Historia geológica Localidad Benifairó de les Valls

Benifairó, entre montaña y llanura

Desde la ermita del Buen Suceso, 189 escalones suben hasta un montículo; al oeste se alzan las cumbres de Romeu y al este se abre el llano. Entre ambos paisajes, Benifairó ha atravesado despoblaciones, repoblaciones y cambios de municipio sobre un subsuelo mucho menos uniforme de lo que parece.

Benifairó y Quartell vistos desde la ermita del Buen Suceso: el núcleo urbano aparece enmarcado por los relieves del entorno.

Benifairó y Quartell vistos desde la ermita del Buen Suceso: el núcleo urbano aparece enmarcado por los relieves del entorno.

Foto: Qoan, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El término de Benifairó de les Valls se entiende mejor mirando de oeste a este. Primero aparecen los relieves de los montes de Romeu; después, el pueblo, asentado en terreno llano y unido en un mismo núcleo urbano con Faura. La Rodana, l’Eixeve y el Pic de la Creu destacan entre las alturas principales: alcanzan, respectivamente, 194, 339 y 346 metros. El pueblo ocupa el contraste entre esas elevaciones y la llanura, un escenario que ha permanecido mientras cambiaban sus habitantes y sus límites políticos.

La Rodana y el camino del agua

El barranco de la Rodana drena el término. El paisaje no es una superficie igual de un extremo a otro: en el oeste es montañoso y hacia el este se aplana. En las tierras no cultivadas crecen pinos, romero y coscoja. Son datos sencillos, pero dibujan un municipio con dos caras reconocibles: la ladera y el llano, la vegetación de los espacios sin cultivar y las tierras trabajadas.

También el calendario de la lluvia marca el paisaje. El viento de levante es el más frecuente y trae precipitaciones, generalmente en otoño y primavera. En el estudio geotécnico, el agua vuelve a aparecer bajo otra forma: algunas formaciones carbonatadas del término se describen como medianamente karstificadas, con karsts importantes dispersos en ocasiones. La karstificación se produce cuando el agua disuelve lentamente la roca carbonatada y va creando huecos; el estudio registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Es una descripción de áreas del municipio, no una señal de que cada parcela o edificio presente ese comportamiento.

Un subsuelo de calizas y otros materiales

La clasificación geotécnica atribuye un 77,54 % a calizas, dolomías y mármoles. Añade areniscas, conglomerados y flysch, con un 11,65 %, y arcillas y margas sobreconsolidadas duras, con un 9,63 %. No se trata, por tanto, de una sola clase de material bajo todo Benifairó. El predominio de rocas carbonatadas ayuda a entender por qué la karstificación forma parte de la caracterización del término; las otras categorías muestran que el mosaico geológico municipal incluye también materiales distintos.

La descripción geográfica y la clasificación del subsuelo cuentan historias relacionadas, pero no intercambiables. Una habla de montañas al oeste, llano al este y un barranco que drena el término; la otra cuantifica materiales a escala municipal. Ninguna autoriza a adjudicar una roca concreta a la ermita o a una casa solo por su aspecto. Lo que sí permite es reconocer que los habitantes han ocupado un paisaje diverso, con elevaciones, llanura y un subsuelo donde las rocas carbonatadas pueden desarrollar formas kársticas.

La ermita corona el montículo

En el siglo XVII, la ermita del Buen Suceso ocupó lo alto de un montículo. Se accede tras subir 189 escalones: una construcción humana que hace visible, en plena localidad, el paso entre la parte llana y una elevación. La imagen no explica por sí sola la composición de la colina, pero sitúa a la ermita en el relieve que caracteriza el entorno. A su alrededor, el municipio reúne el núcleo llano y las alturas de Romeu.

El relieve no es el único hilo que conecta las épocas. La historia de Benifairó empieza en un pasado andalusí cuyo origen se conoce escasamente. Se ha planteado que el pueblo pudo resultar de la unión de varias alquerías vecinas. Contó con amurallamiento desde época andalusí y todavía quedan vestigios incorporados a algunos edificios antiguos. Esas huellas no reconstruyen por sí solas el asentamiento, pero señalan que la localidad tuvo una organización anterior a los grandes cambios del siglo XVII.

