Guadiana dejó de buscar un nacimiento y encontró una cabecera entera
Durante siglos se imaginó que el río desaparecía en Ruidera para reaparecer en los Ojos del Guadiana por un cauce subterráneo. La explicación actual convierte aquel misterio en una historia de aguas que confluyen, se infiltran y vuelven a brotar.
El Guadiana a su paso por Badajoz, en una panorámica del río que recorre Extremadura.
Guadiana, en Badajoz, comparte nombre con un río que parece empeñado en desmentir la idea de que todo curso de agua empieza en un manantial y sigue siempre a la vista. La vieja historia lo hacía desaparecer bajo tierra y aparecer de nuevo más adelante. ¿Cómo podía perderse y regresar el mismo río? Para responder hay que seguirlo desde su cabecera, lejos de un único punto de partida.
El nombre lleva más lejos que el mapa
El Guadiana recorre el sudoeste de la península ibérica y cambia de rumbo a lo largo de su trayecto. Nace en la submeseta sur, en Ciudad Real; avanza de este a oeste hasta la altura de Badajoz y, desde allí, gira hacia el sur, camino de su desembocadura en Ayamonte. Es un río que cruza territorios y también épocas: su nombre conserva señales de quienes vivieron junto a él.
Los celtas lo llamaron Anas. Para los romanos fue el río Ana, o Flumen Anas, interpretado como «río de los patos». Durante la dominación romana, además, el curso separaba las provincias de Bética y Lusitania. Después, los musulmanes sustituyeron la palabra latina para «río» por wādi, relacionada con «valle». De esa transformación surgieron las formas que dieron lugar al nombre Guadiana.
El topónimo, por tanto, no cuenta una sola historia. Lleva el rastro de lenguas y poderes que se sucedieron en la península. Pero la leyenda más persistente no nació de un cambio de nombre, sino de una rareza del paisaje: en su curso alto, la corriente superficial deja de verse. La tierra parecía tragársela.
La tierra tragó el cauce, no el agua
El Guadiana Alto o Guadiana Viejo es la corriente que alimentó la leyenda de la desaparición. En su recorrido, el agua superficial se infiltra en el subsuelo y el cauce deja de ser visible. Imagínalo como agua que atraviesa una esponja: desde arriba parece haberse ido, aunque la historia no requiera un túnel abierto que la transporte de un lugar a otro.
La explicación tradicional enlazaba las lagunas de Ruidera con los Ojos del Guadiana mediante un cauce subterráneo. Esa imagen era poderosa y perduró en la tradición popular hasta el último tercio del siglo XX. También dejó una expresión cotidiana: «ser como el Guadiana», algo que aparece y desaparece a intervalos. La frase conserva la leyenda, aunque la explicación hidrogeológica actual no acepte aquel pasadizo.
¿Dónde empieza entonces el Guadiana? Hoy no se resuelve la pregunta señalando una sola fuente, sino considerando una cabecera compuesta: varios ríos, arroyos y aguas subterráneas se unen en el sistema. Entre sus componentes destacan el Gigüela, el Záncara, el Guadiana Alto o Guadiana Viejo y el Acuífero 23, también llamado de La Mancha Occidental.
El curso que suele contarse como Guadiana Alto suma unos 76 kilómetros, desde el río Pinilla hasta el entorno de Argamasilla de Alba, donde la corriente superficial desaparece por infiltración. Esa desaparición es real; lo que no se sostiene es convertirla en una galería subterránea continua que conecte automáticamente con otro manantial. La leyenda partió de una observación auténtica y le dibujó un conducto que la explicación actual no reconoce.
Plinio buscó la puerta en Ruidera
La hipótesis clásica se atribuye a Plinio el Viejo: el río nacería en las lagunas de Ruidera, se dividiría en dos grandes tramos y ambos quedarían separados por un cauce subterráneo. Era una manera de ordenar un fenómeno desconcertante con los datos de su tiempo. Sin embargo, la explicación vigente no considera que Ruidera sea el punto de origen ni acepta que exista ese canal bajo tierra.
El Guadiana Alto nace mucho antes de las lagunas, en la altiplanicie de los Campos de Montiel, a partir de varias aguas subterráneas que forman los manantiales de Pinilla. Su origen más preciso se sitúa en la Fuente del Ojuelo, al norte de Viveros, donde la corriente recibe el nombre de río Pinilla. En periodos de precipitaciones extraordinarias, las fuentes del arroyo Alarconcillo, en las lagunas de Navalcudia, también forman parte de la historia de sus aguas.
Y los Ojos del Guadiana, ¿son entonces una aparición milagrosa? Son un manantial situado en Villarrubia de los Ojos, a 608 metros de altitud, y una de las varias fuentes del río: la que le da nombre. La palabra «nacimiento» se vuelve menos rotunda, pero la historia gana precisión. No hay que elegir entre un punto misterioso y otro; la cabecera se entiende como una red de aportes que se combinan.
Las aguas lentas sostienen otro paisaje
En la llanura manchega, el Gigüela y el Záncara añaden otra pieza. Ambos fluyen hacia el sur y atraviesan terrenos poco permeables, asentados sobre arcillas y margas. Son materiales que dejan pasar el agua con dificultad; como una capa de barro que frena el drenaje, favorecen que el curso se mantenga. No lo hacen constante: su régimen es muy irregular y depende claramente de las variaciones de lluvia.
La unión de ambos ríos permite el abastecimiento de agua de las Tablas de Daimiel, humedal situado en los términos de Villarrubia de los Ojos y Daimiel y declarado parque nacional en 1973. Ahí se ve el alcance de una cabecera hecha de aportes diversos: el encuentro de dos cursos contribuye a sostener un paisaje de humedales. La geología no es un decorado alrededor del agua; en este tramo, la baja permeabilidad de las arcillas y margas ayuda a que el cauce permanezca.
Pero esa permanencia tiene límites. El dossier señala que la sobreexplotación agrícola de los últimos tiempos ha debilitado seriamente el caudal del Gigüela y el Záncara. La misma red que alimenta un humedal depende, por tanto, tanto de la lluvia y del terreno como de la presión ejercida sobre sus aguas. La historia del Guadiana no termina cuando el cauce reaparece: sigue en las corrientes que llegan a su cabecera y en los lugares que dependen de ellas.
La leyenda imaginó un río que se escabullía por un túnel; la explicación actual muestra un sistema más amplio, hecho de cursos superficiales, infiltración y manantiales. Así, el nombre Guadiana no conduce a una puerta escondida bajo Ruidera, sino a una cabecera entera: un río que, aun cuando deja de verse, sigue reuniendo sus aguas.
Vegetación acuática sobre el Guadiana en Badajoz: otra imagen del curso extremeño del río.
¿Necesitas un estudio geotécnico en Guadiana?
Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.
- Estudios firmados por geólogo acreditado
- Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
- Cobertura en toda España
Más de 1000 estudios realizados
Pide presupuesto gratis
Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.