Historia geológica Localidad Cortegada

Cortegada convirtió sus manantiales en baños antes de que el embalse cambiara la orilla

El palacete modernista de los Baños de Cortegada se asoma hoy al embalse del Miño, sobre una ribera transformada por las obras. ¿Cómo sostuvieron los manantiales una historia termal cuando el agua cubrió parte de sus instalaciones?

El antiguo edificio de los Baños de Cortegada junto al embalse; la obra que anegó parte de las instalaciones transformó el borde de esta historia termal.

El antiguo edificio de los Baños de Cortegada junto al embalse; la obra que anegó parte de las instalaciones transformó el borde de esta historia termal.

Foto: Bene Riobó, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La balconada del palacete de los Baños cuelga sobre el Miño, pero la orilla que contempla ya no es la misma que conocieron quienes acudían a sus manantiales. En Cortegada, el agua termal llegó a dar nombre al lugar: también se la conoció como Cortegada de Baños. Después, la construcción del embalse cubrió parte de las instalaciones. La historia local quedó así enlazada a dos aguas distintas: las que brotaban de la tierra y las que ocuparon una parte de la ribera.

En 1869, el agua empezó a atraer visitantes

La fecha que permite seguir esta historia es 1869. Ese año, las aguas termales de Cortegada fueron declaradas de utilidad pública. No es un simple apunte administrativo: señala el momento en que los manantiales quedaron reconocidos como un recurso capaz de sostener una actividad local. ¿Qué convirtió el agua en motivo para acudir a esta orilla? La existencia de dos balnearios ofrece una respuesta concreta: allí se había levantado una infraestructura en torno a las aguas termales.

Uno de esos establecimientos fue un palacete modernista construido en 1937 y restaurado, con una balconada que se asoma al Miño. La arquitectura no es solo un telón de fondo. Su posición junto al agua hace visible el vínculo entre el balneario y la ribera, y permite imaginar el atractivo de un lugar donde el paisaje fluvial acompañaba el uso de los manantiales. El dossier no describe los tratamientos ni la composición del agua; sí documenta el reconocimiento público de las fuentes y la construcción de los baños.

Para quien vive en Cortegada, el nombre antiguo no es una leyenda separada de la localidad actual. Recuerda que el agua sostuvo una identidad termal reconocible. El río, además, no era un borde fijo: las obras que llegarían décadas después alterarían el espacio donde se habían instalado parte de aquellos baños.

La roca deja pasar el agua a su manera

La explicación geológica empieza con una paradoja: el terreno municipal se describe, en general, como de permeabilidad muy baja, pero puede albergar acuíferos superficiales cuando la roca está alterada o fisurada. No funciona como una esponja uniforme. Es más parecido a un bloque compacto atravesado por grietas: el agua encuentra rutas limitadas, en lugar de filtrarse por todas partes con facilidad.

La clasificación geotécnica de Cortegada registra principalmente areniscas, conglomerados y flysch, además de pizarras y esquistos. Estas palabras nombran rocas, pero también evocan paisajes antiguos. Las areniscas se forman cuando granos de arena quedan unidos; en términos generales, pueden corresponder a antiguos ambientes de playa, delta o ríos tranquilos. Los conglomerados, con cantos cementados, remiten a corrientes más enérgicas, capaces de arrastrar fragmentos de roca.

El flysch reúne capas alternas de arena y arcilla, depositadas en ambientes marinos profundos al pie de una plataforma continental. No es una sola lámina, sino una sucesión de estratos, como páginas de distinto grano apiladas unas sobre otras. Las pizarras y los esquistos, por su parte, son rocas antiguas transformadas por presión y calor. El conjunto indica una historia geológica compleja, aunque el dossier no ofrece una secuencia local con edades que permita ordenar cada episodio en el tiempo.

