Historia geológica Localidad Belmonte

Belmonte, entre la roca y la memoria

En 1976, el hundimiento de parte del ábside de San Bartolomé dejó al descubierto restos de una iglesia mucho más antigua. Bajo la colegiata, y bajo la llanura que rodea Belmonte, se superponen historias distintas: unas construidas por sus habitantes y otras modeladas lentamente por el agua y la roca.

Vista panorámica de Belmonte tomada desde el castillo, con la población extendida frente a la llanura manchega.

Vista panorámica de Belmonte tomada desde el castillo, con la población extendida frente a la llanura manchega.

Foto: José Luis Filpo Cabana, CC BY 3.0 — commons.wikimedia.org

En 1976, parte del ábside de la Colegiata de San Bartolomé se hundió. Las excavaciones realizadas entonces sacaron a la luz las ruinas de una iglesia anterior, visigótica y quizá del siglo V. Bajo el edificio gótico apareció así una Belmonte más antigua: no un recuerdo escrito, sino restos enterrados en el mismo lugar. El hallazgo añadió una etapa a la historia del pueblo y convirtió un daño en una ocasión para descubrir qué había ocupado aquel solar antes de la colegiata.

San Bartolomé se había levantado en el siglo XV sobre aquella iglesia anterior. Sus muros, por tanto, no inauguran el uso del lugar, sino que lo continúan. La excavación de 1976 permitió reconocer esa continuidad bajo el ábside, allí donde parte de la estructura había cedido. La iglesia más antigua se identifica como visigótica y su fecha se expresa con cautela: tal vez el siglo V. Entre ambos edificios median siglos de historia, en un pueblo cuyo paisaje también guarda contrastes menos visibles que sus calles y monumentos.

La llanura entre el Cerro Espartoso y el Monreal

Belmonte se encuentra en la llanura manchega, pero el término no es una superficie perfectamente plana. El pueblo se alza a 806 metros sobre el nivel del mar; el Cerro Espartoso llega a 812 metros, mientras que el terreno alcanza 893 metros al norte y desciende hasta 719 metros junto al río Monreal. Las cifras dibujan un relieve de llanura con elevaciones aisladas y desniveles locales. Son el escenario amplio en el que se asentó la población, no una explicación automática de cómo se construyeron sus edificios.

El nombre antiguo, Bellomonte, ya vinculaba el pueblo con el relieve: una bula de Inocencio III lo llamaba así por el monte que lo rodeaba. Esa referencia encaja con un paisaje en el que la llanura convive con altos y cerros, aunque no permita identificar una colina concreta como origen del nombre. A escala municipal, las alturas y el curso del Monreal ofrecen una orientación sencilla: desde el núcleo situado a 806 metros, el terreno cambia gradualmente hacia las cotas más bajas del río y las más elevadas del norte.

También bajo esa superficie hay variedad. La clasificación geotécnica del término incluye yesos, anhidrita y sales; calizas, dolomías y mármoles; y, en menor proporción, areniscas, conglomerados y flysch. Son familias de materiales distintas, no una descripción de la piedra de cada edificio. La clasificación es municipal: no identifica qué roca hay exactamente bajo la colegiata o el castillo. Sí permite entender que el terreno de Belmonte no es uniforme y que algunos de sus materiales responden de manera diferente al agua.

Cuando el agua encuentra roca soluble

En las formaciones carbonatadas, el agua puede disolver lentamente parte de la roca y ensanchar pequeñas grietas. Con el tiempo, esas aberturas pueden convertirse en huecos subterráneos; si el terreno pierde apoyo, la superficie puede hundirse. A ese tipo de paisaje y de proceso se le llama kárstico. La información geotécnica clasifica las formaciones carbonatadas del término como medianamente karstificadas, con posibles karsts importantes dispersos, y registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Habla de una condición del territorio, no de un punto concreto bajo el centro histórico.

El agua tampoco atraviesa todos los materiales de la misma manera. La clasificación describe formaciones generalmente extensas y de baja permeabilidad, que pueden albergar en profundidad acuíferos de mayor permeabilidad y productividad. Dicho sin tecnicismos: en un lugar, el agua puede avanzar con dificultad y, a otra profundidad, encontrar materiales que la dejan circular mejor. Esa diferencia ayuda a comprender por qué la geología local se cuenta como una combinación de materiales y comportamientos, no como una sola capa idéntica bajo todo Belmonte.

