Villadiego, un territorio en capas
La plaza Mayor conserva el centro de una villa medieval; el municipio que hoy lleva su nombre se extiende mucho más allá. Entre ambos caben una historia de límites cambiantes y un subsuelo con varias familias de materiales.
La plaza Mayor de Villadiego, con sus soportales y la estatua de Fray Enrique Flórez en el centro. El núcleo histórico sigue articulando la villa.
En Villadiego, el Arco de la Cárcel señala una entrada antigua y la plaza Mayor, con sus soportales, mantiene el pulso del núcleo histórico. Pero la villa y el municipio no son la misma escala: el nombre de Villadiego abarca hoy un término extenso, formado también por localidades que se incorporaron en distintas épocas. La historia del lugar se lee así en dos planos que se tocan sin confundirse: el crecimiento de un núcleo urbano y los cambios del territorio administrativo que lo rodea.
Del núcleo medieval al término actual
La fundación de Villadiego se atribuye al conde Diego Rodríguez Porcelos, señor de Amaya, en el siglo IX. El núcleo urbano se desarrolló alrededor de un centro que todavía reconocemos en la plaza Mayor. Su traza porticada y los soportales doblados reúnen buena parte de esa continuidad; el conjunto histórico fue declarado bien de interés cultural el 29 de diciembre de 1994.
Al norte de la plaza, la calle de la Vega conduce al Arco de la Cárcel. El edificio fue originalmente una puerta de entrada y formaba parte del sistema de muralla. Es la única de las cuatro puertas que se conserva; junto a las paredes aledañas del convento de las Agustinas, ofrece una huella visible del límite que protegía la villa. Más tarde, en los siglos XIX y XX, el edificio se utilizó como cárcel y hoy alberga un museo pictórico.
La villa también fue cabecera de una jurisdicción más amplia. Entre 1785 y 1833 encabezó el partido judicial de Villadiego, y en 1787 aparecía como cabecera del partido de la Intendencia de Burgos. Aquel territorio se organizaba en cuadrillas —entre ellas las de Amaya, Odra, Olmos, Sandoval y Valdelucio—, además de pueblos, villas, lugares y otros asentamientos. El mapa administrativo era ya más amplio que las calles agrupadas alrededor de la plaza.
Un subsuelo con varias familias de materiales
La geología ayuda a entender la variedad del escenario municipal, aunque no permite atribuir automáticamente un material concreto a la plaza o a la muralla. El estudio geotécnico de Villadiego recoge cuatro grupos principales: calizas, dolomías y mármoles; areniscas, conglomerados y flysch; gravas y arenas compactas; y arenas finas y limos. En sus porcentajes respectivos, esos grupos representan el 34,82 %, el 32,80 %, el 15,21 % y el 2,13 % de la clasificación presentada.
Los nombres describen materiales distintos, no una única capa continua bajo cada edificio. Las calizas, dolomías y mármoles son rocas carbonatadas; las areniscas y los conglomerados son rocas sedimentarias, mientras que gravas, arenas y limos se clasifican como sedimentos. El término flysch designa una asociación de materiales sedimentarios. En el conjunto del municipio, las dos primeras categorías son las más representadas en esa clasificación. El dato ofrece una imagen de la diversidad del término, no una identificación de la piedra empleada en una construcción determinada.
Entre esos materiales, las formaciones carbonatadas tienen una relación particular con el agua. La karstificación es el proceso por el que el agua disuelve lentamente la roca carbonatada y puede ensanchar discontinuidades hasta formar cavidades. El estudio describe zonas medianamente karstificadas y señala que a veces aparecen karsts importantes dispersos. También registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Eso sitúa el proceso en la lectura geotécnica del municipio, sin convertir cada lugar —ni el centro histórico— en un punto afectado.
La misma información menciona movimientos actuales o potenciales del terreno, incluidos deslizamientos y desprendimientos. Son procesos que no deben confundirse con la karstificación: en un caso puede cambiar el equilibrio de materiales en una ladera; en el otro, la disolución de roca carbonatada puede generar cavidades y hundimientos. Juntos muestran que el término municipal no es un bloque geológico uniforme. El paisaje reúne materiales y comportamientos distintos, y la escala de esa descripción es el municipio.
