Historia geológica Localidad Fuensanta de Martos

Fuensanta de Martos vigiló desde sus cerros el encuentro de la sierra y la Campiña

El recinto fortificado del Cerro Algarrobo conserva una planta trapezoidal y señales de bastiones. La posición de Fuensanta entre la sierra y la Campiña ayuda a entender por qué este paisaje fue también un lugar de control.

Vista de Fuensanta de Martos entre laderas y olivares, en el paisaje de transición entre la sierra y la Campiña.

Vista de Fuensanta de Martos entre laderas y olivares, en el paisaje de transición entre la sierra y la Campiña.

Foto: Veinticuatro de Jahén, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Fuensanta de Martos, el Cerro Algarrobo guarda una forma que no pasa inadvertida: una fortificación trapezoidal, con señales de bastiones a lo largo de la muralla. No es un recinto aislado en una historia sin paisaje. La localidad se encuentra entre la sierra y la Campiña, y esa posición marcó su papel como núcleo de control. ¿Qué ofrecía este territorio para que distintas sociedades levantaran allí defensas y buscaran refugio?

El Cerro Algarrobo pone la frontera en primer plano

La respuesta empieza por el lugar. Fuensanta ocupa un espacio de transición entre dos paisajes, y en su término se conservan recintos fortificados de distintos periodos. El Cerro Algarrobo es uno de los más antiguos: corresponde a finales de la etapa ibérica y a los primeros momentos de la romanización de la zona. Su planta trapezoidal y los indicios de bastiones son huellas concretas de una ocupación organizada.

La relación entre relieve e historia es aquí una lectura razonable, no una explicación única de cada muro. La ubicación de Fuensanta entre sierra y Campiña está documentada como parte de su papel estratégico; el terreno rocoso aporta el escenario físico de esa transición. La geología no permite afirmar que una roca determinada decidiera la forma del recinto, pero sí ayuda a comprender que las fortalezas de la zona se asentaron en un territorio de relieve diverso.

El estudio geotécnico agrupa el 53,71 % de los terrenos en areniscas, conglomerados y flysch, y el 38,45 % en calizas, dolomías y mármoles. Son familias distintas, no una única plataforma uniforme. En términos generales, las areniscas se forman cuando se compactan arenas; los conglomerados, cuando quedan cementados cantos rodados transportados por corrientes enérgicas; y el flysch reúne capas alternas de arena y materiales finos, depositadas en ambientes marinos. Las calizas y dolomías, por su parte, se asocian a antiguos fondos marinos poco profundos. Estas comparaciones explican cómo suelen originarse esos materiales, sin atribuir a Fuensanta una edad o una secuencia geológica que las fuentes disponibles no precisan.

La variedad importa porque el relato local no transcurre sobre un fondo intercambiable. Cambia el paisaje entre sierra y Campiña; cambian también las rocas reconocidas en el término. Es probable que ese relieve contribuyera a hacer visible y útil la posición de los cerros, aunque el vínculo concreto entre cada afloramiento y cada construcción no está documentado. El dato firme es más sencillo y poderoso: durante siglos, Fuensanta fue un punto de control en ese encuentro de paisajes.

De Tucci a las villas romanas, el territorio se ocupa de otra manera

El Cerro Algarrobo permite seguir el paso de una época a otra. Durante la fase ibérica, el recinto habría dependido de Tucci, la gran ciudad ibérica de la zona, que en época romana se convirtió en Colonia Augusta Gemella. La historia no se detuvo en las murallas. En el término de Fuensanta proliferaron villas rústicas romanas, entre ellas las de la Atalaya y las Monjas.

De esta última procede un cipo funerario de mármol negro con una inscripción dedicada a un matrimonio de libertos. Hoy se conserva en el museo provincial. Es un objeto pequeño frente a la escala del paisaje, pero cambia el foco: junto al recinto fortificado aparecen las huellas de vidas privadas y de comunidades vinculadas a las explotaciones rurales. La roca, en este caso, no explica quiénes fueron aquellas personas; el cipo sí conserva una señal de su memoria.

La historia geológica ayuda a poner en perspectiva ese tránsito, siempre con prudencia. Los materiales sedimentarios de Fuensanta proceden de procesos naturales muy anteriores a las fortificaciones y a las villas: arenas y cantos que se acumularon, y sedimentos marinos que con el tiempo se transformaron en roca. No hace falta asignarles una fecha que el dossier no ofrece para advertir el contraste: las sociedades aprovecharon un paisaje que ya estaba allí, hecho de terrenos distintos y de cerros que sobresalen en la memoria histórica local.

