Los Navalmorales, dos pueblos y un arroyo
Hasta 1835, el arroyo que cruza Los Navalmorales separaba físicamente dos localidades. Sus ayuntamientos acordaron unirse, y el valle que compartían quedó convertido en el escenario de un solo municipio.
Vista panorámica de Los Navalmorales desde el este, con el caserío y las lomas del entorno.
El arroyo atraviesa el centro de Los Navalmorales, pero su papel en la historia del pueblo no se limita a recorrerlo. Antes de que existiera un único municipio, sus aguas separaban dos poblaciones: Navalmoral de Pusa y Navalmoral de Toledo. El valle era el mismo; los nombres, las jurisdicciones y las decisiones, no. La unión de ambas localidades, retrasada por la muerte del rey Fernando VII, se concretó en 1835. Todavía hoy, el curso de agua y las lomas del entorno ayudan a situar aquel episodio en el paisaje.
El arroyo que partía dos Navalmorales
El arroyo de El Lugar o de La Fuente, llamado actualmente arroyo de Los Navalmorales, marcaba la separación física entre los dos núcleos. A cada lado había una localidad independiente, vinculada a una jurisdicción distinta: Navalmoral de Pusa dependía del señorío de Valdepusa; Navalmoral de Toledo, de la ciudad de Toledo. La división se podía localizar en el terreno, siguiendo el curso que pasa por el centro de la población.
Ese cauce no explica por sí solo la decisión de reunirse, pero sí permite entender por qué el relato local tiene dos nombres antes de tener uno. Los dos pueblos compartían el marco de un pequeño valle y una misma corriente; sin embargo, sus historias administrativas siguieron caminos separados durante siglos. La tensión que resolverían sus ayuntamientos era concreta: convertir dos localidades contiguas en una sola.
Vallmoral aparece en el camino
La referencia escrita más antigua citada para el lugar aparece en un documento del 5 de febrero de 1209. En él figura el nombre Vallmoral dentro de una descripción de términos y caminos. No es una fecha de fundación: es una huella documental temprana de un paraje cuyo nombre acabaría ligado a la historia de los dos Navalmorales.
Navalmoral de Pusa parece haberse fundado en el siglo XIV y dependió desde sus comienzos de San Martín de Pusa. Más tarde buscó su libertad jurisdiccional. Para obtenerla, entregó 17.000 reales a Felipe IV; una cédula del 21 de septiembre de 1653 le concedió el título de villa. La fecha importa: el privilegio conservado en el archivo municipal sitúa ese cambio en 1653, no en 1655. Así, mucho antes de la unión, una de las dos comunidades había afirmado su propio lugar en el mapa político.
Del valle al Monte Cuervo
El pueblo se encuentra en un pequeño valle, junto a un arroyo que lo cruza por el centro. Otros cursos de agua recorren el término: los arroyos Macarro, los Álamos y las Vegas. El punto más alto es el monte Cuervo, a 838 metros sobre el nivel del mar y a 4,5 kilómetros al sureste del núcleo. Entre las lomas y el fondo del valle se dibuja el escenario donde crecieron las dos poblaciones.
El nombre del municipio también conserva una referencia al paisaje. Navalmorales es el plural de Navalmoral, relacionado con Valmoral o Valle del Moral, nombre originario del paraje. En el siglo XIX, ese plural pasó a nombrar la unión de Navalmoral de Pusa y Navalmoral de Toledo. El cambio de nombre condensa el cambio de escala: dos núcleos y dos jurisdicciones dieron paso a una localidad común.
En el entorno quedan también restos de la acequia y las ruinas del Molino del Colado. Son huellas construidas que acompañan el recorrido del agua en este paisaje, aunque no sustituyen la historia del arroyo como separación entre los dos pueblos.
Restos de la acequia y ruinas del Molino del Colado, en Los Navalmorales, junto al paisaje recorrido por el arroyo.
Gravas y arenas en la lectura del subsuelo
La caracterización geotécnica de Los Navalmorales registra «Gravas y Arenas compactas» como categoría de suelos, con un porcentaje del 100,00 %. En palabras corrientes, se trata de materiales granulares: fragmentos de grava y granos de arena que aparecen compactados. Es una descripción del terreno a escala municipal; no identifica automáticamente el material bajo cada edificio ni el origen o la edad de esos sedimentos.
La misma información clasifica la permeabilidad como clase 9 y la litología como D-2. Describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad que, cuando la alteración o las fracturas abren espacios, pueden albergar acuíferos superficiales. Suelen ser poco extensos y de baja productividad, aunque pueden tener interés local. Esa clasificación ofrece una forma de entender cómo pueden comportarse ciertos materiales; no señala un acuífero concreto bajo el arroyo ni atribuye a ese sustrato la división histórica de las poblaciones.
La torre crece en piedra y ladrillo
En el perfil del pueblo destaca la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, una construcción que permite acercarse a los materiales empleados en la arquitectura local sin confundirlos con la clasificación geotécnica del término. La iglesia, del siglo XVIII, combina ladrillo y sillería. La torre, de planta cuadrada y ocho metros de lado, se levanta sobre un sólido pedestal de sillería; sus cuerpos combinan piedra labrada y ladrillo.
La obra de la torre avanzó por etapas. El agustino fray Lorenzo de San Nicolás trazó el proyecto en 1632 y la construcción principal llegó a término en 1655. Aún faltaban la linterna octogonal y el chapitel: la primera se completó en 1668 y el segundo, de pizarra, en 1673. La torre reúne así varias décadas de trabajo y distintas piezas de piedra, ladrillo y pizarra. Es una huella visible de cómo la localidad fue creciendo mientras sus dos núcleos aún tenían historias separadas.
Del molino al olivar
El agua y el trabajo sobre el territorio aparecen también en la economía. A mediados del siglo XIX, Los Navalmorales contaba con trece molinos de aceite, además de talleres de carpintería y ebanistería y fábricas de tejidos. La agricultura y la ganadería sostenían buena parte de la actividad. El molino no era una pieza aislada: formaba parte de un paisaje productivo donde los recursos y los oficios daban forma a la vida del municipio.
Hoy el olivar ocupa un lugar destacado. La información municipal citada registra 3.166 hectáreas dedicadas a ese cultivo, más de 300.000 olivos y una producción anual de 10.000.000 de kilos de aceituna. También figuran entre las actividades locales la cerámica rústica, la madera y la trituración de piedras calizas. La fotografía de la recogida de aceituna muestra una faena actual, distinta de los antiguos molinos, pero conectada con esa larga presencia de la agricultura.
La recogida de aceituna en Los Navalmorales muestra una actividad agrícola que sigue teniendo peso en la economía local.
El 23 de septiembre de 1833, los ayuntamientos de Navalmoral de Pusa y Navalmoral de Toledo se reunieron y acordaron por unanimidad solicitar la unión a Fernando VII. La muerte del rey retrasó la concesión dos años; en 1835, la separación administrativa dio paso al municipio común. Hoy Los Navalmorales cuenta con 2.074 habitantes, según el dato del INE para 2025. El arroyo sigue cruzando el centro, pero ya no divide dos pueblos: forma parte del paisaje compartido que une sus nombres en uno solo.
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