Iruña Oka y los puentes que cerraron el paso francés por el Zadorra
En Trespuentes y Víllodas, dos puentes sobre el Zadorra entraron en los cálculos de la batalla de Vitoria. El relieve del valle ayuda a entender por qué aquellos pasos tuvieron tanta importancia estratégica.
El puente de Trespuentes cruza el Zadorra, uno de los pasos que tuvieron importancia estratégica durante la guerra de Independencia.
En Trespuentes, el puente cruza el Zadorra por un lugar donde el río enlaza pueblos y caminos. Durante la guerra de Independencia, ese paso y el de Víllodas dejaron de ser simples cruces: las tropas británicas los tomaron para impedir el avance francés por el corredor del río. ¿Por qué importaban tanto dos puentes en un municipio alavés? La respuesta empieza en el paisaje, aunque no termina en la geología: el agua, los pasos disponibles y el control militar se encontraron aquí.
El Zadorra estrecha el tablero
El río atraviesa el municipio desde Vitoria, pasa por Trespuentes, Víllodas y Nanclares de la Oca y sale por el angosto paso de la sierra de Tuyo hacia el enclave de Treviño. En el mismo territorio, el relieve sube hasta la sierra de Badaya y desciende hacia la orilla del Zadorra. Esa sucesión de valle, sierras y pasos forma parte del escenario local que reconoces hoy al recorrer Iruña Oka.
El corredor no era una abstracción en los mapas. En la descripción histórica del municipio aparece como una encrucijada: por el sur daba acceso al paso de la Puebla de Arganzón y por el oeste se abría hacia Subijana-Morillas y los valles de Cuartango y Valdegovía. El Zadorra, por tanto, comunicaba lugares y, a la vez, ofrecía un itinerario que podía ser disputado. En una campaña militar, controlar los cruces podía condicionar quién avanzaba y quién encontraba el camino cerrado.
La geología ayuda a leer el escenario, sin convertirlo en una explicación automática de la estrategia. El estudio geotécnico agrupa calizas, dolomías y mármoles como los materiales predominantes en el municipio. En las zonas carbonatadas registra karstificación: la disolución de la roca por el agua puede crear formas subterráneas y, localmente, hundimientos. Es un proceso lento, comparable a cómo el agua va desgastando una superficie soluble gota a gota; no hay base aquí para atribuir a una forma kárstica concreta el trazado de los puentes.
Las calizas y dolomías suelen formarse en mares poco profundos, en ambientes que recuerdan a las plataformas cálidas y someras de algunas costas actuales. El estudio reúne también mármoles en la misma categoría de materiales, pero eso no significa que todos se originaran del mismo modo: el mármol es una roca transformada. Lo importante para este relato es la presencia dominante de rocas carbonatadas y el relieve de sierras y valle; juntas describen un terreno muy distinto de una llanura uniforme.
Trespuentes ya miraba hacia Veleia
Mucho antes de los ejércitos de la Edad Moderna, el Zadorra ya separaba y conectaba comunidades. Los primeros asentamientos conocidos del área se sitúan en el yacimiento de Iruña-Veleia y se remontan a la Edad del Bronce, en el primer milenio antes de nuestra era. Allí hubo viviendas circulares y rectangulares; más tarde, en torno al siglo I antes de nuestra era, la ocupación romana transformó el lugar en Veleia.
En su etapa de mayor esplendor, según la historia municipal recogida en el dossier, Veleia llegó a contar con unos 10.000 habitantes. La ciudad romana tuvo casas con patio y cisternas de hormigón. También han perdurado en Trespuentes y Víllodas puentes de origen romano. La explicación tradicional propone que pudieron servir para comunicar esos núcleos con Veleia; es una posibilidad, no una certeza. Aun así, permite imaginar una continuidad de uso del paisaje: el río era obstáculo, pero un cruce bien situado podía convertirlo en ruta.
El propio nombre de Trespuentes conserva esa relación en forma de recuerdo lingüístico: se vincula con el latín Transpontem, «tras el puente». El topónimo no demuestra por sí solo cómo funcionaban los caminos antiguos, pero acompaña una evidencia concreta: allí se conserva un puente y la historia local relaciona los puentes de ambas localidades con el entorno de Veleia. El paso sobre el agua se vuelve así un hilo que une distintas épocas sin confundirlas.
