Boimorto, un subsuelo de puertas estrechas
En Boimorto, dos grandes familias de materiales comparten el subsuelo, mientras el agua encuentra una resistencia general y caminos de excepción. La clasificación geotécnica permite leer cómo las fisuras y la alteración matizan ese retrato.
Vista exterior de la ábsida de Santa María de Sendelle, en Boimorto.
En el término municipal de Boimorto, la clasificación geotécnica dibuja un terreno dominado por dos conjuntos: pizarras y esquistos, por un lado; areniscas, conglomerados y flysch, por otro. La tensión aparece al preguntar cómo circula el agua. Las formaciones se describen, en general, como impermeables o de muy baja permeabilidad. Pero la roca no cierra todas las puertas: la alteración y las fisuras pueden alojar acuíferos superficiales. El protagonista de esta historia es ese subsuelo, dividido entre resistencia y pequeñas vías de paso.
Dos familias bajo Boimorto
Las pizarras y los esquistos reúnen el 49,06 % de las categorías de suelo registradas en el estudio; las areniscas, conglomerados y flysch, el 46,36 %. Las dos proporciones, muy próximas, muestran que la clasificación municipal no se concentra en una sola familia. Son los materiales que el informe distingue al describir el terreno de Boimorto: casi dos mitades, con nombres concretos, que sirven de marco para entender su comportamiento geotécnico.
La permeabilidad expresa cuánto puede atravesar el agua una formación. Aquí, la caracterización general es de paso muy difícil o escaso; no equivale, sin embargo, a una ausencia absoluta de agua subterránea. El mismo diagnóstico señala que la alteración de los materiales y sus fisuras pueden albergar acuíferos superficiales. El agua aparece ligada a esas excepciones: alteración y fisuración, no a una permeabilidad general alta.
Detalle del arco de la ábsida de Santa María de Sendelle.
El informe los califica, en general, como poco extensos y de baja productividad, aunque pueden tener localmente gran interés. Es un contraste importante: la etiqueta de permeabilidad describe una tendencia de las formaciones, mientras que las fisuras o la alteración pueden generar situaciones distintas en puntos concretos.
El agua y las excepciones
También contempla otra relación: los depósitos modernos pueden recubrir, en algunos casos, acuíferos cautivos productivos. El panorama tiene, por tanto, dos escalas en la propia descripción: acuíferos superficiales vinculados a alteración o fisuración y, en ciertos casos, acuíferos productivos bajo depósitos modernos. La permeabilidad baja es la condición general, no una respuesta única para cada formación.
La misma caracterización asigna peligrosidad 0 a la expansividad y describe el sustrato como «no arcilloso». Es una pista distinta de la permeabilidad: una condición habla de la expansividad y la otra, de la facilidad con que el agua atraviesa las formaciones. Leídas juntas, las dos anotaciones permiten ver el terreno no como una etiqueta única, sino como un conjunto de propiedades que responden a preguntas diferentes.
Así se resuelve la tensión de Boimorto: la clasificación describe materiales generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad, pero admite excepciones por alteración y fisuras, además de acuíferos cautivos productivos bajo depósitos modernos en algunos casos. El subsuelo no se convierte en una esponja; ofrece poca permeabilidad general y caminos localizados para el agua. Ese es el retrato que dejan sus pizarras, esquistos, areniscas, conglomerados y flysch: no un único comportamiento, sino un terreno con resistencias y excepciones.
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