La escalinata asciende hacia la ermita del Buen Suceso, situada sobre un montículo; el acceso cuenta con 189 escalones.

La escalinata asciende hacia la ermita del Buen Suceso, situada sobre un montículo; el acceso cuenta con 189 escalones.

Foto: Juan Emilio Prades Bel, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Benifairó vuelve a poblarse

El cambio más brusco llegó en 1609, con la expulsión de los moriscos: Benifairó quedó prácticamente despoblado. Décadas antes, el censo de Jerónimo Muñoz, de 1565-1572, le atribuía 28 vecinos, unos 112 habitantes. El golpe de 1609 alteró la continuidad de la comunidad en el mismo territorio. El llano, el barranco y las laderas no desaparecieron; lo que se quebró fue la vida del pueblo tal como se había sostenido hasta entonces.

La respuesta quedó escrita en una carta puebla fechada el 28 de diciembre de 1610. Juan de Alpuente, barón de Benifairó, llevó a término la iniciativa de repoblación. La secuencia tiene dos fechas próximas y un resultado reconocible: después de la expulsión, la población volvió a asentarse en la localidad. Desde la conquista cristiana hasta comienzos del siglo XVII, Benifairó había pertenecido a los Vives de Canyamars; más tarde volvió a manos de esa familia, cuyo dominio perduró hasta la supresión de los señoríos en 1814.

La Casa Palacio conserva otra huella

De comienzos del siglo XVII es también la Casa Palacio de los Vives de Cañamas, concebida como residencia de los titulares del señorío. La construcción se encargó al genovés Andrea Lurago. Originalmente tenía planta cuadrada, patio central y torres en las cuatro esquinas. Hoy se conservan la torre noreste, algunas fachadas y muros interiores con arcos y capiteles. El edificio no es una prueba de que la geología decidiera dónde se levantó, pero sí una huella visible de quienes ejercieron el poder en el pueblo durante la época en que se reorganizaba su población.

En 1814 desapareció el régimen señorial. Después, en 1884, Benifairó se fusionó con el vecino Faura y ambos formaron la Villa de la Unión. La unión terminó en 1906 y Benifairó recuperó su condición de municipio independiente. El llano que hoy comparten los dos núcleos urbanos fue también escenario de esa historia política: dos localidades contiguas llegaron a constituir una sola entidad y luego volvieron a separarse administrativamente.

El llano sigue cambiando

La llanura conserva una relación estrecha con la agricultura, aunque no sea posible atribuir su uso a un único tipo de roca. El municipio cuenta con 148 hectáreas cultivadas y los cítricos representan el 94 % de las superficies beneficiadas por el riego. Hay una tendencia a sustituir naranjos por mandarinos y, más recientemente, plantaciones de naranjos están siendo reemplazadas por aguacates. La economía local incluye también la manipulación y transformación de productos agrícolas.

Campos de naranjos detrás de la ermita, en Benifairó; los cítricos siguen teniendo un papel destacado en la agricultura local.

Campos de naranjos detrás de la ermita, en Benifairó; los cítricos siguen teniendo un papel destacado en la agricultura local.

Foto: Joanbanjo, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Ese paisaje de cultivo tampoco es inmutable. La superficie agraria útil ha descendido por la conversión de terrenos en suelo urbano-industrial y por la ocupación de infraestructuras viarias. A escala más amplia, la población pasó de 766 habitantes a mediados del siglo XIX a 1.514 en 1960; el censo de 1994 registró 2.010. La cifra de 2025 es de 2.359. Tras la despoblación de 1609, el pueblo repoblado creció, se unió administrativamente a Faura y recuperó su independencia; en tiempos recientes, el uso del suelo también ha cambiado.

Desde la escalera de la ermita, el montículo sigue dominando el encuentro entre la ladera y el llano. Bajo ese paisaje, las rocas carbonatadas y otros materiales componen un término diverso; sobre él, Benifairó ha reconstruido su comunidad y transformado sus usos. La altura permanece. Lo que cambia, una y otra vez, es la vida que se organiza a sus pies.

Tipos de terreno en Benifairó de les Valls

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
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    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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