Benimodo, la llanura que volvió a poblarse
Benimodo parece una llanura tranquila, pero su historia incluye asentamientos antiguos, una ruptura demográfica y una lenta recuperación. Para seguir ese recorrido hay que mirar tanto a los campos y al agua como a los materiales que forman el subsuelo del término.
El ayuntamiento de Benimodo sitúa la historia en el núcleo urbano actual, escenario de una recuperación que se prolongó durante siglos.
La superficie mayoritariamente llana de Benimodo se extiende desde el cauce del río Seco hacia el suroeste. En sus 12,52 km², el paisaje actual convive con huellas de épocas muy distintas y con una historia marcada por el trabajo agrícola. Pero la continuidad del lugar no significa que siempre lo ocupara la misma gente: el asentamiento casi se vació en 1609 y después inició una recuperación lenta. Bajo esa historia humana hay también un terreno diverso, que los registros describen a escala municipal.
Coves del Truig abre la historia
Las primeras huellas de población localizadas en el término aparecen en el paraje montañoso de Coves del Truig. Corresponden a la Edad del Bronce, entre 1800 y 1200 a. C. El contraste con la llanura predominante ayuda a situar esta evidencia: aquellos restos se encontraron en un paraje de montaña, no en un paisaje uniforme que permita imaginar un único foco de ocupación.
Mucho después, l’Alteró de la Sénia fue otro lugar de asentamiento. Allí se han encontrado materiales arqueológicos, sobre todo cerámica, fechados en el siglo I d. C. Las dos referencias dibujan presencias separadas en el tiempo: primero los restos de la Edad del Bronce en Coves del Truig; siglos más tarde, material romano en l’Alteró. La historia local empieza así con huellas repartidas por el término, no con una sola comunidad que permanezca intacta a través de las épocas.
Benimòdol entra en los documentos
El origen histórico del pueblo se vincula al periodo islámico y también permanece en su nombre. Benimodo se relaciona con las formas árabes Bani-Mudar o Bani-Mawdud, asociadas a una tribu árabe. A finales del siglo XIII aparece documentado el topónimo Benimòdol. El nombre fija por escrito una presencia local mientras el territorio formaba parte de un señorío compuesto por varias alquerías.
Tras la conquista de Jaume I, Benimodo fue entregado a Pere de Montagut junto con otras alquerías del señorío de Carlet. La posesión pasó después por distintas manos: los Vilanova vendieron el señorío a los jurados de Valencia en 1374 y Gonçal de Castellví lo compró de nuevo en 1375. En 1522, durante la revuelta de las Germanías, los agermanats saquearon la población. La vida local atravesó cambios de poder y episodios de violencia, pero la ruptura más profunda para su población llegaría más tarde.
1609 deja Benimodo casi vacío
En 1535, la parroquia de Benimodo se separó de la de Carlet y fue erigida en rectoría de moriscos; en 1550 se declaró libre. En 1609, la expulsión de los moriscos dejó el municipio prácticamente despoblado. No fue un cambio menor en la historia del pueblo: la comunidad que ocupaba el lugar desapareció en gran medida y el crecimiento posterior tuvo que abrirse paso desde una situación de fuerte despoblación.
La Fuente de la Barca, en la plaza Machí. El regadío del término se abastece de la Acequia Real del Júcar, del río Verde y de pozos.
La recuperación demográfica y económica fue lenta. La iglesia de la Inmaculada Concepción, construida en el siglo XVIII, se levantó sobre otra anterior; esta, a su vez, probablemente había sido edificada en el siglo XVI sobre la antigua mezquita. La sucesión de edificios da una medida concreta de las capas históricas del núcleo, sin borrar la fractura de 1609. Entre los siglos XVI y XVIII, junto a la agricultura mediterránea, tuvo importancia el cultivo y la manufactura artesanal de la seda.
La llanura y un subsuelo de contrastes
La llanura que domina el término no equivale a un subsuelo hecho de un solo material. La clasificación geotécnica municipal recoge arenas finas y limos, que representan el 56,57 % de las categorías registradas, y calizas, dolomías y mármoles, con el 35,02 %. Las arenas finas están formadas por granos mayores que los limos, cuyos granos son más pequeños; las calizas, dolomías y mármoles son materiales rocosos de naturaleza carbonatada. La relación describe el término municipal, no la piedra de un edificio concreto.
El estudio señala también formaciones carbonatadas muy karstificadas en su conjunto. La karstificación es la transformación de rocas solubles por el agua, que puede ensanchar discontinuidades; aquí se registra como una característica de las formaciones, no como una descripción de una cueva particular. Cinco sondeos geológicos alcanzan una profundidad media de 243,6 m y el más profundo llega a 297 m. En esos sondeos, la profundidad media registrada para el agua es de 64,2 m. Son cifras de exploraciones del subsuelo: muestran que bajo el paisaje llano se han estudiado materiales a gran profundidad.
El regadío acelera la recuperación
La agricultura fue una de las bases de la economía local, y el agua permitió sostener el regadío. Según la descripción municipal, sus fuentes incluyen la Acequia Real del Júcar, el río Verde y pozos cuyas aguas se elevan mediante motor. En el término se cultivan arroz, naranjas, frutales, hortalizas y cereales; en secano, uva moscatel. Esa variedad muestra distintas formas de aprovechar el territorio, aunque no permite atribuir cada cultivo a una clase concreta de suelo.
A finales del siglo XIX se expandió la viña y los regadíos se fueron ensanchando; ese crecimiento aceleró el aumento de población. La recuperación que había seguido a la expulsión encontró así una nueva etapa de expansión agrícola. Durante la segunda década del siglo XX y los años de la Segunda República, el desarrollo local se reflejó en edificios y servicios: se construyeron el cementerio, casinos, escuelas públicas y fuentes. Al mismo tiempo, el auge agrario puso las bases de la futura expansión de la naranja durante el siglo XX.
Escuelas, naranjos y expansión urbana
La Guerra Civil, iniciada en 1936, truncó aquel desarrollo. Después, durante el resto del siglo XX, la población creció de manera moderada. La transformación volvió a acelerarse a finales de ese siglo y comienzos del XXI, cuando una fuerte expansión urbanística aumentó la población. El pueblo que había quedado casi despoblado en 1609 alcanzó así una nueva escala, sin abandonar su relación histórica con la agricultura.
En 2025 Benimodo cuenta con 2.332 habitantes. La llanura, el agua de riego y los materiales registrados bajo el término forman parte del escenario de esa trayectoria, aunque no expliquen por sí solos cada cambio social. El desenlace de la larga ruptura no fue un regreso instantáneo: fue una recuperación lenta, seguida de expansión agrícola y, mucho después, urbana. La fuente de la plaza Machí queda hoy en un pueblo que volvió a crecer, sobre el mismo término donde aquellas primeras huellas y los asentamientos posteriores dejaron su rastro.
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