Honrubia, los pueblos bajo el agua
Al este de Honrubia, el embalse de Alarcón cubre un antiguo pueblo y las ruinas de un convento. Cuando baja el agua, reaparecen sus restos y dos cerros vuelven a asomar como islas: una transformación que permite leer la historia del valle y del terreno que lo rodea.
La ermita de Honrubia, en una vista exterior que sitúa el recorrido en el municipio.
Al este del término de Honrubia, el paisaje tiene una frontera cambiante. Allí donde hoy se extiende el embalse de Alarcón estuvo Gascas, un pueblo que tuvo que ser abandonado por la construcción de la presa y quedó bajo las aguas. No es solo un lugar cubierto: cuando baja el nivel del embalse, pueden verse restos de la población. El agua oculta y devuelve, según su altura, una huella humana que sigue perteneciendo a la historia local.
Gascas queda bajo el embalse de Alarcón
La presa cambió el destino de Gascas y también el aspecto del valle del Júcar en este sector. La transformación fue directa: el embalse inundó el pueblo y lo dejó sumergido. La información disponible no precisa cuándo se produjo cada etapa del abandono, así que la historia puede contarse sin convertirla en una escena imaginada: una población existente dejó de ser habitable a causa de la obra, y sus restos quedaron bajo el agua. El resultado todavía se manifiesta de forma intermitente, cuando el nivel desciende lo suficiente para permitir que aparezcan.
El embalse ocupa el extremo oriental del término municipal y el río Júcar pasa a unos cuatro kilómetros de la localidad; la presa se sitúa a unos quince. Esa cercanía ayuda a entender por qué una obra sobre el río tuvo consecuencias visibles en Honrubia, aunque el pueblo actual y Gascas sean lugares distintos. El agua embalsada transformó una parte del valle: donde había un asentamiento y un convento, hoy se extiende una masa de agua que también permite actividades deportivas. La vida del paisaje cambió de forma, pero no borró del todo sus referencias anteriores.
Una divisoria cerca del casco urbano
Honrubia se encuentra en un terreno llano, pero el término está atravesado por una línea que separa dos destinos para el agua. La divisoria de cuencas cruza de sureste a noroeste, a menos de un kilómetro al norte del casco urbano. Al noreste, las aguas se dirigen hacia el Júcar y, por él, al Mediterráneo. En el este y el sur, el río Rus conduce el agua hacia el Záncara y después al Guadiana, que desemboca en el Atlántico. Dos vertientes, dos recorridos: la frontera entre ambas pasa muy cerca del pueblo.
El río Rus nace cerca de Castillo de Garcimuñoz y atraviesa el este y el sur del término en su camino hacia San Clemente. El casco urbano, por su parte, ocupa un pequeño valle poco profundo asociado a la acequia de Santa Ana, que bordea el pueblo por el este y el sur y se abre hacia el oeste, en dirección al valle del Rus. Alrededor se levantan pequeñas colinas, entre ellas el cerro situado al norte, hoy parque periurbano. Este relieve suave encuadra la historia del embalse: el valle del Júcar y sus aguas pertenecen a un paisaje más amplio que el que se ve desde las calles de Honrubia.
Las rocas bajo el término
La clasificación geotécnica de Honrubia ofrece otra manera de recorrer ese paisaje, esta vez por sus materiales. En el término predominan, según esa clasificación, areniscas, conglomerados y flysch, que representan el 45,42 %. Las areniscas están formadas por granos de arena unidos; los conglomerados, por fragmentos mayores cementados. Flysch nombra una sucesión de capas sedimentarias. Son materiales distintos, agrupados en una misma categoría del estudio, y constituyen la fracción más extensa de su inventario.
También aparecen calizas, dolomías y mármoles, con un 20,64 %, y yesos, anhidrita y sales, con un 17,95 %. Las calizas y dolomías son rocas carbonatadas; el mármol es una roca transformada a partir de otras rocas, a menudo calizas. El yeso y la anhidrita son minerales de sulfato cálcico. El estudio señala que las formaciones carbonatadas están medianamente karstificadas y que pueden existir, dispersos, karsts importantes: cavidades o formas creadas por la disolución de la roca. La clasificación sirve para reconocer la variedad del subsuelo municipal, no para asignar automáticamente un material concreto a cada cerro o construcción.
El antiguo granero de Honrubia recuerda la importancia de la agricultura en la historia rural del municipio.
Las Monjas y los cerros que reaparecen
En la ribera honrubiana del embalse, el paraje de Las Monjas conserva otra pieza de esta transformación. La aldea actual es una finca privada, en la cima de un monte desde el que se domina buena parte del pantano. Allí hay una ermita y un monumento que recuerda al primer tractor de Honrubia. Pero bajo las aguas quedaron las ruinas del antiguo convento que dio nombre al paraje. El lugar mantiene así dos tiempos a la vista: las referencias que siguen en tierra firme y las que el embalse cubrió.
Más al norte está la Torre del Moro, una antigua torre vinculada a la vigilancia del paso por el valle del Júcar. En el entorno del embalse se han encontrado restos humanos; dos elevaciones destacan en la memoria del lugar: el cerro de los Muertos y el cerro de la Torre. El primero podría corresponder a una antigua necrópolis. En el segundo se distinguen cimientos de casas y se sitúa una posible población celtíbera; en su cima permanecen también los restos de un molino posterior a esa época. Son huellas de ocupaciones diferentes, reunidas ahora en un paisaje modelado por el agua embalsada.
Islas cuando baja el agua
El embalse convirtió esos dos cerros en islas. Cuando el nivel baja, se puede llegar a ambos a pie, y la relación entre tierra y agua vuelve a cambiar ante los ojos: un alto que parecía separado queda accesible desde la orilla. No hace falta confundir ese cambio de acceso con la recuperación completa de lo que quedó sumergido. Los restos de Gascas pueden verse cuando desciende el nivel, mientras que las ruinas del convento de Las Monjas permanecen bajo las aguas según la información disponible. El embalse no devuelve el antiguo paisaje; deja visibles algunas de sus marcas.
La historia del pueblo también guarda una relación antigua con el agua, aunque distinta de la de Gascas. El origen de Honrubia se considera incierto y se relaciona con la repoblación del Alfoz de Alarcón. La explicación del nombre lo vincula con Font-rubia: «Font» aludiría a una fuente o manantial cercano al casco urbano, cuya situación actual se desconoce; «rubia» podría referirse a una planta o a la fertilidad de las tierras. La primera edificación se identifica como una posada junto al antiguo camino de Cuenca, alrededor de la cual habría crecido la aldea. El agua y los caminos ayudan a explicar ese asentamiento; el embalse, en cambio, cuenta la historia de una población desplazada por una obra.
Honrubia aparece en un manuscrito de 1184 entre las aldeas pertenecientes a Alarcón. Mucho después, en 1630, se eximió de esa cabecera y fue nombrada villa. Entre ambos episodios y el cambio más reciente del valle hay una diferencia decisiva: la población actual permaneció en su lugar, mientras Gascas tuvo que abandonarse y quedó sumergida. Hoy, en la parte oriental del término, el agua ocupa el espacio del antiguo pueblo y rodea cerros donde aún se reconocen restos de distintas etapas.
Cuando el embalse baja, la silueta de una isla y las ruinas que asoman no son solo accidentes de la orilla. Son la forma visible de un cambio que cubrió un asentamiento, dejó otros lugares bajo el agua y modificó el acceso a los cerros. En Honrubia, el valle guarda así dos paisajes superpuestos: el del embalse presente y el de las huellas que reaparecen cuando el agua retrocede.
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