Historia geológica Localidad Lillo

Lillo, la llanura de los montes-isla

Al sur de Lillo, la Laguna de Longar marca el borde de un paisaje casi llano. Sus sedimentos y los relieves aislados del término cuentan cómo las aguas y la erosión han ido dando forma a esta parte de la Mesa de Ocaña.

Vista aérea de Lillo y de la llanura que se extiende alrededor del núcleo urbano.

Vista aérea de Lillo y de la llanura que se extiende alrededor del núcleo urbano.

Foto: Starkiller 01, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La plaza de España está a 684 metros sobre el nivel del mar. Desde el núcleo urbano, el terreno se extiende con una suavidad que parece no ofrecer sorpresas; pero el término de Lillo guarda lagunas, un cerro que rompe la línea del horizonte y afloramientos rocosos que sobresalen como islas. La mayor laguna, Longar, queda inmediatamente al sur del pueblo. Alrededor, capas de distinta edad forman una historia de acumulación y desgaste: unas se depositaron en un paisaje continental; otras quedaron junto a las lagunas; y las rocas más antiguas resistieron mientras el relieve cambiaba.

Una llanura que no es del todo llana

Lillo ocupa una zona relativamente baja, en el borde meridional de la Mesa de Ocaña. La excepción más visible a la planicie es el cerro de San Antón, de 818 metros. También destacan, en los límites municipales, la sierra de El Romeral al sur y el valle del arroyo de Santa María al norte. No son detalles sueltos: juntos revelan que el paisaje no es una superficie uniforme, sino un relieve compuesto por alturas, valles y zonas bajas.

La descripción geológica del término atribuye la suave topografía a materiales del Mioceno y el Plioceno, remodelados por la red hidrográfica actual. Durante millones de años, los depósitos continentales se fueron extendiendo; después, el agua que circula por la superficie fue dando forma a mesas, superficies elevadas y relativamente planas. Una mesa es, en este contexto, una elevación de cima amplia y lados más bajos. La red de drenaje no borró el paisaje anterior de una vez: lo reorganizó en formas amplias, poco abruptas, que aún caracterizan la comarca.

Los montes-isla resisten el cambio

En medio de esa continuidad aparecen relieves cámbricos que rompen la monotonía. La descripción geológica los llama montes-isla: elevaciones aisladas que destacan sobre las formas más suaves. Sus afloramientos incluyen cuarcitas paleozoicas, rocas resistentes a la erosión. Mientras los materiales que las rodean participan en la formación de una planicie de mesas, estos bloques rocosos conservan una presencia más marcada.

La diferencia se entiende siguiendo dos ritmos. La erosión va modificando el relieve; la resistencia de la cuarcita hace que ciertos afloramientos permanezcan destacados frente a las superficies vecinas. Al pie de algunos de ellos se encuentran derrubios de ladera, acumulaciones de materiales desprendidos y desplazados pendiente abajo. La roca resistente no queda aislada de los cambios: también aporta fragmentos al terreno que la rodea.

El contacto entre estas rocas antiguas y los materiales terciarios es discordante: las capas más jóvenes se apoyan sobre un sustrato mucho más antiguo, y entre ambos queda representado un largo intervalo de la historia geológica. En la secuencia terciaria descrita para Lillo, los depósitos comienzan con series arcillosas y evaporíticas del Vindoboniense y terminan con tramos calcáreos del Pontiense. También varían lateralmente de este a oeste. No es una única capa homogénea bajo todo el término, sino una sucesión con materiales distintos.

Ruinas de la ermita de Monroy en el paisaje abierto de Lillo.

Ruinas de la ermita de Monroy en el paisaje abierto de Lillo.

Foto: Rodelar, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

De las capas continentales a las lagunas de Lillo

Más cerca de la superficie, los materiales cuaternarios hacen visible otro capítulo. En Lillo están representados por arcillas y limos yesíferos lagunares, además de los derrubios que rodean los afloramientos cuarcíticos. Arcilla y limo son sedimentos de grano fino; en este caso, la descripción los vincula a ambientes lagunares. El yeso añade un componente evaporítico: forma parte de los depósitos asociados a esas lagunas.

El Longar, al sur del núcleo urbano, pertenece a un conjunto de lagunas residuales del término. También están la laguna del Altillo y, más alejada del pueblo, la de la Albardiosa. Varias son endorreicas: sus aguas no tienen salida fluvial hacia el mar y quedan dentro de una cuenca cerrada. El término municipal cuenta además con lagunas salinas. Así, los materiales lagunares no son una nota abstracta en un mapa; aparecen en un paisaje donde las zonas bajas y el agua retenida forman parte del entorno de Lillo.