¿Cómo puede aparecer agua en un terreno que, en conjunto, deja pasar poca? La propia descripción geotécnica señala que las fracturas y la alteración de la roca pueden alojar acuíferos superficiales, normalmente poco extensos y de baja productividad, aunque con interés local. Es razonable pensar que esas discontinuidades ofrecen vías posibles para el agua de Cortegada. Eso ayuda a entender el contexto de los manantiales, sin demostrar por sí solo su recorrido exacto ni explicar qué les da su carácter termal.

El embalse cambió la orilla, no borró todos los manantiales

En la década de 1960 llegó la transformación más visible: la construcción del embalse anegó parte de las instalaciones termales. Para un lugar cuya historia se había ligado a los manantiales, no fue un cambio menor. El agua que había acompañado la actividad de los baños pasó a formar parte de un paisaje modificado por una obra que cubrió espacios de la ribera.

Pero la historia no terminó bajo el nuevo nivel del agua. Una parte de los manantiales se recuperó mediante perforaciones. La solución conecta de forma tangible la geología con la respuesta humana: cuando la orilla cambió, se buscó el agua a través del terreno. La fuente disponible no detalla la profundidad ni el recorrido de esas perforaciones, así que no cabe convertirlas en un mapa subterráneo; sí permite afirmar que ayudaron a recuperar parte de los manantiales.

A unos 500 metros río abajo se encuentra otro punto para mirar el Miño: el mirador de O Coto da Pena, construido en madera sobre un macizo rocoso. La escena reúne dos escalas de la historia local: la roca firme bajo el mirador y el embalse que transformó la ribera.

El Miño desde Louredo, en Cortegada: el paisaje de ribera enmarca la historia de los manantiales y los baños.

El Miño desde Louredo, en Cortegada: el paisaje de ribera enmarca la historia de los manantiales y los baños.

Foto: Noel Feans, CC BY 2.0 — commons.wikimedia.org

Desde allí, el agua ya no se contempla solo como paisaje; también forma parte de la memoria de los baños y de los cambios que afectaron a sus instalaciones.

El edificio modernista de 1937, restaurado, permanece como testigo visible de esa historia. Junto a él, los manantiales recuperados mediante perforaciones recuerdan que una obra puede rehacer la orilla sin clausurar por completo el uso de las aguas. Cortegada no conserva intacto el escenario de los antiguos baños: conserva una relación con el agua que tuvo que adaptarse.

La piedra guarda huellas que no son termales

El agua no es el único hilo que une la geología y la historia humana de Cortegada. En San Martiño de Valongo se encuentra el conjunto de petroglifos de Monte Picoñas, incluido entre el patrimonio prehistórico de O Ribeiro. Un petroglifo es un grabado realizado sobre piedra: aquí, la roca no aparece solo como base del paisaje, sino como superficie marcada por personas.

La localidad conserva también construcciones religiosas vinculadas a su historia. En la guía turística figuran el santuario de San Bieito en Rabiño y un humilladero próximos, ambos del siglo XVI, así como la iglesia de Santa María de Cortegada. En Valongo destaca el templo barroco de San Martiño, construido gracias a Domingo Fermín de Vergara, quien llegó a ser arzobispo de Santa Fe, en Bogotá. Son capítulos distintos de la historia termal, pero ayudan a reconocer una comunidad que dejó sus huellas en el mismo paisaje de piedra y agua.

Los grabados de Monte Picoñas, los edificios de piedra y los baños no cuentan una única historia ni pertenecen al mismo momento. Juntos, sin embargo, muestran cómo el territorio ha servido de soporte para usos distintos: marcar la roca, levantar lugares de culto y organizar una actividad en torno a los manantiales. En Cortegada, la geología no se lee solo en una formación: también en el modo en que la gente ha ocupado la ribera.

La pregunta inicial tiene una respuesta concreta: parte de los manantiales se recuperó con perforaciones después de que el embalse anegara instalaciones. Cuando te asomes al Miño junto a los antiguos baños, verás una orilla transformada, pero también una historia que encontró nuevas vías para seguir ligada al agua.

Tipos de terreno en Cortegada

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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