Montiel, la fortaleza sobre el valle
En el valle del Jabalón, el Castillo de la Estrella se alza sobre Montiel desde hace siglos. Su posición reúne dos paisajes distintos —la altura de los cerros y el fondo habitado del valle— en una historia de poder, refugio y permanencia.
El Castillo de la Estrella se recorta sobre el cerro que domina Montiel. La nieve dibuja las laderas alrededor de la fortaleza.
Montiel ocupa el margen izquierdo del río Jabalón, dentro del valle que dibujan las laderas de los cerros del castillo de la Estrella, San Polo y las Camarillas. Desde ese fondo, la fortaleza destaca en la elevación que le da nombre. No es un castillo separado del paisaje: forma parte de un conjunto de alturas que rodea la localidad y ayuda a entender por qué su historia se desarrolló aquí, entre el cerro y el río.
La Estrella vigila el valle
El castillo fue levantado en el siglo X por los musulmanes. Su emplazamiento, por encima del caserío y del fondo del valle, ofrecía una vista amplia de los alrededores. Cabe pensar que esa altura facilitaba observar los accesos y defender la fortaleza; es una explicación plausible de su posición, aunque las fuentes no atribuyen expresamente esa intención a sus constructores. El relieve no explica por sí solo la historia de Montiel, pero sí muestra la ventaja práctica de levantar una fortaleza en un cerro y no en el llano.
Abajo, el río Jabalón nace en el propio término municipal, a seis kilómetros del pueblo, y abastece a la localidad de agua potable. La proximidad entre un curso de agua y las elevaciones del entorno pudo hacer atractivo este valle para vivir y asentarse: el agua era un recurso cotidiano, mientras que las laderas ofrecían lugares altos desde los que dominar visualmente el entorno. No demuestra por qué se eligió exactamente el emplazamiento del castillo, pero permite imaginar el equilibrio que el paisaje ponía al alcance de sus habitantes: acceso al agua en el valle y una posición defensiva en la altura.
En 1227 cambia de manos
La fortaleza pasó a manos cristianas en 1227 y experimentó diversas ampliaciones. El dato marca algo más que un cambio de propietario: un castillo que cambia de poder puede necesitar nuevos espacios y adaptaciones para responder a otras necesidades. En Montiel, las ampliaciones están documentadas; qué formas concretas adoptaron o qué partes respondían a cada etapa no se especifica en la información disponible. Lo seguro es que la fortaleza siguió siendo un lugar relevante después de la conquista, en vez de desaparecer del paisaje político del Campo de Montiel.
El cerro, en cambio, seguía allí, con su desnivel y sus laderas. Esa permanencia ayuda a leer la continuidad del emplazamiento: las comunidades podían cambiar, pero la altura continuaba ofreciendo una posición reconocible en el valle. Es razonable pensar que cada ampliación tuvo que adaptarse a las condiciones del lugar, como sucede al construir en una ladera; no hace falta suponer un diseño específico para advertir que la pendiente condiciona por dónde se accede y dónde se puede edificar. La topografía no decidió quién gobernaba Montiel, pero formó parte del escenario material en que cada poder ejercía el suyo.
Las rocas bajo el Campo de Montiel
El estudio geotécnico de Montiel clasifica el 75,30 % de los materiales municipales como pizarras y esquistos. También registra yesos, anhidrita y sales (4,18 %), masas de agua (2,47 %) y arenas finas y limos (2,35 %). Son datos del término municipal, no una identificación de la roca exacta del cerro de la Estrella ni del material empleado en el castillo. Sirven, eso sí, para poner nombre al sustrato predominante de la comarca inmediata: no todo el terreno es una superficie uniforme, sino un mosaico en el que se distinguen rocas y depósitos distintos.
Las pizarras y los esquistos son rocas metamórficas: se originan cuando otros materiales se transforman bajo presión y temperatura, y suelen mostrar planos o láminas que reflejan esa transformación. Esa estructura puede hacer que se separen siguiendo superficies de foliación, aunque su comportamiento concreto depende de cada roca y de cómo esté fracturada. La clasificación municipal no aporta aquí una edad ni una secuencia de estratos, de modo que no permite reconstruir cuándo se formaron las rocas bajo el castillo. Sí permite reconocer la presencia extendida de esos materiales a escala local y distinguirlos de los yesos, las sales, las arenas y los limos también registrados.
El paisaje visible aporta otra pista, distinta de la composición del subsuelo: Montiel se encuentra dentro de un valle encajado entre las laderas de varios cerros. El Jabalón lo atraviesa y, además de ser una referencia geográfica, abastece de agua al pueblo. No se puede atribuir al río la formación completa del valle con la información disponible, pero el vínculo entre cauce, laderas y asentamiento es claro. Para el castillo, esa diferencia de altura significaba una posición elevada respecto al núcleo; para quienes vivían abajo, el río era un recurso cercano. El relieve hacía coexistir, a corta distancia, dos maneras de ocupar el mismo territorio.
En 2018, una visita a las actuaciones de puesta en valor del castillo mostró la localidad y las laderas que enmarcan Montiel.
El refugio de 1369
En 1369, la fortaleza volvió a quedar en el centro de una disputa. La guerra civil castellana enfrentó a Pedro I con su medio hermano Enrique de Trastámara, y el conflicto se enlazó con la guerra de los Cien Años. Según el relato histórico de Montiel, Enrique permaneció refugiado en el castillo antes de la batalla. La altura que siglos antes había servido como emplazamiento de una fortaleza se convirtió entonces en parte de un episodio decisivo de la lucha por la corona.
Los ejércitos francocastellanos de Enrique se enfrentaron a una alianza granadinocastellana dirigida por Pedro. Francia apoyaba a Enrique y Bertrand du Guesclin cruzó los Pirineos para ayudarlo. La primera fuerza venció y Pedro I murió a manos de su hermano. La batalla de Montiel dio un desenlace local a una guerra que llevaba más de quince años y formaba parte de un conflicto continental. El castillo no fue un simple telón: fue el lugar donde Enrique buscó refugio y una pieza central de la geografía del enfrentamiento. La información disponible no permite reconstruir el combate paso a paso, pero sí seguir su resultado: la victoria de Enrique y la muerte de Pedro.
La Estrella permanece sobre Montiel
Después de aquella jornada, el cerro no perdió su lugar en la historia local. En su falda se encuentran las ruinas de la ermita de la Virgen de la Estrella, integradas en el conjunto arqueológico del castillo. La fortaleza, levantada siglos antes y ampliada tras pasar a manos cristianas, ha quedado asociada para siempre a 1369. La altura que había sostenido una posición militar terminó convertida también en una huella que permite narrar el pasado del municipio.
Desde 2012, el Castillo de la Estrella pertenece al Ayuntamiento de Montiel, que trabaja en planes para restaurar el conjunto arqueológico. El resultado conocido no es una fortaleza reconstruida, sino un lugar histórico que permanece ligado al cerro y cuya restauración sigue formando parte de los planes municipales. Así se cierra el recorrido: la fortaleza no conservó intacto su papel político, pero sí su emplazamiento y su capacidad de ordenar la memoria local. El valle sigue abajo, con el Jabalón y el pueblo; la Estrella, arriba, recuerda que la historia de Montiel también se escribió en la diferencia entre la ladera y el llano.
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