Casatejada, la jurisdicción tallada en piedra
Al pie del Camino Real, un rollo de piedra conserva la huella de una disputa que Casatejada no pudo resolver como esperaba. Su historia enlaza el poder municipal con un paisaje de materiales diversos, desde Campo Arañuelo hasta el montículo del Palacio de las Cabezas.
Casatejada vista desde las afueras, con las casas y las torres de la localidad bajo el horizonte de Campo Arañuelo.
Al pie del Camino Real, el rollo de Casatejada se alza sobre cinco escalones de piedra. Una columna cuadrada, cuatro salientes orientados a los puntos cardinales y una cruz de hierro coronan el monumento. En su superficie hubo un escudo de armas que los vecinos picaron y borraron al conseguir su independencia. No es solo una pieza antigua: condensa una disputa por quién debía gobernar la villa y cuánto costaba lograrlo. La piedra ha conservado la forma del símbolo, pero su eliminación cuenta otra parte de la historia: el poder cambió de manos y la autonomía tuvo un precio que Casatejada no pudo pagar.
Campo Arañuelo, un término de materiales distintos
Casatejada se encuentra en Campo Arañuelo, en la provincia de Cáceres. La localidad ocupa un paisaje que hoy atraviesan carreteras como la EX-A1, pero su historia no empieza con las vías modernas. El Camino Real ya forma parte de la escena del rollo: el monumento se levanta a su pie, asociado a una época en que la jurisdicción de la villa era una cuestión viva. El paisaje sirve aquí de marco para una historia política; no hace falta convertirlo en causa de las decisiones que tomaron sus habitantes.
El estudio geotécnico ofrece una imagen amplia del subsuelo municipal: la categoría más extensa, con un 57,56 %, reúne areniscas, conglomerados y flysch. Registra además granito, gneis y otras rocas ígneas (13,23 %), gravas y arenas compactas (11,39 %), y calizas, dolomías y mármoles (7,92 %). Son grupos de materiales diferentes distribuidos en el término, no una identificación única de la roca que forma cada edificio. El rollo, en cambio, aparece descrito específicamente como un monumento de piedra barroqueña. Así conviven dos escalas: la variedad del territorio y la piedra trabajada para levantar un símbolo local.
El rollo marca una disputa de 1635
La fecha que el monumento lleva asociada es 1635, durante el reinado de Felipe IV. La historia municipal sitúa ese año el intento de comprar a la Hacienda Real la exención jurisdiccional de Plasencia: Casatejada buscaba dejar atrás una dependencia y gobernarse por cuenta propia. La descripción patrimonial del rollo vincula también 1635 con la compra de la jurisdicción. La columna, colocada junto al Camino Real, hace visible la importancia que adquirió aquella fecha para la memoria local.
Su diseño convierte una idea legal en una forma reconocible. La grada de cinco escalones eleva la columna; cuatro canecillos miran a los puntos cardinales y, encima, una bola sostiene la cruz de hierro. En el rollo estuvo tallado el escudo de los Valle de la Cerda. Los vecinos lo picaron y lo borraron cuando Casatejada consiguió su independencia. El gesto dejó una historia de poder inscrita en la propia piedra: primero el emblema de una casa señorial, después su eliminación. El monumento no es solo una columna; registra la disputa por quién podía representar a la villa.
El rollo jurisdiccional de Casatejada, levantado sobre una grada de piedra y coronado por una cruz de hierro.
Una exención que la villa no pudo pagar
La aspiración chocó con un obstáculo concreto: el dinero. La narración histórica de Casatejada explica que no pudo pagar la exención y que la población se vendió a Pedro Valle de la Cerda. El intento de apartarse de Plasencia acabó, por tanto, sin la autonomía que buscaba y con un retroceso económico que redujo notablemente el vecindario. El rollo conserva la fecha y el recuerdo de la jurisdicción; la historia de la operación recuerda, a la vez, que levantar un símbolo de autoridad no bastaba para asegurarla.