En la Atalaya, el refugio mira hacia los asentamientos agrícolas

Siglos después, otro cerro adquirió protagonismo. En la Atalaya se ubicaba un hins, un recinto de refugio de época árabe, del que se han recogido restos cerámicos datados en torno a los siglos VIII y X. Junto al arroyo de la Fuensanta debieron existir pequeños asentamientos agrícolas. Cuando había peligro, sus habitantes buscarían protección en el recinto elevado.

La imagen reúne dos escalas: el agua del arroyo y el cerro de refugio. La fuente histórica relaciona ambos elementos mediante la vida agrícola y la necesidad de resguardarse; el relieve ofrece la diferencia física entre el lugar habitado y el punto de amparo. ¿Fue el arroyo, por sí solo, la razón de esos asentamientos? La evidencia no permite afirmarlo así. Sí señala que los pequeños núcleos agrícolas se encontraban junto a él y que el hins servía de refugio.

Tras las luchas que sacudieron al Emirato, el recinto se abandonó y los núcleos campesinos quedaron integrados en el distrito de Tuss o Martus. El cerro no desapareció del mapa, pero cambió su papel. Esa sucesión —recinto ibérico, refugio de época árabe, nuevas formas de organización— da a los altozanos de Fuensanta una historia de usos distintos, no una única función militar permanente.

Las torres de Calatrava prolongan la vigilancia

En 1225, las fortalezas de Martos y Andújar fueron entregadas al Reino de Castilla. Tres años después, Fernando III donó la comarca al Señorío de la Orden de Calatrava, y Fuensanta pasó a formar parte de las encomiendas de la Peña de Martos y de Víboras. En el término se conservan dos torres defensivas de la Orden: Torrevieja y otra torre maciza en el Cerro Algarrobo.

El Cerro Algarrobo vuelve así al relato, ahora con otra autoridad y otro marco político. La geografía de control reaparece en las fuentes históricas, pero no es necesario imaginar una línea continua de vigilancia para reconocer la continuidad del lugar. El mismo cerro figura asociado primero al recinto de época ibérica y después a una torre de la Orden de Calatrava. Lo que persiste es su presencia en la historia local; las sociedades y los poderes que lo ocuparon fueron cambiando.

En el siglo XV se cita una encomienda de la Subclavería en la Dehesa de la Fuente del Moral, utilizada por pastores durante el invierno y relacionada por algunos investigadores con Fuensanta. La cautela importa: esa relación es una interpretación recogida en la fuente, no una identificación segura. Más adelante, Fuensanta aparece como una aldea agrícola que aprovechaba fuentes y veneros, entre ellos la Fuente Negra y la Fuente de los Borrachos.

El olivar transforma los montes en paisaje de trabajo

A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz describió huertas, frutales y cereales, además de zonas montuosas roturadas para plantar olivos. La localidad contaba entonces con catorce molinos harineros y tres de aceite, cada uno de estos últimos con dos vigas. El dato revela una economía en la que convivían cultivos y transformación de sus productos; no era todavía el paisaje dominado por el olivar que crecería después.

A finales de ese siglo, una crisis agraria provincial abrió paso a la expansión del olivar, que continuó durante el siglo XX. La historia de los cultivos se enlaza con la del relieve de una forma concreta: los montes fueron roturados y el uso agrícola se extendió por el término. No se puede atribuir ese cambio a una clase de roca particular, pero sí se puede ver cómo el paisaje físico pasó a ser también un territorio de trabajo y producción.

En 1835 Fuensanta obtuvo su independencia de Martos por Real Cédula, y en 1847 alcanzó también la independencia religiosa. Son hitos de la autonomía local en un periodo en que la agricultura y el olivar estaban cambiando el entorno. La identidad del municipio se fue definiendo a la vez en las instituciones y en los campos: su nombre pasó de Fuensanta a Fuensanta de Martos en la reforma municipal de 1916.

La pregunta inicial tiene una respuesta hecha de capas: Fuensanta fue lugar de control porque su posición entre sierra y Campiña la hizo relevante, mientras sus cerros acogieron recintos y refugios en épocas distintas. Cuando hoy miras el Cerro Algarrobo, puedes ver más que una antigua defensa: ves el relieve de un territorio que ha cambiado de manos, de usos y de cultivos sin dejar de ocupar ese mismo cruce de paisajes.

Tipos de terreno en Fuensanta de Martos

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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