Monterrei, las señales bajo el terreno
En Monterrei, el retrato geotécnico reúne rocas, sedimentos y una relación de pequeños terremotos registrados a lo largo de tres décadas. Leídos juntos, dibujan un subsuelo diverso y una historia sísmica que llega hasta 2026.
El lecho seco del río Albarellos junto a la casa consistorial de Monterrei. La imagen sitúa la historia del subsuelo en un rincón reconocible del municipio.
El subsuelo de Monterrei deja dos rastros distintos. Uno es un mapa municipal de materiales: areniscas, conglomerados y flysch ocupan la categoría más extensa; también figuran pizarras y esquistos, arenas finas y limos, y arcillas y margas sobreconsolidadas. El otro rastro es una serie de terremotos de baja magnitud anotados durante los últimos treinta años. No cuentan la misma historia, pero juntos muestran qué tipos de información guarda el terreno.
Un término municipal hecho de materiales distintos
La clasificación geotécnica asigna un 55,56 % del término a «Areniscas, Conglomerados y Flysch». Las «Pizarras y Esquistos» representan el 19,50 %; las «Arenas finas y limos», el 13,36 %, y las «Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)», el 5,13 %. Son categorías referidas al conjunto municipal, no una identificación automática de la roca situada bajo una casa o un punto concreto.
La diferencia importa. Un nombre de roca o sedimento no basta para atribuirle una edad, reconstruir cómo se formó o explicar por sí solo una forma del paisaje. Lo que ofrece este inventario es una primera imagen de la variedad del subsuelo de Monterrei: materiales rocosos y sedimentos finos descritos en el mismo marco municipal. Esa diversidad es el telón de fondo del retrato geotécnico, no una secuencia de capas cuya posición pueda deducirse de los porcentajes.
El mismo estudio clasifica la permeabilidad como «generalmente impermeable o de muy baja permeabilidad». La descripción añade una posibilidad importante: por alteración o fisuración pueden existir acuíferos superficiales, generalmente poco extensos y de baja productividad, aunque con interés local en algunos casos. Es una caracterización general de esa clase, no una afirmación de que haya un acuífero concreto en cualquier punto de Monterrei. El agua subterránea aparece así como una posibilidad ligada a las condiciones del material, no como una presencia uniforme.
Otro tramo del lecho seco del Albarellos, entre vegetación y un muro. Una vista cercana del paisaje local que acompaña el recorrido por los materiales del término.
Veintidós registros en treinta años
La otra serie permite seguir fechas y magnitudes. Para un periodo de treinta años, el resumen reúne 22 eventos de magnitud 1,5 o superior. Su magnitud media es 1,93; la mayor registrada en la lista es 2,8. Es una sucesión de valores pequeños, no una escala que vaya creciendo de forma continua: el máximo aparece en 2010, mientras que registros posteriores permanecen por debajo de él.
El evento de mayor magnitud ocurrió el 14 de enero de 2010. Fue clasificado como ML 2,8 y se le asignó una profundidad de 17,5 kilómetros. La cifra ofrece una posición registrada para ese evento; por sí sola no describe daños, percepción en superficie ni efectos sobre edificios. Ninguno de esos resultados aparece en el conjunto de datos entregado.
La cronología contiene otra concentración de fechas en noviembre de 2023. El 30 de noviembre aparecen seis registros, con magnitudes de 1,6 a 2,6 y profundidades consignadas entre 1,6 y 9 kilómetros. El de magnitud 2,6 figura a 4,2 kilómetros. Los datos permiten reconocer que hubo varias anotaciones ese día, pero no establecen por sí mismos que formasen una secuencia con una causa común.
El catálogo incluye después eventos de magnitud 2,0 en septiembre y diciembre de 2024, y uno de magnitud 1,8 en septiembre de 2025. El más reciente de los que aparecen en la lista corresponde al 27 de febrero de 2026: magnitud 2,5 y profundidad de 7,4 kilómetros. La fecha más nueva no desplaza al máximo de 2010; añade una marca posterior a la misma cronología.
Un aviso geotécnico, no un episodio concreto
En otra parte del diagnóstico, Monterrei figura con zonas de movimientos actuales o potenciales de tipo deslizamiento o desprendimiento. La formulación señala procesos que pueden presentarse en áreas determinadas; no permite afirmar que un deslizamiento concreto afectase a una localidad, una carretera o una construcción. Tampoco los vincula con los terremotos enumerados. Son indicaciones distintas dentro del retrato técnico del terreno.
Algo parecido ocurre con la permeabilidad: una clasificación general ayuda a describir el comportamiento posible de los materiales, pero no sustituye una observación de campo en cada emplazamiento. Así, las cifras de superficies, las clases geotécnicas y las fichas sísmicas cumplen papeles diferentes. Una describe la distribución municipal de categorías; otra resume características generales; la tercera conserva fechas, magnitudes y profundidades de los eventos registrados.
El recorrido termina, por ahora, en el registro fechado en febrero de 2026. El episodio que puede seguirse no es una gran sacudida documentada, sino la persistencia de una serie de magnitudes modestas junto a un terreno descrito como diverso. El máximo sigue siendo el de enero de 2010; el evento más reciente añade una nueva fecha, no un desenlace que borre las anteriores. En Monterrei, la historia que dejan estos datos está hecha de materiales diferentes y señales sísmicas dispersas: dos huellas del subsuelo que conviene leer sin confundirlas.
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