En la superficie, el río Monreal y las variaciones de altura dan escala al relato; en el subsuelo, las formaciones carbonatadas hacen posible la karstificación descrita para el término. No hay que confundir esos datos con una explicación del hundimiento del ábside en 1976: la fuente histórica relaciona aquel episodio con la aparición de las ruinas, pero no atribuye su causa al karst. El terreno y los edificios forman parte de una misma localidad, aunque cada episodio conserve su propia explicación.

Molinos de Belmonte sobre la llanura manchega. Su perfil sitúa el relieve abierto del término descrito en el texto.

Molinos de Belmonte sobre la llanura manchega. Su perfil sitúa el relieve abierto del término descrito en el texto.

Foto: Cruccone, CC BY 3.0 — commons.wikimedia.org

Un pozo, una iglesia y las primeras murallas

La relación cotidiana con el agua también aparece en la historia de la ermita de la Virgen de Gracia. Fue construida en el siglo XIII sobre un pozo; la tradición cuenta que allí se apareció la Virgen a un pastor que había ido a recoger agua. El pozo es un elemento documentado del lugar y la aparición pertenece a la leyenda asociada a la ermita. Juntos muestran dos maneras en que el agua forma parte de la memoria local: como recurso situado en un sitio preciso y como motivo de un relato religioso.

En el siglo XIV, Belmonte empezó a dejar otras huellas construidas. En 1323, Don Juan Manuel comenzó a levantar las murallas y el antiguo alcázar. Más de un siglo después, Juan Pacheco ordenó iniciar el castillo en 1456, en las mismas fechas en que se construía la Colegiata de San Bartolomé. La villa crecía con edificios que daban forma a su historia política y religiosa. Ninguno de esos datos permite fijar el origen geológico de sus materiales, pero sí muestra cómo distintas generaciones transformaron el mismo paisaje habitado.

El castillo tuvo que atravesar un periodo de conflicto. Durante la guerra civil de 1475 a 1480 alojó al marqués Diego López Pacheco, que se desplazó desde Alarcón para evitar una sublevación. La construcción no fue solo una presencia monumental: sirvió de residencia en un momento de tensión política. Así, el recorrido de Belmonte reúne cambios de distinta duración: la lenta acción del agua sobre las rocas y las decisiones humanas que levantaron murallas, alcázar, colegiata y castillo.

La ruina revela y la colegiata permanece

La investigación de 1976 alteró la lectura de San Bartolomé. Lo que había quedado bajo la iglesia del siglo XV pasó a formar parte de la historia reconocible del edificio: restos de una iglesia visigótica, posiblemente del siglo V. El hallazgo no borró la colegiata ni sustituyó su función patrimonial; añadió una etapa anterior y confirmó que el lugar tenía un pasado más antiguo de lo que se había imaginado.

Belmonte queda así contado en dos escalas. En la del término, la llanura, el Cerro Espartoso, el río Monreal y las formaciones con potencial kárstico dibujan un terreno diverso, todavía sujeto a procesos que pueden producir hundimientos. En la escala de la colegiata, el episodio de 1976 terminó con un descubrimiento: bajo el ábside apareció la huella de otra iglesia. La población siguió teniendo su gran edificio gótico; ahora, bajo su historia visible, también se reconoce el precedente visigótico.

Al principio, el ábside hundido parecía una pérdida en la silueta de San Bartolomé. La excavación convirtió aquel punto en una ventana hacia otra Belmonte, más antigua. Y la llanura que rodea el pueblo recuerda que, bajo las historias de sus edificios, el terreno conserva su propio movimiento lento.

Tipos de terreno en Belmonte

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Belmonte

Moderado
Magnitud máxima registrada M 3.5 Escala de Richter
MáxM 3.5
MediaM 2.04
Máx Media
Eventos registrados
25
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 3) ocurre aprox. cada 15 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.5 2007
  • 2 M 3.4 2024
  • 3 M 2.9 2020
Último sismo registrado
2025
M 2.2 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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