Fondón, el pulso de hierro y plomo
En Fondón, el hierro y el plomo dejaron una geografía de permisos, minas y una fundición en Fuente Victoria. Para entender cómo esa actividad se extendió y perdió fuerza, hay que mirar tanto sus registros como el sustrato que sostiene el municipio.
Panorámica de Fondón, con el caserío y las laderas que enmarcan la historia minera del municipio.
En Fondón, la historia minera no empieza con una sola mina ni termina con un edificio que aún domine el paisaje. Se reconoce en un recorrido más disperso: permisos de explotación, labores repartidas por el término y una fundición desaparecida en Fuente Victoria. Durante más de un siglo, hierro y plomo dieron continuidad a esa actividad; después de la Primera Guerra Mundial, su importancia empezó a caer y no volvió a recuperarse. Bajo ese vaivén humano permanece un escenario geológico diverso, y el municipio conserva un Lugar de Interés Geológico de carácter minero-metalúrgico. La extracción se extendió, alcanzó un momento destacado y dejó una huella desigual.
La minería sale del punto único
A finales del siglo XVIII, se permitió a particulares y pequeños propietarios participar en la extracción. Ese cambio amplió quién podía trabajar en minería y dejó, según la descripción histórica de Fondón, numerosas muestras por todo el territorio. El paisaje minero no se concentra, por tanto, en una sola explotación célebre: aparece como una actividad extendida, con muchas iniciativas de escala y duración distintas. La fecha marca una apertura legal; no permite convertir cada rastro en una mina activa ni asignar a cada labor una historia particular.
El hilo que une esas huellas es colectivo. A partir de finales del XVIII, la extracción formó parte de la vida económica del término junto con otros aprovechamientos; la uva fue históricamente el cultivo más rentable y también se trabajó el esparto. No hace falta imaginar una disputa entre sectores para ver el cambio central: las labores mineras se extendieron durante mucho tiempo, pero esa importancia no se mantuvo. Los documentos permiten seguir el avance y la retirada de la actividad, no reconstruir decisiones o jornadas individuales.
596 permisos para hierro y plomo
Entre 1855 y 1980 se registraron en el municipio 596 permisos de explotación minera. La cifra cruza más de un siglo y permite medir el alcance administrativo de la actividad, pero no significa que hubiese 596 minas funcionando a la vez: un permiso no equivale por sí solo a una explotación continua. La mayoría de los permisos se refería a minerales de hierro y plomo. Esa pareja de metales da nombre al pulso de la minería fondonera, aunque los expedientes no transforman todo el término en un único yacimiento.
La secuencia ayuda a ver cómo un episodio local fue ganando escala. Primero llegó la posibilidad de que pequeños propietarios y particulares extrajeran; después, entre mediados del siglo XIX y 1980, quedó una larga serie de permisos. El número impresiona menos como una multitud simultánea que como persistencia: durante generaciones, la minería volvió a aparecer en los registros. Por eso Fondón se entiende mejor como un territorio minero con labores dispersas que como el escenario de una mina única que lo explique todo.
Dos Amigos y la fundición de Fuente Victoria
En esa larga curva destaca la mina Dos Amigos. A finales del siglo XIX fue la mina de hierro más fructífera registrada en la provincia de Almería. El dato le da relieve dentro de la historia minera local: no fue solo una de las muchas referencias del registro, sino una explotación señalada por su rendimiento. Sin embargo, su éxito no detuvo el cambio general. A partir de la Primera Guerra Mundial, la relevancia minera de Fondón empezó a decaer y nunca se recuperó. La historia pasa así de la expansión a una larga pérdida de peso.
Las minas, además, contaron con infraestructuras complementarias. En Fuente Victoria existió una fundición, hoy desaparecida, que acompaña en el relato a los permisos y a las explotaciones. El municipio conserva también el Lugar de Interés Geológico Minas y plomo de la fundición del Fondón, de 10,12 hectáreas y con interés minero-metalúrgico. Su nombre reúne minerales y actividad metalúrgica en una referencia local reconocida. La fundición de Fuente Victoria ya no está; permanece el reconocimiento geológico de la historia minera del municipio.
