Historia geológica Localidad Galende

Galende y el lago que el hielo excavó en la sierra Segundera

El Tera sale del lago de Sanabria y atraviesa Galende; en las alturas, el municipio reúne lagunas de origen glaciar. La forma de ese paisaje se remonta a un episodio decisivo: el hielo excavó la cuenca del lago.

Galende vista desde el barrio de Cima, con el relieve sanabrés al fondo.

Galende vista desde el barrio de Cima, con el relieve sanabrés al fondo.

Foto: No machine-readable author provided. Porlapaz assumed (based on copyright claims)., CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En la sierra Segundera, el lago de Sanabria conserva una señal de una escala distinta a la de los caminos y los barrios: una cuenca excavada por el hielo. El agua ocupa hoy el hueco, pero la forma del relieve remite a un paisaje transformado durante la última glaciación de Würm. Esa huella permite leer Galende no solo desde sus orillas, sino también desde las fuerzas que dieron forma al terreno.

Una cuenca de más de tres kilómetros lleva la marca del hielo

El lago de Sanabria es la consecuencia más visible de la glaciación que afectó a las sierras durante el Cuaternario. La cuenca fue excavada por el hielo: una masa que, al desplazarse, desgasta y remueve el terreno. La comparación con una herramienta que avanza lentamente ayuda a imaginar el proceso, aunque aquí no se trate de un golpe único, sino de un modelado prolongado.

La palabra «excavada» distingue esta historia de una inundación repentina. El hielo dio forma a una depresión y, al retirarse, dejó una cubeta que quedó ocupada por agua. El lago actual es, por tanto, el resultado visible de dos momentos relacionados: primero, la transformación del relieve; después, la presencia del agua en la cuenca. En Galende, esa relación entre forma y agua está a la vista.

Las dimensiones dan escala a lo ocurrido. El lago supera los tres kilómetros de longitud y alcanza una profundidad máxima de 53 metros. Es el mayor lago de origen glaciar de la península ibérica. Esas cifras no describen por sí solas cómo trabajó el hielo, pero permiten entender que la depresión resultante no es una hondonada menor: es una gran forma del paisaje, reconocible incluso cuando se contempla desde la distancia.

La sierra Segundera sitúa el lago en un marco más amplio. La morfología glaciar también se reconoce en la cuenca del río Tera y en otras partes de estas sierras, afectadas por los glaciares cuaternarios. Así, el Sanabria no aparece como un accidente aislado, sino como la huella más destacada de un modelado que alcanzó más de un sector del relieve comarcal.

Para quien vive en Galende, la cuenca no es una idea abstracta. Es el paisaje que explica por qué una masa de agua de estas dimensiones ocupa ese lugar. El hielo no dejó una historia escrita, pero sí una forma: la depresión que el lago llena hoy. Esa forma enlaza la escala del tiempo geológico con un entorno cotidiano que se puede mirar desde sus orillas.

Las lagunas altas amplían el mapa de la glaciación

El Sanabria no guarda la única señal. En la comarca se han contabilizado hasta 35 lagunas de origen glaciar, situadas en la altiplanicie, a unos 1.600 metros de altitud. El dato cambia la escala del relato: la acción del hielo no se reconoce solo en el gran lago, sino también en numerosos cuerpos de agua repartidos por las zonas altas.

La diferencia de tamaño entre el Sanabria y esas lagunas no borra el vínculo que las reúne. La cuenca principal destaca por su longitud y profundidad; las lagunas de altura muestran que el modelado glaciar dejó más de una forma en el paisaje. Juntas, permiten seguir una misma historia a distintas escalas: desde la gran cubeta del lago hasta las aguas repartidas por la altiplanicie.

Las lagunas se caracterizan además por la pureza de sus aguas, que beneficia a la fauna y la flora específicas de ese hábitat. No son únicamente marcas del relieve. También forman ambientes vivos asociados a las zonas altas. La información disponible permite relacionar esas aguas con la historia glaciar y con su altitud, sin atribuir a cada laguna un origen particular que no esté documentado.

Si miras desde Galende hacia las sierras, el paisaje reúne piezas distintas de una misma transformación: lago, valles y lagunas. No hace falta imaginar un único molde que produjera formas idénticas. Basta con reconocer que la glaciación afectó a estas sierras y dejó evidencias diversas. El gran lago concentra la atención; las lagunas hacen más extenso el relato.

