Historia geológica Localidad Humanes de Madrid

Humanes de Madrid llevó sus coliflores a Madrid sobre un terreno de rocas muy distintas

A principios del siglo XX, coliflores y pepinos salían a diario de Humanes para venderse en los mercados madrileños. ¿Qué cuenta el terreno de ese recorrido, desde los campos hasta el municipio industrial?

La Plaza de la Constitución ofrece una vista del núcleo urbano actual de Humanes, escenario de una historia que pasó de los campos a un municipio en crecimiento.

La Plaza de la Constitución ofrece una vista del núcleo urbano actual de Humanes, escenario de una historia que pasó de los campos a un municipio en crecimiento.

Foto: Zarateman, CC0 — commons.wikimedia.org

En Humanes de Madrid, una clase de historia puede empezar ante un dolmen que no es una tumba excavada en el municipio: es una reconstrucción didáctica que el IES Humanes construyó entre 2003 y 2004. A pocos pasos de esa puerta imaginaria a la Prehistoria, las piezas halladas en el término cuentan otra historia, auténtica y material: fragmentos de cerámica, ídolos protectores y herramientas de sílex de la Edad del Bronce; también tégulas, las tejas planas del mundo latino.

Son huellas de distintas épocas, no una escena congelada en un único yacimiento. Y detrás de ellas hay un escenario más antiguo: un territorio compuesto por materiales geológicos diversos, sobre el que después se abrieron campos, se disputaron rentas y crecieron zonas industriales.

En el IES Humanes, una tumba que enseña sin fingir

El dolmen del aula arqueológica ayuda a imaginar una práctica funeraria neolítica, pero conviene distinguir la reconstrucción didáctica de los objetos hallados en Humanes. Esa diferencia vuelve más interesante la visita: una pieza reconstruida presta forma a una época; el sílex y la cerámica recuperados en el municipio atestiguan presencia humana de la Edad del Bronce.

¿Qué une esos restos con el paisaje? No una roca concreta que pueda señalarse como explicación de cada objeto, sino la escala del territorio habitado. Las herramientas, los fragmentos cerámicos y las tégulas aparecieron en un lugar cuyo subsuelo, según el resumen geotécnico municipal, reúne varios grandes grupos de materiales. La tierra de Humanes no es una sola superficie uniforme: esa diversidad es el telón físico de una historia larga.

La evidencia arqueológica también alcanza la cultura latina. Una tégula es una teja plana; su presencia hace visible una técnica de construcción distinta de la que evoca el dolmen del aula. Entre una huella y otra hay un cambio de época y de modos de vida. La geología permite imaginar el escenario material, pero no convierte por sí sola esos hallazgos en una secuencia continua: el relato más firme está en las piezas y en las fechas que sí conocemos.

Un mosaico de materiales bajo la historia

El terreno añade una segunda escala a la aventura. El estudio geotécnico agrupa el 78,63 % de los materiales descritos como areniscas, conglomerados y flysch; registra además calizas, dolomías y mármoles, y gravas y arenas compactas. No es un calendario de acontecimientos, sino una manera de reconocer que bajo Humanes conviven materiales de orígenes distintos.

Las areniscas se forman cuando granos de arena quedan unidos: pueden evocar antiguas playas, deltas o ríos tranquilos. Los conglomerados, hechos de cantos cementados, remiten a corrientes más enérgicas, parecidas a un torrente que arrastra piedras. Y el flysch reúne capas alternas de arena y arcilla, como páginas de distinto grano apiladas en el fondo marino. Son imágenes para comprender los materiales, no una afirmación de que cada capa se encuentre junto a cada objeto arqueológico.

También aparecen calizas y dolomías, rocas que pueden formarse en mares poco profundos, y gravas y arenas compactas, asociadas en términos generales a ríos y avenidas. El contraste importa: Humanes se asienta sobre una combinación de materiales, no sobre un único tipo de roca. El estudio identifica además zonas con arcillas expansivas; su valoración de riesgo varía de bajo a moderado y de moderado a alto según la zona. Así, el terreno no solo guarda una historia antigua: también condiciona cómo se piensa hoy el suelo sobre el que se construye.