Pizarras, esquistos y rocas carbonatadas
El subsuelo aporta otro capítulo, aunque a una escala distinta de la historia de cada mina. La clasificación de materiales del estudio geotécnico de Fondón atribuye el 72,38 % a pizarras y esquistos, y el 22,39 % a calizas, dolomías y mármoles. Son dos grandes familias que dominan el cuadro municipal; nombrarlas no permite asignar automáticamente una de ellas a Dos Amigos o a una labor concreta. Sí permite dejar de imaginar un fondo uniforme bajo Fondón: en la escala del término, la composición geológica reúne materiales distintos.
El mismo estudio describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad, capaces de albergar acuíferos superficiales cuando la alteración o las fracturas abren vías. Esos acuíferos suelen ser poco extensos y de baja productividad, aunque pueden tener interés local. Dicho de forma sencilla, el agua no circula igual por toda la roca: las grietas y la alteración pueden crear pasos limitados. Un sondeo en Cerro El Coto alcanzó 56 metros, una ventana vertical concreta al subsuelo. El dato complementa la historia minera: el terreno no es solo escenario, sino una materia diversa que se explora y se clasifica.
El tren que se quedó en proyecto
Fondón también buscó una conexión que no llegó a construirse. A finales del siglo XIX, el senador Sebastián Pérez García propuso un ferrocarril entre la zona minera de los alrededores y la capital provincial. El proyecto habría enlazado dos áreas mineras, pero la propuesta no cuajó. En la cronología local, el plan aparece junto al apogeo de Dos Amigos, también situado a finales del XIX, y muestra que la explotación se pensaba dentro de un territorio más amplio que una concesión o una labor individual. El tren, sin embargo, se quedó en propuesta.
El ferrocarril nunca llegó a materializarse. Después de la Primera Guerra Mundial, la minería perdió relevancia y no la recuperó. Así quedaron dos marcas distintas del periodo: una conexión ferroviaria pendiente y una actividad que dejó de ocupar el lugar alcanzado durante su etapa de mayor fuerza. La propuesta señalaba el interés por enlazar la zona minera con la capital, pero su desenlace fue concreto: no pasó del proyecto. En el paisaje, el avance minero no tuvo una infraestructura ferroviaria que lo prolongara.
Después de la Primera Guerra Mundial
En la retirada desaparecieron infraestructuras que habían acompañado a la actividad, entre ellas la fundición de Fuente Victoria. La relevancia minera de Fondón tampoco volvió a recuperarse. Los 596 permisos registrados hasta 1980 recuerdan que el arco fue largo, pero no indican que todas las explotaciones siguieran activas hasta ese año. El resultado fue menos una fecha única de cierre que una pérdida progresiva de peso, con huellas mineras repartidas por el término.
El territorio mantuvo otros usos. La uva fue históricamente su cultivo más rentable y el esparto también tuvo presencia; en tiempos recientes, la industria vitivinícola ha alcanzado una producción aproximada de 380.000 litros anuales. No es una continuación directa de la minería, sino otra parte de la economía de Fondón. Los núcleos de Fondón, Benecid y Fuente Victoria siguen formando el municipio, pero la fundición que acompañó a las labores mineras desapareció.
El desenlace queda escrito en dos escalas. Las explotaciones y la fundición pertenecen a una etapa cuya importancia decayó; el Lugar de Interés Geológico de 10,12 hectáreas mantiene reconocido el interés minero-metalúrgico del municipio. Las rocas clasificadas bajo Fondón ofrecen el marco material, no una explicación automática de cada mina. Lo que permanece es la historia de un territorio que abrió sus recursos a numerosas labores y, con el tiempo, dejó de sostener la misma intensidad extractiva. En Fondón, la mina ya no marca el pulso como antes; sus huellas todavía cuentan de dónde vino aquel ritmo.
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