La geografía administrativa también reúne más de una referencia regional. Villadiego pertenece a la comarca de Odra-Pisuerga y comprende partes de Amaya, los Ordejones y Treviño. Los Ordejones se describen como una zona montañosa donde se encuentran Villavedón y Villusto; Treviño se sitúa entre los ríos Odra y Brullés. Son nombres que amplían el mapa del municipio más allá de la villa central, sin que por sí solos expliquen las causas de sus límites.
Fachada de Caja Rural en Villadiego. Una vista del tejido urbano actual, distinto de la escala municipal que reúnen los cambios de límites.
Los límites cambian en el siglo XIX
Los censos permiten seguir un cambio concreto del término. Entre el censo de 1857 y el anterior, Tobar y Barrios de Villadiego se independizaron; al mismo tiempo, Boada de Villadiego y Tablada de Villadiego se incorporaron al municipio. No fue una expansión lineal: el mapa perdió y ganó localidades. El resultado fue una nueva composición administrativa, distinta de la que había quedado descrita para la jurisdicción del siglo XVIII.
La transformación importa porque separa dos historias que a menudo se funden en el mismo nombre. Villadiego, como localidad, conserva un núcleo medieval reconocible; Villadiego, como municipio, cambia de extensión y de integrantes. La plaza y el Arco permiten seguir la persistencia del centro, mientras que las variaciones censales registran cómo se reordenó el territorio alrededor de él. No hay que imaginar que las calles crecieran al mismo ritmo que el término: las fuentes documentan cambios municipales, no una expansión urbana equivalente.
Las incorporaciones de 1970 y 1981
En torno al censo de 1970, el término volvió a crecer. Se incorporaron Arenillas de Villadiego, Barrios de Villadiego, Olmos de la Picaza, Villalbilla de Villadiego, Villanueva de Puerta y Villusto, además de una parte de la disgregación de Villarmentero. Algunas de esas unidades comprendían a su vez otros núcleos: Arenillas incluía Villahernando, Villalibado y Villaute; Olmos de la Picaza, Castromorca y Villanoño; y Villanueva de Puerta, Boada de Villadiego y Hormicedo.
Entre el censo de 1981 y el anterior se sumaron Acedillo, Coculina, Sandoval de la Reina, Tapia, Los Valcárceres, Villahizán de Treviño, Villanueva de Odra y Villavedón. Acedillo comprendía Bustillo del Páramo y Hormazuela; Villavedón, Rioparaíso y Palazuelos de Villadiego. Con estas agregaciones sucesivas, el municipio incorporó una geografía de pueblos y núcleos diversos. El desenlace de este recorrido es el término actual, mucho más extenso que la villa que le da nombre.
La plaza y el territorio: dos escalas que permanecen
La diferencia entre ambas escalas sigue siendo visible en las cifras: el municipio tenía 1.453 habitantes y la localidad 845, según los datos de 2025 recogidos en la fuente. El término, con 327,96 kilómetros cuadrados, es el de mayor extensión de la provincia de Burgos. Así, la imagen urbana del centro medieval convive con un municipio que comprende espacios más amplios y varias localidades.
Desde 2017, Villadiego forma parte del Geoparque Las Loras, y en 2022 abrió en la calle de Diego Porcelos su centro de recepción de visitantes. La inclusión sitúa el municipio dentro de un territorio reconocido por su interés geológico; no convierte, sin embargo, cada edificio del casco histórico en una muestra directa de una roca concreta. El estudio geotécnico aporta la escala municipal de sus materiales y procesos, mientras que el Arco de la Cárcel conserva la historia urbana del paso y la muralla.
El episodio administrativo acabó reuniendo bajo un mismo municipio localidades incorporadas a lo largo de los siglos XIX y XX; el núcleo de la villa, en cambio, sigue articulado alrededor de su plaza y su antigua puerta. Frente al Arco de la Cárcel coinciden esas dos permanencias: la entrada que sobrevivió a la muralla y el nombre de un territorio que fue cambiando de extensión. La piedra conserva una puerta; el mapa, un municipio construido por sucesivas agregaciones.
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