Historia geológica Localidad Cenicero

Cenicero, el barranco y la torre sitiada

En octubre de 1834, un barranco y el puente que lo cruzaba se interpusieron en el avance de las tropas carlistas por Cenicero. La defensa pasó de una barricada junto a la iglesia a una torre aislada, mientras el relieve marcaba el paso por la villa.

Una vista del casco urbano de Cenicero. En el asedio de 1834, el puente sobre el barranco condicionó el paso de las tropas por la villa.

Una vista del casco urbano de Cenicero. En el asedio de 1834, el puente sobre el barranco condicionó el paso de las tropas por la villa.

Foto: Zarateman, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Muy de mañana, el 21 de octubre de 1834, Tomás de Zumalacárregui cruzó el Ebro desde la orilla norte por el vado de Tronconegro, unos tres kilómetros al oeste de Cenicero. Buscaba alcanzar un convoy de armas que viajaba desde Burgos hacia Logroño. Cuando llegó al camino real, el convoy ya había pasado; la persecución continuó y, para atravesar Cenicero, las tropas carlistas debían cruzar el puente sobre el barranco que dividía el casco viejo de la zona nueva.

Al otro lado de ese paso se encontraba la Milicia Urbana de la villa. Sus 70 hombres levantaron una barricada ante el pórtico de la iglesia con puertas, colchones y sacos de paja. Frente a ellos avanzaba una fuerza de unos 5.000 soldados. El barranco no era el único protagonista de la jornada, pero sí una condición muy concreta del camino: el puente concentraba el tránsito y daba a los defensores un lugar donde tratar de frenarlo.

El barranco obliga a rodear Cenicero

La posición tuvo un efecto inmediato. El fuego de los Urbanos impidió a Zumalacárregui pasar por el puente, así que tuvo que rodear el pueblo. La maniobra le hizo perder tiempo, aunque no le arrebató el objetivo: los carlistas alcanzaron el convoy cuando ya estaba a la vista de Logroño y se apoderaron de él. Cenicero había entorpecido la marcha, pero no había conseguido salvar las armas.

El paso sobre el barranco siguió siendo una pieza reconocible de la forma urbana. En 1855 se construyó allí un puente, obra del ingeniero Miguel Alcolado, sobre el corte que separaba el casco viejo de la parte nueva. Es un dato posterior al asedio, no la prueba de que la estructura actual sea la misma que cruzaron las tropas en 1834. Sí deja clara la persistencia del obstáculo: para comunicar ambos lados de la villa había que resolver el cruce.

Terrazas entre el Ebro y el Najerilla

El barranco pertenece a una historia cercana y urbana. A una escala mayor, Cenicero se asienta en la ribera derecha del Ebro, junto al Najerilla. El término municipal está formado por terrazas naturales que vierten hacia ambos ríos y que se prestan al cultivo de la vid. El Ebro llega a esta altura con cauce ancho y caudal importante; el Najerilla, más pequeño, baja desde las estribaciones de la Sierra de la Demanda.

El relieve acompaña ese recorrido. La orilla del Ebro está a unos 405 metros de altitud, mientras que el sureste del término alcanza los 783 metros; el núcleo se encuentra a 437 metros. Así, el pueblo queda cerca de la cota baja del municipio, junto al gran río, y las terrazas y elevaciones aisladas suben hacia el interior. La agricultura, y en particular la viticultura, forma parte de esa relación entre las superficies del terreno y los dos cursos de agua.

El estudio geotécnico municipal muestra que el sustrato no es una sola clase de material. En su clasificación, el conjunto de areniscas, conglomerados y flysch representa el 66,25%; las arenas finas y limos, el 15,85%; las gravas y arenas compactas, el 7,62%; y la masa de agua, el 6,45%. Son categorías distintas, desde conjuntos de roca hasta materiales arenosos, limosos y gravosos. El reparto describe el término municipal: no identifica por sí mismo la piedra de la iglesia, la torre o el puente.