Con la llegada de los romanos, el municipio no empezó de cero; tampoco hay que imaginar que un único puente explique el crecimiento de Veleia. La ciudad, las viviendas y las comunicaciones pertenecen a una historia humana más amplia que las evidencias disponibles no reducen a una sola causa. Pero la posición junto al río y la existencia de cruces ayudan a comprender por qué este rincón aparece una y otra vez como lugar de tránsito.
En los Altos de la Puebla se decide el cruce
Siglos después, la misma geografía adquirió otro valor. Durante la guerra de Independencia, había presencia de militares británicos en Iruña de Oca, sobre todo en el contexto de la batalla de Vitoria. Las fuerzas mencionadas en la historia local incluían la 4.ª y la Ligera división, bajo Wellington, además de brigadas de caballería británicas y una portuguesa.
La misión de esas tropas era esperar en los alrededores de Nanclares hasta que las fuerzas de Hill tomaran los Altos de la Puebla. Una vez controlados, podrían cruzar el Zadorra sin dificultad y atacar de frente el centro de la posición imperial. El plan muestra cómo el valle podía ser una vía de avance y, al mismo tiempo, una barrera que requería dominar alturas y pasos.
Los puentes de Víllodas y Trespuentes también tuvieron protagonismo: los británicos los tomaron estratégicamente para evitar que los franceses avanzaran por el Zadorra. No hace falta imaginar una gran fortaleza para entender el gesto. En un paisaje atravesado por un río y canalizado por pasos concretos, un puente ofrece una posibilidad de movimiento que el enemigo no debe controlar. La topografía organizaba las opciones; las decisiones militares las convertían en objetivo.
La relación entre roca y estrategia debe expresarse con cuidado. El dossier documenta el relieve, el curso del río y la importancia militar de los puentes, y aporta datos municipales sobre las formaciones carbonatadas. No documenta que la geología determinara la ubicación de cada obra ni que la karstificación influyera en aquella batalla. La conexión más firme es otra: los ejércitos disputaron los cruces de un río que atraviesa un valle y sale por un paso estrecho entre sierras.
Badaya cambia la escala de la historia
La sierra de Badaya no solo enmarca el paisaje. En sus alrededores, cerca de Trespuentes, una familia poderosa de Iruña de Oca, los Martínez de Iruña, construyó una casa-torre durante el siglo XIII. La donó a los Jerónimos para que levantaran un convento, cuya construcción aprobó el papa Benedicto XIII en 1413.
Los Jerónimos habitaron el convento durante más de medio siglo, pero en 1471 se decidió su cierre y abandono por la escasez de recursos para sobrevivir allí. El lugar no quedó vacío definitivamente: se pidió su cesión a los Agustinos, que permanecieron hasta 1835. La historia ofrece un contraste revelador con los puentes. En el valle, el control del cruce tenía valor militar; en la sierra, sostener una comunidad religiosa dependía también de poder vivir en el lugar. La fuente atribuye el abandono a la falta de recursos, no a una causa geológica concreta.
Ese contraste ayuda a mirar el municipio como algo más que un escenario. El Zadorra encauza recorridos y cruces; Badaya y Tuyo delimitan corredores y alturas. La geología municipal —con predominio de calizas, dolomías y mármoles, además de arenas finas y limos, y otras formaciones— forma parte del terreno sobre el que se desplegaron esas historias. El estudio geotécnico registra además agua y condiciones de karstificación, una señal de que el paisaje carbonatado sigue teniendo procesos propios, aunque no haya que adjudicarles cada decisión humana.
En Iruña Oka, la pregunta sobre los dos puentes se responde al volver al río: eran pasos concretos en un corredor que conectaba poblaciones y podía abrir o cerrar el avance de un ejército. Hoy, al mirar el Zadorra desde Trespuentes, el puente no parece solo una forma de cruzar el agua; recuerda el momento en que dominar ese paso significó cambiar el rumbo de una campaña.
Vista de Olábarri y Langraiz desde la sierra de Tuyo, en el paisaje de valles y sierras que atraviesa el Zadorra.
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