Dumbría, el pulso discreto de la tierra
En los registros sísmicos asociados a Dumbría aparecen doce terremotos, y el mayor alcanzó una magnitud de 3,1 en 2005. Bajo ese pulso discreto, la cartografía geotécnica describe un término con varios materiales y zonas de movimiento potencial.
Una caída de agua entre laderas rocosas en el paisaje de Dumbría.
A las 02:08 del 3 de enero de 2005, una entrada del registro sísmico anotó una magnitud de 3,1 y una profundidad de 15 kilómetros. Es el valor máximo entre los doce terremotos que el conjunto de datos reúne para un periodo de treinta años. La cifra destaca sobre las demás, pero no cuenta por sí sola qué se percibió en superficie ni qué consecuencias tuvo. El relato que sí ofrecen los datos es el de una serie de mediciones pequeñas, dispersas en el tiempo, junto a un retrato geotécnico de Dumbría.
El máximo del registro llegó en 2005
La secuencia documentada comienza, entre las entradas detalladas, con un terremoto de magnitud 2,8 el 17 de marzo de 2002, a 15 kilómetros de profundidad. El episodio de 2005 elevó el máximo de la lista. No fue el inicio de una cadena de magnitudes crecientes: los demás valores consignados se mantienen por debajo de 3,1, y la media indicada para el conjunto es 2.
Después aparecen dos registros de 2007: uno de magnitud 2,1, a 12,7 kilómetros de profundidad, y otro de magnitud 1,6, con profundidad consignada como cero. En 2011 se anotaron cuatro eventos de magnitud 1,5 o 1,7, también con profundidad cero en los datos. Esas cifras describen cómo figuran las entradas; no permiten convertirlas, sin más, en relatos de sacudidas sentidas o de daños.
Doce entradas, un intervalo de treinta años
La lista continúa con registros en 2022 y 2023. El 12 de mayo de 2022 se anotó una magnitud de 2,1 y una profundidad de 7 kilómetros. En 2023 hubo tres eventos de magnitud 2,1, 2,1 y 1,9, con profundidades consignadas de 15, 12 y 16,2 kilómetros. La entrada más reciente de la relación está fechada el 16 de septiembre de ese año.
La serie, así ordenada, tiene dos extremos claros: el máximo de 2005 y las últimas anotaciones de 2023. Entre ambos, los datos no describen un episodio único, sino doce registros repartidos a lo largo del periodo analizado. Tampoco proporcionan una explicación del origen de cada evento. La magnitud, la fecha y la profundidad son el contorno verificable de esta historia; no autorizan a atribuirles causas o efectos locales que no constan.
El agua desciende junto a laderas rocosas en Dumbría; la imagen sitúa el recorrido en el paisaje local.
Un término de areniscas, conglomerados y flysch
El retrato del terreno amplía la escala. Para el conjunto municipal, el estudio geotécnico agrupa bajo “Areniscas, Conglomerados y Flysch” el 68,48 % de los suelos clasificados. Otra categoría, “Pizarras y Esquistos”, representa el 21,16 %. La cartografía registra además un 6,05 % como masa de agua. Son proporciones del término, no identificaciones de la roca que haya bajo una casa concreta o en un punto preciso de una ladera.
La variedad importa porque Dumbría no queda resumida en una sola clase de material. Areniscas, conglomerados y flysch forman la categoría más extensa del inventario, mientras que pizarras y esquistos componen otra parte sustancial. El estudio no añade aquí una secuencia de formación ni una edad para esos materiales; por eso el mapa permite reconocer su distribución general, pero no reconstruir con él un origen geológico concreto.
La permeabilidad y el agua bajo la superficie
El estudio asigna a las formaciones una clase de permeabilidad 9, litología D-2. Las describe como generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. Aun así, contempla que la alteración o la fisuración pueda alojar acuíferos superficiales: por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés. En algunos casos, añade, depósitos modernos pueden cubrir acuíferos cautivos productivos.
La distinción es útil: una permeabilidad generalmente baja no equivale a afirmar que el agua desaparezca del subsuelo. La clasificación admite vías locales ligadas a fisuras o alteración y contempla excepciones. También registra una peligrosidad de expansividad 0, descrita como “sustrato no arcilloso”. Son lecturas geotécnicas del terreno, diferentes de las mediciones sísmicas; los datos no establecen una relación causal entre unas y otras.
Movimientos de ladera en el mapa geotécnico
Entre los procesos señalados figuran áreas con movimientos actuales y/o potenciales de tipo deslizamiento o desprendimiento. La formulación identifica una condición del terreno en determinadas áreas, no un episodio concreto fechado ni un daño ocurrido. Junto a las categorías de materiales y permeabilidad, ofrece otra pieza del retrato local: el estudio contempla movimientos de ladera como parte de la evaluación geotécnica.
Así se cierra el recorrido que permiten seguir las cifras. El mayor terremoto consignado sigue siendo el de magnitud 3,1 de enero de 2005; la relación llega hasta septiembre de 2023, y el mapa municipal describe materiales diversos, baja permeabilidad general y áreas con movimientos actuales o potenciales. No es una única fuerza la que explica todo el territorio: son registros distintos, cada uno con su escala y su huella. El pulso discreto de Dumbría queda, por ahora, escrito en esas doce entradas y en el terreno que el estudio clasifica.
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