La tierra cultivable y el agua también han requerido obras y aprovechamientos. El regadío dio lugar a una amplia red de canales, mientras que la viticultura se convirtió en el principal producto agrícola de Cenicero. En 1951 se estableció agua corriente para toda la ciudad: otro momento de una historia local en la que los ríos y el terreno han sido parte del trabajo cotidiano, aunque el episodio de 1834 se decidiera en un cruce concreto, no en las terrazas de cultivo.

La entrada de Bodegas Riojanas recuerda el peso de la viticultura en Cenicero. Las terrazas naturales del término se prestan al cultivo de la vid.

La entrada de Bodegas Riojanas recuerda el peso de la viticultura en Cenicero. Las terrazas naturales del término se prestan al cultivo de la vid.

Foto: BodegasRiojanas, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Un cerro con castillo y territorio propio

Mucho antes del asedio, la altura ya tenía un papel en la vida de Cenicero. En 1375 la población recibió una carta poblacional que permitía repoblar la zona y la concebía como bastión frente a los navarros. Según el relato histórico, en esa época se construyó un castillo sobre el cerro desde el que se divisaba el caserío. El cerro ofrecía una posición elevada respecto a las casas; el documento lo vincula con la defensa y el control del lugar.

La relación de la comunidad con el territorio también se expresó en sus límites. A comienzos del siglo XV Cenicero ya contaba con territorio propio, y en 1403 hay documentos de litigios con Huércanos por lindes y pastos. Esas disputas muestran que el espacio cercano importaba tanto por sus recursos como por sus pasos. Siglos después, el barranco volvería a concentrar la atención, esta vez porque una columna armada necesitaba atravesar la villa.

El convoy alcanza el camino real

La mañana del 21 de octubre, tras perder el paso directo, las tropas carlistas rodearon Cenicero y siguieron tras el convoy. La Milicia Urbana quedó ante una decisión distinta: sostener la barricada o retirarse. Tenía solo 1.800 cartuchos. Desde las once de la mañana resistió junto a la iglesia, con el puente y el barranco detrás de la defensa y una fuerza muy superior delante.

Al regresar después de capturar el convoy, Zumalacárregui volvió a intentar apoderarse de los miembros de la milicia. La resistencia ya no dependía solo de cerrar un paso. Doña Benita Hernáez, cuyos dos hijos estaban dentro de la iglesia, fue obligada por los carlistas a pedirles que se rindieran a cambio de perdón. En lugar de aconsejarles que entregaran las armas, los animó a resistir; sus hijos la hicieron entrar con ellos.

La torre exenta resiste hasta el amanecer

Al anochecer, los Urbanos cedieron la barricada y se retiraron a una torre exenta. Ante su pequeña puerta levantaron un parapeto con losas arrancadas del suelo. Los asaltos carlistas no lograron tomarla. La defensa se había desplazado desde el puente y la iglesia hasta un recinto más reducido, donde la puerta y el parapeto ofrecían el último obstáculo.

Zumalacárregui ordenó incendiar la iglesia. Ardieron altares, órgano e imágenes, y el fuego se avivó con muebles de las casas de Cenicero. La torre quedó fuera de las llamas porque estaba separada del edificio; además, el cierzo, el viento del oeste mencionado en el relato, inclinó el fuego en dirección contraria. Ninguno de quienes se habían encerrado en la torre murió.

La lucha duró 26 horas. A las once de la mañana del 22 de octubre, las tropas carlistas abandonaron Cenicero. El relato cifra sus pérdidas en unos 60 muertos y más de 80 heridos. El convoy, sin embargo, había caído en sus manos: la barricada les retrasó y la torre resistió, pero la persecución alcanzó su objetivo.

Ese desenlace deja juntas dos huellas distintas. El barranco y el puente marcaron el paso que la milicia pudo cerrar por unas horas; la torre exenta quedó como refugio cuando la iglesia ardió. En Cenicero, la defensa no salvó el convoy, pero los hombres encerrados en la torre sobrevivieron y las tropas carlistas terminaron saliendo de la villa.

Tipos de terreno en Cenicero

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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