Humanes entra en los documentos con tierra que produce renta

En 1141, un documento ya nombraba Humanes. Alfonso VII donó la villa a Pedro Brimonis y aludió al término concedido durante la repoblación cristiana posterior a la toma de la taifa de Toledo. Más tarde, en 1173, Pelayo Pérez otorgó la Carta Puebla; tres años después donó la villa a la Orden de San Juan de Jerusalén. El nombre del lugar entraba en la historia escrita mientras sus campos y su término adquirían valor para quienes aspiraban a gobernarlos.

El control cambió de manos. La Orden no llegó a ejercer el señorío: en 1183 Humanes fue entregada al conde Fernando Núñez de Lara, que conservó sus derechos hasta 1193. En el siglo XII, la villa había pasado a formar parte del patrimonio sanjuanista y contribuía a sufragar los gastos de la orden. Mucho después, la pugna por esos beneficios acompañó los cambios de poder del siglo XV.

En 1445, Pero López de Ayala recibió de Juan II el señorío de Humanes. Sus sucesores, vinculados después al condado de Fuensalida, poseían buena parte del territorio y lo arrendaban para el cultivo; la fuente histórica señala que las posesiones fueron pasando paulatinamente a los habitantes de la villa. En 1500 Humanes pertenecía al mayorazgo de la marquesa de Villa Sierra y en 1620 figuraba en el patrimonio del conde de Fuensalida. La tierra era suelo, pero también renta, jurisdicción y sustento.

Las coliflores hicieron el camino diario hacia Madrid

La vida del campo deja una estampa más cercana. A finales del siglo XVIII se cultivaban trigo, cebada, centeno, avena, legumbres, uvas, aceitunas y hortalizas. A mediados del XIX, Humanes tenía 298 habitantes. En 1833, el reajuste provincial lo incorporó a Madrid, tras haber pertenecido a Toledo. El término seguía siendo un espacio de trabajo rural, aunque el mapa administrativo acabara de cambiar.

La relación con la capital se volvió cotidiana. A principios del siglo XX se llevaban cada día productos de Humanes —entre ellos coliflores y pepinos— para venderlos en los mercados de Madrid. No hace falta atribuir esa cosecha a una roca específica para advertir el vínculo entre el lugar y su terreno: el municipio tenía una historia agrícola y aprovechaba sus condiciones naturales para cultivar. La geología ofrece el marco material de ese paisaje; la actividad humana es la que convirtió la cosecha en viaje y comercio.

El terreno municipal reúne areniscas, conglomerados, flysch y otros materiales, pero el dossier no permite afirmar que una de esas unidades explique por sí sola la calidad de un cultivo concreto. Lo que sí puede leerse es el cambio de escala: durante generaciones, la producción agrícola sostuvo una comunidad pequeña; después, Humanes dejó de ser únicamente un pueblo de carácter agrícola. El suelo siguió allí mientras cambiaban los usos y el horizonte económico.

Desde 1970, el campo empezó a compartir el horizonte

El vuelco llegó en la década de 1970. Humanes pasó de unos 1.200 habitantes, dedicados en su mayoría a la agricultura, a un crecimiento progresivo. Hoy, las zonas industriales se extienden entre las carreteras hacia Moraleja de Enmedio y Griñón, y el municipio da trabajo también a personas de localidades cercanas. La transformación no borró la historia agrícola; cambió el lugar que esta ocupa en la vida diaria.

La arcilla añade un detalle práctico a este presente. Algunas arcillas varían de volumen con la humedad, y el estudio geotécnico identifica en Humanes zonas con expansividad actual o potencial. No significa que cada edificio o cada parcela tenga el mismo comportamiento: significa que la composición del terreno importa cuando el paisaje rural se convierte en espacio construido. La antigua relación con el suelo —cultivarlo, arrendarlo, vivir de él— adopta ahora otra forma.

Si vuelves a mirar Humanes desde la historia de sus cultivos y de sus talleres, el cambio deja de parecer una simple sustitución. Sobre un mosaico de materiales distintos se sucedieron huellas prehistóricas y latinas, disputas por el señorío, cosechas enviadas a Madrid y una expansión industrial reciente. Las coliflores recorrieron el camino hacia los mercados; la tierra que las vio crecer sigue sosteniendo un municipio que ha cambiado de oficio sin cambiar de lugar.

Tipos de terreno en Humanes de Madrid

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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