La Cellera de Ter, el año sobre el arco
En el portal del cementerio municipal, 1890 sigue escrito en números romanos. La inscripción conduce a otra lectura de La Cellera: la de los materiales que la clasificación geotécnica atribuye al municipio.
La iglesia de La Cellera de Ter, en una vista exterior del núcleo.
En el portal del cementerio municipal, la fecha aparece sobre la clave del arco: ANNO MDCCCXC. En números romanos, 1890. La inscripción fija una referencia concreta en la Cellera de Ter: un año que aún puede leerse en la entrada del recinto. El arco no ofrece por sí solo la historia de su construcción, pero sí deja una huella pública y persistente, colocada para ser vista al cruzar el umbral.
El municipio bajo la inscripción
El estudio geotécnico cambia de escala. Su clasificación municipal asigna el 93,75 % a calizas, dolomías y mármoles, y el 6,25 % a pizarras y esquistos. Es el retrato del término en conjunto: dos grupos de materiales, con un predominio muy marcado del primero. Esa distribución aporta un marco para hablar del terreno de La Cellera, no una descripción de cada edificio.
El cuadro técnico también describe las formaciones como generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad, aunque pueden albergar acuíferos superficiales por alteración o fisuración. En general, esos acuíferos se consideran poco extensos y de baja productividad, aunque localmente pueden tener interés.
El portal del cementerio municipal conserva en la clave del arco la inscripción ANNO MDCCCXC, correspondiente a 1890.
El portal devuelve la mirada a la fecha. En la parte superior, la clave del arco lleva «ANNO MDCCCXC», mientras que la inscripción mayor identifica el cementerio municipal. La fotografía conserva dos escalas de lectura en una sola fachada: la forma del acceso y el año que queda visible.
Una huella en el pueblo
En la vista de la iglesia, la Cellera aparece en el espacio cotidiano del núcleo: un templo junto a la calle, con edificios y calzada alrededor. No es la misma huella que la del cementerio. Una imagen sitúa el pueblo; la otra acerca una inscripción concreta, fechada en 1890.
Así coinciden en La Cellera dos lecturas que no deben confundirse. El registro geotécnico resume materiales y comportamiento general; el arco conserva un año inscrito. En esa puerta, 1890 sigue siendo la cifra más inmediata: no fecha el paisaje entero, pero deja una señal local que todavía puede leerse.
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