Historia geológica Localidad La Coronada

La Coronada, la laguna que cambió de forma

La antigua Laguna de La Coronada ya no es la presa del siglo XVI: hoy es un estanque. Su transformación abre una historia de agua, terreno y habitantes que también se lee junto a los ríos Zújar y Guadiana.

La iglesia parroquial de San Bartolomé, uno de los edificios que identifican el núcleo histórico de La Coronada.

La iglesia parroquial de San Bartolomé, uno de los edificios que identifican el núcleo histórico de La Coronada.

Foto: Adolfobrigido, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El estanque actual conserva el nombre de una obra más antigua. En el término de La Coronada, el agua aparece en distintas escalas: en la laguna convertida en estanque, en los arroyos que surcan el municipio y en los dos grandes ríos que lo bordean. Seguir esas huellas es seguir también a quienes habitaron esta penillanura ondulada, levantaron presas y molinos y dejaron construcciones que todavía identifican el paisaje.

Entre el cerro Pelado y el Zújar

La Coronada se extiende entre Villanueva de la Serena y Campanario. El relieve no es una llanura perfecta: el término oscila entre los 251 metros de la vega de la Villeta, en el valle del Zújar, y los 374 metros del cerro Pelado. El casco urbano se alza a 355 metros. En ese recorrido entre altos y bajos, los cursos de agua ordenan referencias muy concretas del territorio.

El Zújar y el Guadiana son los dos grandes ríos; los arroyos del Gato y Ballesteros atraviesan también el término. El Guadiana discurre por el límite norte y allí forma una isla de 33 hectáreas. No hace falta imaginar una barrera entre el pueblo y el agua: el municipio está tejido por cauces, vegas y terrenos elevados, cada uno con su propio lugar en el mapa.

La pizarra bajo la penillanura

La mayor parte del término está representada por pizarras del periodo Cámbrico. En algunas zonas de la mitad oeste aparecen niveles del Mioceno y del Plioceno; junto a los dos grandes ríos se reconocen áreas cuaternarias. Son tres conjuntos que sitúan el sustrato y los materiales a escala municipal. La descripción no asigna automáticamente una roca concreta a cada edificio, camino o paraje.

Una clasificación geotécnica complementa ese cuadro con otras familias de materiales: areniscas, conglomerados y flysch suman el 60,41 %; yesos, anhidrita y sales, el 24,22 %; y calizas, dolomías y mármoles, el 15,11 %. Son categorías del estudio del terreno, no una guía para identificar a simple vista cada afloramiento. La imagen general es la de un término con materiales distintos, mientras su relieve ondulado y sus valles ofrecen al agua recorridos reconocibles.

Ese contraste importa para entender La Coronada sin convertirlo en una explicación única. Las pizarras ocupan la mayor parte del término; los niveles miocenos y pliocenos se localizan en parte del oeste, y los materiales cuaternarios acompañan ciertas áreas próximas a los ríos. El paisaje reúne esas unidades en una escala cercana: lomas, vegas y cauces. El agua y las obras humanas que la acompañan volverán a aparecer en esa relación entre terreno alto y valle.

Antes del nombre, ya había habitantes

La Orden de Alcántara fundó La Coronada en el siglo XIV, pero la ocupación del término es anterior. Los vestigios citados en lugares como El Colmenar, Pedorra, Toriles de Gregorio y El Peón sostienen esa historia más larga. No forman una sola escena ni pertenecen necesariamente a un mismo momento: juntos señalan que la vida humana precedió al caserío que dio origen al pueblo.

Tras la reconquista cristiana, la orden creó una aldea llamada La Aldehuela, inicialmente vinculada a Magacela y después a la jurisdicción de Villanueva de la Serena. En 1575 el nombre cambió a La Coronada. El cambio de nombre no borró la relación con el territorio: la población seguía dentro de un término donde los ríos, los arroyos y los desniveles eran presencias constantes.

El estanque ocupa hoy el lugar de la antigua Laguna, una presa construida hacia el siglo XVI.

El estanque ocupa hoy el lugar de la antigua Laguna, una presa construida hacia el siglo XVI.

Foto: Adolfobrigido, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La Laguna toma otra forma

Hacia el siglo XVI se construyó otra presa, conocida como la Laguna. La obra convierte el agua en algo más que un curso que atraviesa el término: crea un punto de retención reconocible, una pieza construida dentro del paisaje. Hoy la antigua laguna aparece transformada en estanque. El agua permanece en la imagen del lugar, aunque la forma de la obra haya cambiado.

La Laguna no está sola en esta historia. Sobre el arroyo de El Peñón se conserva en el catálogo local una pequeña presa romana; los viejos molinos harineros se sitúan sobre los dos grandes ríos. Son obras de épocas y emplazamientos distintos, no una única infraestructura. En conjunto, muestran cómo los habitantes fueron dejando huellas junto a diferentes cursos de agua, desde el arroyo hasta los ríos principales.

Ríos, molinos y vida cotidiana

Un molino harinero junto a un río habla de una relación práctica con el agua, aunque los datos disponibles no describen su mecanismo ni su calendario de funcionamiento. La presa romana de El Peñón y la Laguna del siglo XVI ofrecen otra evidencia: levantar una presa cambia el paso del agua y crea un espacio de retención. El terreno no es un decorado; los cursos y sus márgenes son lugares concretos donde se construyeron obras.

También forman parte del paisaje dos abrevaderos para animales de labranza. Junto con los molinos, las presas y los refugios y chozos, recuerdan una economía tradicional basada sobre todo en agricultura y ganadería. En el municipio se cultivaban trigo, cebada, avena y aceituna, y tenía importancia el ganado lanar merino. Cerca del 60 % de la superficie se destinaba a agricultura y el 40 % restante a pastos naturales.

La comunidad cambia, las huellas quedan

La vida de la población tampoco siguió una línea recta. En la segunda mitad del siglo XVI se registraban unos 300 vecinos, equivalentes a alrededor de 1.400 habitantes. Al comenzar el siglo XVII la cifra había descendido a un millar, y en 1717 se situaba en unos 450. Más tarde volvió a crecer: el censo de 1842 contó 1.407 vecinos. La iglesia de San Bartolomé, levantada entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, pertenece a esa etapa en que el pueblo consolidaba sus edificios y su nombre.

El crecimiento alcanzó su máximo citado en 1960, con 3.587 habitantes. Después comenzó un declive ligado a la emigración de los años sesenta; en 2022 el municipio tenía 2.172 habitantes. Esos cambios no explican por sí solos la construcción de las presas ni el emplazamiento de los molinos. Sí permiten ver que la comunidad que las construyó y utilizó también se transformó, mientras las huellas del agua y de la vida rural siguieron presentes en el término.

La historia de la Laguna llega así hasta el estanque actual: no como una obra intacta, sino como un lugar que cambió de forma. A su alrededor, La Coronada conserva la memoria de una penillanura cruzada por ríos y arroyos, y de habitantes que hicieron de sus márgenes parte de la vida cotidiana. El agua ya no está contenida allí como antes; la huella de aquella relación permanece en el paisaje.

Tipos de terreno en La Coronada

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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