos de terreno en Mora de Rubielos

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

    Ver ficha
  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha

Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Mora de Rubielos

Areniscas, Conglomerados y Flysch 0–15 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 15–35 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE

Riesgo sísmico en Mora de Rubielos

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.7 Escala de Richter
MáxM 2.7
MediaM 2.11
Máx Media
Eventos registrados
7
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 2.2) ocurre aprox. cada 10 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.7 2013
  • 2 M 2.5 2024
  • 3 M 2.2 2022
Último sismo registrado
2025
M 1.8 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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