Casatejada había alcanzado antes una posición destacada en la zona: en 1571 era la población más habitada. No se conoce la fecha de su fundación, así que ese dato ofrece un punto firme, no un origen. La villa también recibió visitas reales. Fernando el Católico estuvo allí en 1515; casi dos siglos después, Felipe V permaneció tres meses en Casatejada, en 1710, en plena Guerra de Sucesión. Esas visitas sitúan al pueblo en episodios de la monarquía, pero no borran el contraste entre su relevancia y las dificultades económicas que atravesó.
La guerra golpea las casas y la población
La Guerra de Sucesión también alcanzó a los habitantes de Casatejada: 300 vecinos combatieron contra la caballería austriaca. El dato sitúa a una parte importante de la comunidad en el conflicto, mientras Felipe V permanecía en la villa durante tres meses. No se trata de dos episodios aislados de la misma historia local: el pueblo alojó al rey y, a la vez, sus vecinos participaron en la guerra que disputaba la sucesión al trono.
Más tarde, durante la Guerra de la Independencia, las tropas napoleónicas se apoderaron de la población. Saquearon las iglesias y destruyeron tres cuartas partes de las viviendas. Las guerras, junto con el paludismo, hicieron disminuir la población, que no logró recuperarse hasta bien entrado el siglo XX. En el recorrido del rollo, la pérdida de casas y habitantes cambia el sentido de la piedra: el monumento permaneció mientras la villa soportaba daños mucho mayores que una disputa jurisdiccional.
Tras la caída del Antiguo Régimen, Casatejada se constituyó en municipio constitucional y quedó integrada desde 1834 en el partido judicial de Navalmoral de la Mata. El censo de 1842 registró 260 hogares y 1.424 vecinos; a mediados del siglo XIX se contabilizaban 250 casas. Esas cifras describen una comunidad asentada después de décadas de conflictos, aunque no eliminan el descenso anterior. El rollo, todavía en pie, y la condición municipal recién constituida pertenecen a momentos diferentes de una larga relación entre autoridad y población.
El Palacio de las Cabezas mira sobre el Campo Arañuelo
En 1876, el primer marqués de Comillas hizo construir el Palacio de las Cabezas como pabellón de caza. Rodeado de encinas y alcornoques, se levanta sobre un montículo desde el que domina casi todo Campo Arañuelo. El emplazamiento ofrece otra imagen del término municipal: ya no la columna al pie del Camino Real, sino una residencia destacada sobre una elevación. El montículo es un rasgo local documentado; la información disponible no permite atribuirle una causa geológica concreta ni vincularlo con la piedra barroqueña del rollo.
Décadas después, el palacio fue escenario de dos encuentros entre Francisco Franco y Juan de Borbón, conde de Barcelona. Se celebraron el 28 de diciembre de 1954 y el 28 de marzo de 1960. En las reuniones se habló de la sucesión monárquica y de la educación que recibiría el príncipe Juan Carlos, que entonces tenía 16 años. Dos placas en los torreones de entrada recuerdan aquellos encuentros. El antiguo pabellón de caza quedó asociado así a conversaciones sobre el futuro de la monarquía, una nueva etapa en la historia política que había marcado también el rollo de 1635.
El paisaje del municipio reúne hoy la localidad de Casatejada y el núcleo de Baldío; en 2025 contaba con 1.393 habitantes. La línea ferroviaria entre Madrid y Cáceres y la autovía EX-A1 forman parte de sus conexiones actuales, mientras el rollo continúa junto al Camino Real. El desenlace de la disputa del siglo XVII no fue la exención que se intentó comprar: la operación no pudo pagarse y la población pasó a Pedro Valle de la Cerda. Pero el municipio se constituyó más tarde, y el monumento sigue en pie con el escudo borrado. Al mirar la columna, la piedra ya no habla solo de autoridad: también muestra lo que una comunidad conservó después de perderla.
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