Loriguilla, el pueblo entre dos aguas
El Turia abrió un valle entre las calizas de Loriguilla; décadas después, el embalse cubrió parte del antiguo pueblo y obligó a trasladarlo. La historia de sus dos emplazamientos empieza en ese encuentro entre roca, río y una obra que cambió el mapa local.
Una plaza arbolada del Loriguilla actual, en el núcleo que nació tras el traslado desde el valle del Turia.
El nombre de Loriguilla señala hoy dos lugares distintos. El pueblo actual está en el Campo del Turia, cerca de Valencia; el emplazamiento originario permanece en Los Serranos, junto al valle del río. No es una división antigua del paisaje, sino la huella de una decisión del siglo XX: construir el embalse de Loriguilla y trasladar el núcleo habitado. En el lugar viejo, las casas de la parte más baja quedaron inundadas. Para entender por qué el agua pudo rehacer así el mapa del municipio, hay que volver al valle que el Turia había excavado entre las montañas.
El viejo pueblo junto al Turia
El asentamiento originario ocupaba una superficie en la margen izquierda del río. Allí, la relación con el relieve era inmediata: las laderas descendían hacia el cauce y las casas más bajas se encontraban en la zona que acabaría bajo las aguas del embalse. La geografía municipal describe un territorio montañoso, con una altura media cercana a los 500 metros, mientras que el Turia discurre a una altitud media de unos 300. Esa diferencia ayuda a imaginar el desnivel que el río ha abierto en la comarca.
El Turia no se limitó a atravesar un paisaje ya hecho. Durante largos periodos, erosionó las calizas y excavó un valle profundo, que en algunos tramos se estrecha hasta formar una garganta. Erosionar significa desgastar y retirar material; repetida durante mucho tiempo, esa acción va rebajando el terreno y concentra el cauce entre relieves más elevados. En el término destacan Peñalta, de 649 metros, El Alto, de 758, y Cinco Pinos, de 1.171. Barrancos como los del Corage, Alinoralla, Carcaz y Maniador completan ese relieve surcado por cauces.
Las calizas dan forma al valle
Las calizas jurásicas y cretácicas dominan las montañas del término originario. Los nombres de esos periodos sitúan las rocas en una historia geológica muy anterior a Loriguilla como población. En el paisaje actual, lo que importa para este recorrido es su presencia como sustrato y la acción documentada del río sobre ellas: el Turia las ha erosionado hasta abrir el valle. No hace falta atribuir a cada pared una historia distinta para reconocer el contraste entre las laderas elevadas y el corredor excavado por el agua.
El estudio geotécnico ofrece otra mirada, más amplia que la de un solo afloramiento. En su clasificación de tipos de terreno, las calizas, dolomías y mármoles representan el 51,88 %; los yesos, anhidritas y sales, el 16,21 %; y las areniscas, conglomerados y flysch, el 8,19 %. Son materiales distintos dentro del territorio municipal: Loriguilla no es una sola roca extendida de un extremo a otro. El relieve calizo del valle antiguo forma parte de ese mosaico, mientras que los sondeos permiten asomarse también a lo que hay bajo la superficie.
En 93 sondeos reunidos para el término, la profundidad media alcanza 171,3 metros; el más profundo llega a 430. El nivel de agua registrado tiene una media de 52,7 metros. Es una escala subterránea que no se ve al caminar por el pueblo, pero acompaña la historia de un municipio donde el agua aparece tanto en el río encajado entre montañas como en los registros bajo tierra.
Laderas y paredes del valle al este del embalse de Loriguilla, cerca de Chulilla. El río Turia ha excavado entre las calizas un corredor profundo que ayuda a entender el paisaje del antiguo término.
El proyecto que cambió el destino del río
En 1955, la Confederación General de Obras Hidráulicas aprobó el proyecto de un embalse con capacidad prevista de 53,4 hectómetros cúbicos. La nueva obra transformaría el valle: las tierras fértiles de Loriguilla y Domeño quedarían bajo las aguas. El conflicto ya no era solo entre el río y la roca que había desgastado; ahora una infraestructura iba a ocupar el fondo del valle y a cambiar el lugar donde la comunidad podía vivir y trabajar.
La mudanza tampoco fue una simple operación de trasladar casas. En 1959, tras negociaciones entre el Estado, la Delegación y el Ayuntamiento, Loriguilla se trasladó desde Los Serranos a la Plana de Cuart, a la partida de la Masía del Conde. Entre los objetivos estaba evitar que el municipio saliera de la provincia de Valencia y hacer posible la construcción del embalse. La localidad dejaba atrás el emplazamiento junto al Turia y comenzaba otro rumbo a 18 kilómetros de Valencia.
De la Masía del Conde al pueblo nuevo
El nuevo Loriguilla se asentó en un paisaje distinto del valle montañoso: el Llano de Cuart, en el Campo del Turia. El estudio geotécnico registra allí varios sondeos con el nombre Masía del Conde. Uno alcanzó 139 metros y anotó agua a 34,2 metros; otros sondeos de la misma zona registraron distintas profundidades y niveles. Esos datos describen puntos concretos de investigación, no una única columna bajo todas las calles, pero dan una referencia local del subsuelo explorado en torno al nuevo emplazamiento.
El cambio tuvo también una consecuencia económica documentada. El pueblo nuevo cuenta con terrenos de regadío a cambio de los que quedaron anegados por el embalse; en las tierras del antiguo pueblo predominan la agricultura de secano y la ganadería. Así, la reubicación no solo separó a Loriguilla de su viejo valle: modificó el marco de sus actividades y situó el núcleo en otra comarca y otro tipo de paisaje. El río que había excavado el corredor quedó ligado a la memoria del pueblo y a la extensión de agua que cubrió parte de sus tierras.
Dos emplazamientos, una misma Loriguilla
La obra dejó un municipio dividido entre el núcleo actual y el término originario. El embalse cubrió las casas de la parte más baja del antiguo enclave, mientras el nuevo pueblo crecía en la partida de la Masía del Conde. En el mapa, la separación parece una rareza administrativa; en el terreno, recuerda una transformación concreta: el valle del Turia cedió su fondo a las aguas y la población trasladó su centro de vida a la Plana de Cuart.
En 2009, el Ayuntamiento inauguró un Complejo Turístico Rural en el enclave antiguo, con el propósito de recuperar su entramado urbano y poner en valor su patrimonio natural, histórico y etnológico. Ese proyecto devolvió al lugar una función ligada a su memoria, aunque no borró la inundación ni restituyó el pueblo a su emplazamiento anterior. El episodio tuvo así un resultado doble: el embalse ocupó las tierras bajas y Loriguilla continuó como población en su nuevo sitio, conservando el antiguo como parte de su historia.
Las dos Loriguillas cuentan una sola historia de adaptación. En una, las calizas y el Turia habían modelado el valle; en la otra, el traslado abrió una etapa junto al Llano de Cuart. La superficie del embalse marca dónde acabó el viejo pueblo y dónde comenzó la nueva vida municipal: el río sigue dando forma al paisaje, pero Loriguilla encontró su centro lejos de su cauce antiguo.
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