Casas de Don Pedro, muros de pizarra
La iglesia de San Pedro Apóstol reúne en sus muros la pizarra y, en puertas y ventanas, el ladrillo. Su historia permite seguir cómo un material presente en el paisaje de Casas de Don Pedro pasó a formar parte de uno de sus edificios más reconocibles.
La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, construida desde finales del siglo XIV y reformada en etapas posteriores.
En la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, la pizarra no es un detalle escondido: forma los muros. El ladrillo marca la puerta, las ventanas y el mainel, la pieza vertical que divide una ventana. Dos materiales comparten la fachada y cuentan, sin palabras, una historia de construcción y cambios que se prolonga desde la Edad Media hasta las reformas posteriores.
San Pedro levanta sus muros
La iglesia empezó a construirse a partir de finales del siglo XIV. No fue una obra que quedara congelada en su primer aspecto: el edificio se reformó después, y su fachada corresponde a una etapa gótica tardía, fechada hacia 1499. El templo que hoy identifica el centro de Casas de Don Pedro es, por tanto, el resultado de distintas fases, no la fotografía intacta de un único momento.
Seguir esas fases obliga a mirar también la fábrica. La descripción del edificio distingue mampostería de pizarra en los muros y ladrillo en los huecos arquitectónicos. La mampostería reúne piezas de piedra para formar una pared; aquí, el ladrillo aparece en lugares concretos de la puerta y las ventanas. El contraste permite reconocer dos funciones visibles sin atribuir a los constructores motivos que no constan.
Un término entre la sierra y el Guadiana
La iglesia se encuentra en un municipio de relieves variados. Al norte se alza la sierra de la Chimenea, con el Cerro Moral, de 672 metros, y el Valle de la Fuente, de 636. Hacia el sur, el Guadiana marca el límite municipal a través del embalse de Orellana; allí la altitud llega a 320 metros. El pueblo se sitúa a 385 metros sobre el nivel del mar, entre esas cotas distintas.
La clasificación geotécnica del término registra «Pizarras y Esquistos» en el 43,75 % de sus suelos; también distingue «Areniscas, Conglomerados y Flysch» y masas de agua, entre otras categorías. Es un retrato territorial, no una identificación del lugar exacto de donde salió la piedra de la iglesia. Sí permite poner en contexto el material nombrado en sus muros: la pizarra forma parte de las categorías geológicas presentes en el municipio.
El recorrido entre las cotas altas y la ribera da escala a esa diversidad. El término incluye planicies y riscos, y llega hasta el embalse; no es un paisaje uniforme alrededor del casco urbano. La ficha geotécnica clasifica además sectores con movimientos actuales o potenciales, como deslizamientos y desprendimientos, y otros donde predominan deslizamientos en formaciones blandas. Son procesos reconocidos a escala municipal, no una descripción de la iglesia ni de un punto concreto.
La ribera de Los Calicantos acerca la vista al Guadiana y al embalse de Orellana, que forma el límite meridional del término. El agua y las laderas muestran el contraste de alturas que acompaña a la historia construida de Casas de Don Pedro.
La ribera de Los Calicantos junto al embalse de Orellana, en el límite meridional del término de Casas de Don Pedro.
Una fachada gótica cambia el edificio
Hacia 1499, la fachada llegó a la última época del gótico. Ese dato coloca una transformación arquitectónica en el tiempo de los señoríos que gobernaban la localidad, pero no convierte cada cambio del templo en una obra atribuible a una sola familia. La iglesia fue reformada en etapas posteriores y conservó, en su combinación de pizarra y ladrillo, una fábrica donde los materiales siguen siendo parte de su identidad visible.
La arquitectura de San Pedro incluye también contrafuertes cilíndricos en la cabecera y estribos prismáticos en la nave. Un contrafuerte es un refuerzo adosado a un muro; la fuente describe esas formas y su posición en el edificio. En el interior, el coro elevado se apoya sobre un arco escarzano, rebajado respecto a un arco semicircular. Son rasgos concretos de una iglesia que fue tomando forma en más de una fase.
Los Sotomayor dejan su marca
Los escudos conservados en el templo enlazan la arquitectura con quienes ejercieron el señorío. En la fachada aparecen las armas de Alfonso II de Sotomayor e Isabel de Castro, casados en 1497. Otros escudos están en la clave de la cúpula y se relacionan con Francisco I de Sotomayor, que contrajo matrimonio con Teresa de Zúñiga en 1518. La piedra tallada añadió nombres y emblemas a los muros de la iglesia.
La historia de Casas de Don Pedro ya estaba ligada a poderes señoriales antes de esas alianzas. En 1314 figuraba como lugar del señorío de Puebla de Alcocer. En 1344 pasó a Bernart de Cabrera y, en 1445, Juan II concedió el señorío a Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara. Más tarde, este lo transformó en mayorazgo para sus hijos, los condes de Belalcázar. La sucesión de señores cambió la autoridad sobre el lugar; la iglesia, en cambio, fue reuniendo sus etapas materiales en el mismo edificio.
Casas de Don Pedro obtiene la condición de villa
En 1594, Casas de Don Pedro formaba parte de la Tierra de Belalcázar, en la provincia de Trujillo. Mucho después, los vecinos buscaron cambiar su posición jurídica. Juan Manuel Diego López de Zúñiga, duque de Béjar, les concedió en 1731 licencia para solicitar al rey Felipe V el privilegio de hacerse villa. La petición no equivalía todavía a la concesión: el resultado llegó dos años más tarde.
La Real Cédula se firmó en Sevilla el 23 de febrero de 1733. Casas de Don Pedro adquirió entonces el rango de villa, con justicias propias e independencia de todo señorío. Contaba con unos cien vecinos, alrededor de 500 habitantes. El cambio fue político y administrativo; no borró la historia acumulada en San Pedro ni alteró la variedad de terrenos que rodeaba la población. La villa se independizó de sus señores mientras su iglesia seguía reuniendo huellas de distintos tiempos.
La pizarra permanece en San Pedro
El edificio recibió después otra intervención: Ricardo Ballester Galarza remodeló su arquitectura gótica y dio mayor viveza a sus realces contemporáneos, según la descripción patrimonial. Así, la historia del templo no termina con la fachada de hacia 1499. A la construcción iniciada a finales del siglo XIV se sumaron reformas y nuevos detalles, sin que desapareciera el dato más tangible de su fábrica: muros de mampostería de pizarra junto a elementos de ladrillo.
En Casas de Don Pedro, el relato geológico no necesita atribuir a una cantera desconocida el origen de cada pieza. Basta con reunir dos escalas documentadas: la clasificación municipal, donde figuran pizarras y esquistos, y la descripción material de la iglesia. La primera sitúa el tipo de terreno en el término; la segunda identifica la pizarra en los muros de San Pedro.
La iglesia que comenzó a levantarse en la Edad Media atravesó cambios de estilo, reformas y el paso de la localidad del señorío a la villa. Su resultado permanece en el casco urbano: un edificio de varias etapas, con la pizarra en sus paredes y el ladrillo en sus vanos. La fachada ya no es solo una fecha; es el punto donde la historia de Casas de Don Pedro sigue teniendo forma material.
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