La roca municipal acompaña la historia, pero no la sustituye

El terreno de Galende aporta otro nivel de lectura. En la caracterización geotécnica municipal, las pizarras y los esquistos son el grupo predominante, con un 76.19 %; también figuran el granito, el gneis y otras rocas ígneas, con un 15.66 %. Son datos sobre los materiales presentes en el municipio, distintos de la explicación del origen glaciar de la cuenca.

Pizarras y esquistos son rocas metamórficas, transformadas por presión y calor. Esa descripción ayuda a poner nombre a parte del sustrato local, pero no convierte por sí misma a esas rocas en la causa del lago. La historia de la cuenca se explica aquí por la acción del hielo; la composición del terreno ofrece el contexto material del municipio. Mantener separadas ambas evidencias permite leer el paisaje sin confundir el tipo de roca con el proceso que excavó el lago.

La distinción importa también al observar el agua. El lago es una forma heredada del modelado glaciar; el río Tera, que sale de él y atraviesa Galende, conecta esa cuenca con el paisaje del municipio. El agua que se ve en movimiento pertenece a una dinámica distinta de la que dio forma al hueco, aunque ambas sean parte de la continuidad visible entre las alturas y el pueblo.

En Galende, el río divide los barrios y, junto a su curso, en el Barrio Bajo, se conservan una pequeña presa artesanal y un molino. El paisaje no termina en la explicación del relieve: también incluye maneras de convivir con el agua. La cuenca glaciar da el marco; el río y las construcciones junto a él muestran una relación local con ese recurso.

Vivienda tradicional de Galende en la que destacan la piedra, la madera y la cubierta de pizarra.

Vivienda tradicional de Galende en la que destacan la piedra, la madera y la cubierta de pizarra.

Foto: Porlapaz, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El agua aparece en los documentos antes que la explicación del paisaje

La primera referencia escrita a Galende data de 927 y está vinculada a un pleito entre el monasterio de San Martín de Castañeda y Ranosindo por una pesquería y otras propiedades. Un documento posterior señalaba que esas propiedades habían sido vendidas al monasterio en 916. La noticia no explica cómo se formó el lago, pero sí sitúa el agua y sus usos en la historia documentada del lugar.

La pesca y las propiedades estaban en disputa. Siglos después, la página municipal dedicada al lago recuerda litigios por su control entre pueblos —en especial Galende y Ribadelago— y los monjes. El lago que el hielo había dejado como forma del relieve se convirtió también en un espacio cuyo control importaba a las comunidades y a las instituciones. La geología y la historia humana se encuentran aquí, sin que una sustituya a la otra.

También la arquitectura tradicional conserva materiales del entorno. En las viviendas y construcciones secundarias destacan la piedra, la madera y la pizarra, además de recercos y esgrafiados decorativos. La presencia de la pizarra en las construcciones enlaza la mirada sobre el terreno con la vida del pueblo, aunque no permita atribuir cada edificio a una cantera o un afloramiento concreto.

Molino de La Puente, en la Yensula de Galende, una construcción ligada al aprovechamiento local del agua.

Molino de La Puente, en la Yensula de Galende, una construcción ligada al aprovechamiento local del agua.

Foto: Porlapaz, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Las campanas de la leyenda no cambian el origen de la cuenca

Una leyenda sitúa bajo las aguas un pueblo anegado por una maldición divina y cuenta que sus campanas suenan en la noche de San Juan. Es un relato popular sobre el lago, no una explicación geológica. La forma de la cuenca tiene otra historia documentada: el hielo la excavó durante la última glaciación de Würm.

La leyenda y la geología responden a preguntas diferentes. Una convierte la profundidad del agua en una escena humana; la otra explica el relieve mediante el trabajo prolongado del hielo. La primera forma parte de la imaginación asociada al Sanabria; la segunda puede leerse en la propia cuenca y en las lagunas altas de la comarca.

¿Qué une entonces el lago, las lagunas y el curso que atraviesa Galende? La cuenca del Sanabria fue excavada por el hielo, y las aguas de altura amplían el conjunto de sus huellas en la sierra; el Tera prolonga hoy ese paisaje a través del municipio. Cuando mires el río o el lago, verás agua presente en dos escalas: la que ocupa una forma glaciar y la que recorre Galende.

Tipos de terreno en Galende

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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