Grado encontró en una cantera la pista de un ciervo gigante
En una cantera de Grado apareció un fragmento de asta junto a fósiles de rinoceronte. ¿Qué paisaje remoto quedó registrado en esos restos?
Una avenida arbolada de Grado muestra el tejido urbano de la villa y el paisaje que la rodea.
En una cantera de Grado, un fragmento de asta abrió una ventana inesperada al pasado. No era una pieza cualquiera: el hallazgo permitió documentar la presencia de un ciervo gigante, una especie cuyos restos se encontraron por primera vez en Asturias en este yacimiento. Junto a ellos aparecieron fósiles de rinoceronte.
La noticia, publicada en 2016, situó allí un yacimiento de fauna del Cuaternario fechado en unos 500.000 años, considerado entonces el más antiguo localizado en Asturias. La roca extraída por una cantera había dejado a la vista una historia mucho más larga que la de cualquier construcción humana de la villa. ¿Qué abrió exactamente esa ventana?
La cantera abrió una página enterrada
Una cantera permite trabajar sobre materiales que permanecían ocultos bajo la superficie. En este caso, la relación entre actividad extractiva y descubrimiento es concreta: los restos fósiles se localizaron en una cantera de Grado. Es razonable pensar que la exposición del terreno facilitó el hallazgo, aunque la noticia no describe el proceso exacto ni identifica la capa donde aparecieron.
El profesor Diego Álvarez Lao documentó el yacimiento y la fauna recuperada. La pieza que dio al ciervo gigante un lugar en esta historia fue un fragmento de asta. No se trataba de un animal completo, sino de una señal: un resto capaz de demostrar que esa especie quedó representada en el registro fósil local.
La noticia también informó de fósiles de rinoceronte. Dos animales distintos aparecen así asociados a un mismo descubrimiento, aunque los datos disponibles no permiten reconstruir aquí una escena de caza, una manada o el paisaje exacto que habitaban. Lo firme —y ya extraordinario— es que el subsuelo de Grado conservó restos de fauna cuaternaria que después quedaron expuestos en una cantera.
El hallazgo no debe confundirse con una identificación de la roca que contenía los fósiles. El estudio geotécnico del concejo registra varios tipos de terreno, pero no atribuye a uno concreto el yacimiento paleontológico. Esa distinción importa: el descubrimiento ocurrió en Grado y en una cantera; la roca exacta del nivel fosilífero no está precisada en la evidencia consultada.
Un concejo hecho de rocas distintas
El paisaje geológico de Grado no se reduce a una sola piedra. El estudio geotécnico registra calizas, dolomías y mármoles —27,31 %—, pizarras y esquistos —17,11 %—, además de arenas finas y limos —2,38 %—. Son categorías que describen un territorio diverso, no una explicación automática del origen de cada fósil o de cada relieve.
Las calizas y dolomías, consideradas en términos generales, proceden de sedimentos carbonatados formados en antiguos mares poco profundos. Con el tiempo, esas rocas pueden ser disueltas por el agua: ese proceso, llamado karstificación, crea huecos y conductos, como una esponja pétrea que el agua va perforando lentamente. El estudio señala zonas carbonatadas medianamente o muy karstificadas y recoge la posibilidad de hundimientos kársticos actuales o potenciales.
Ese proceso ayuda a entender que el subsuelo no es una superficie inmóvil. Pero no explica por sí solo el fósil del ciervo: el valor del hallazgo está en el yacimiento y en los restos documentados, no en asignarlos a una roca que la fuente no identifica. La geología local ofrece un marco más amplio, con formaciones diferentes y procesos que siguen modelando el terreno.
La vega atrajo caminos y pobladores
Mucho después de aquellos animales, las vegas de Prámaro ayudaron a decidir dónde crecería la villa. La historia municipal destaca la fertilidad de sus vegas y la posición del lugar en la confluencia de rutas: el Camino de Santiago desde Oviedo y el Camín Real de la Mesa, procedente de Castilla. No hace falta convertir esa coincidencia en una causa geológica no demostrada: la documentación local señala expresamente el atractivo de la vega y la importancia de los caminos.
En la Alta Edad Media, el territorio era conocido como Prámaro. Antes de 1256, Alfonso X constituyó una puebla que reunió varias demarcaciones, y la nueva villa recibió el nombre de Grado. La elección transformó un paisaje de vega y tránsito en un centro de mercado, protegido por muralla y destinado también a gobernar su alfoz. La roca no fundó la villa por sí sola; el terreno fértil y las rutas hicieron de aquel cruce un lugar especialmente conveniente.
El rastro de esa larga función urbana aparece en las murallas y torreones medievales, y en las sucesivas casas, calles y barrios que componen la historia de Grado. El concejo conservó además un marcado carácter rural en el siglo XX, con especialización agrícola y ganadera, según la historia municipal. La vida del territorio siguió ligada a sus vegas, aunque el fósil de la cantera remita a un tiempo muchísimo más remoto.
Así se responde a la pregunta que dejó el fragmento de asta: no reconstruye por sí solo todo el paisaje de hace medio millón de años, pero sí acredita que una fauna antigua quedó preservada en el entorno de Grado. Hoy, al pasar de la villa y sus caminos a las rocas del concejo, la cantera recuerda que el suelo también puede guardar una historia animal anterior a la humana.
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