El clima ayuda a situar este paisaje sin reducirlo a una causa única. La precipitación anual descrita para Lillo oscila entre 400 y 600 litros por metro cuadrado, y el clima se caracteriza por la aridez y la irregularidad de las lluvias. En un término con varias lagunas endorreicas, las cuencas cerradas y los sedimentos finos ofrecen una explicación comprensible de por qué el agua y los depósitos lagunares forman parte del relieve local. La Laguna de Longar queda así junto al pueblo, no como una corriente que atraviesa la comarca, sino como parte de un sistema de zonas bajas.

Qué muestra el subsuelo municipal

El estudio geotécnico de Lillo ofrece una lectura complementaria, a escala municipal, mediante categorías de materiales. Asigna el 49,56 % a areniscas, conglomerados y flysch; el 23,72 % a yesos, anhidrita y sales; el 12,13 % a calizas, dolomías y mármoles; el 5,20 % a pizarras y esquistos; y el 2,86 % a arcillas expansivas blancas o blandas. Estas proporciones resumen la clasificación empleada por el estudio para el término; no identifican por sí solas la roca bajo un edificio concreto ni el material de una ermita.

La presencia de materiales arcillosos tiene también una consecuencia práctica que conviene entender con precisión. El estudio señala zonas donde las arcillas expansivas son localmente predominantes y donde existe un déficit anual de humedad; las clasifica con peligrosidad moderada a alta, y también registra zonas de peligrosidad alta a muy alta. Las arcillas expansivas pueden cambiar de volumen al variar su contenido de agua. Por eso, la advertencia concierne a las zonas descritas, no a cada parcela de Lillo por igual. El mismo estudio caracteriza ciertas formaciones como generalmente extensas y de baja permeabilidad, aunque capaces de albergar acuíferos más permeables y productivos en profundidad.

Un pueblo que se instala en este paisaje

La historia humana de Lillo transcurre sobre ese fondo de llanuras, cerros y lagunas, sin que haya que confundir cercanía con causa. Se han encontrado restos arqueológicos de época romana. En la Edad Media, la localidad pasó por distintas dependencias; perteneció administrativamente a La Guardia hasta 1430, cuando obtuvo el título de villa por orden del prelado toledano Juan Martínez de Contreras. En 1584, Pedro López de Ayala, cuarto conde de Fuensalida, compró la población.

El pueblo llegó a tener muralla. Hoy no se conserva, pero su recorrido probable queda sugerido por el trazado de las calles Ancha, del Convento y del Sol. También pervive en el nombre de la plaza de la Puerta de la Guardia, donde se habría localizado una de sus puertas. La muralla desapareció como estructura; el callejero y el topónimo conservaron parte de su rastro. Es una huella distinta de los afloramientos y depósitos, pero ambas ayudan a leer cómo el lugar ha cambiado.

En el centro histórico, la iglesia de San Martín Obispo se construyó principalmente en estilo gótico durante la segunda mitad del siglo XV. Su fábrica combina sillería en el interior y mampostería en el exterior, con reformas documentadas en distintos momentos, desde 1609 hasta las realizadas entre 1991 y 1993. La descripción distingue esos aparejos constructivos, pero no establece que la piedra proceda de un afloramiento concreto del municipio. Para la historia local basta con observar que, junto a las capas y relieves del término, también permanece el trabajo humano sobre materiales de construcción.

Longar, una huella que permanece

La llanura de Lillo no es un escenario inmóvil. Los materiales miocenos y pliocenos, la red hidrográfica, los afloramientos cámbricos resistentes y los sedimentos cuaternarios explican distintas piezas de su forma actual. En las zonas bajas, las arcillas y limos yesíferos recuerdan los depósitos lagunares; alrededor de las cuarcitas, los derrubios marcan la acción de la ladera. Las lagunas endorreicas siguen siendo parte reconocible del término.

La Laguna de Longar, inmediatamente al sur del pueblo, condensa el recorrido: no es el origen de todas las formas de Lillo, sino una pieza local de un paisaje construido por procesos y materiales diferentes. Las lagunas del término han sido declaradas Reserva Natural y forman parte de espacios protegidos ligados a los humedales manchegos. El pueblo conserva su trama, mientras el relieve guarda la huella de una historia mucho más larga. Desde la llanura, los montes-isla siguen alzándose como las rocas que resistieron el cambio; junto a Lillo, Longar conserva el capítulo lagunar de esa misma historia.

Tipos de terreno en Lillo

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Arcillas Expansivas Blancas/Blandas
    Peligro

    Arcillas Expansivas Blancas/Blandas

    Las grandes reinas de la patología en edificación civil de España. Se presentan frecuentemente en las tierras de barros cordobesas y badajoz, vegas del Guadalquivir (Mairena, Carmona), cuenca miocena

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Lillo

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.7 Escala de Richter
MáxM 2.7
MediaM 2.1
Máx Media
Eventos registrados
3
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 2.2) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.7 2010
  • 2 M 2 2011
  • 3 M 1.6 2010
Último sismo registrado
2011
M 2 · hace 15 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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