Historia geológica Localidad Taboada

Taboada perdió Santa Marta y el puente Fortes cuando Belesar embalsó el Miño

En 1963, el agua de Belesar cubrió campos, viñedos, aldeas y el puente Fortes, levantado apenas dieciocho años antes. ¿Qué papel tuvo el paisaje del Miño en una transformación que cambió la ribera de Taboada?

Vista de una vía de Taboada que desciende entre las casas hacia el paisaje del municipio.

Vista de una vía de Taboada que desciende entre las casas hacia el paisaje del municipio.

Foto: Loischantada, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Taboada, el puente Fortes tuvo una vida breve: construido en 1945 para unir las dos orillas del Miño, quedó bajo las aguas cuando se completó el embalse de Belesar, en 1963. No fue una desaparición aislada. La nueva lámina de agua cubrió una considerable extensión de la ribera y alcanzó campos, viñedos, montes y poblaciones enteras. El río, que había marcado un borde del municipio, pasó a dibujar otro paisaje. Para entender lo que cambió, hay que seguir primero el curso del Miño y luego mirar el terreno que lo rodea.

Belesar trazó una nueva orilla para Taboada

La transformación ocurrió en la parte ribereña del municipio, allí donde Taboada se encuentra con el Miño y hoy se extiende el embalse. La geografía local va desde las alturas próximas a la sierra de O Faro hasta esa orilla occidental. En medio queda la planicie donde se asienta la villa. No es un único paisaje: la llanura interior y las riberas se encuentran en un término atravesado por ríos y poblado por más de doscientos núcleos.

¿Qué quedó del lado del agua cuando Belesar ocupó la ribera? Los nombres que conserva la historia permiten medir el alcance del cambio: Santa Marta, Pincelo y Mourulle figuran entre las poblaciones inundadas. También quedaron bajo el embalse cientos de hectáreas de campos, viñedos y montes. El agua no borró solo un puente del mapa; cubrió espacios de trabajo y vida ligados a la orilla.

El Puente Fortes ofrece una imagen precisa de esa ruptura. Se había construido en 1945 para comunicar ambos lados del Miño, pero el embalse alteró el escenario para el que servía. En 1963 dejó de ser un paso sobre el río y quedó sumergido. La fecha no cuenta por sí sola cómo vivieron el cambio quienes habitaban las aldeas; sí permite ver, sin añadir dramatismos, la velocidad con que una obra de infraestructura transformó una geografía usada durante generaciones.

La topografía ayuda a comprender por qué el cambio se concentró allí: el embalse ocupa la ribera del Miño, mientras que la capital municipal está en una planicie interior. La geología no convierte la inundación en un destino inevitable; fue la construcción del embalse la que la produjo. Pero el río y la forma del terreno determinaron dónde se extendió el agua y qué lugares quedaron en su recorrido.

El Miño no era un fondo plano

En Taboada, el paisaje cambia al acercarse al río. La descripción geográfica distingue la planicie luguesa de las zonas de ribera, y sitúa cultivos de vid en terrazas escalonadas junto al embalse. Los robles y castaños, las tierras de labor y las viñas componen un entorno rural que no se limita a una línea de agua: sube y baja entre el interior y la orilla. Hoy, al mirar las laderas que rodean Belesar, se ve una ribera transformada, no un valle inmóvil.

El inventario geotécnico aporta otra pista sobre el suelo que sostiene ese paisaje. Entre sus categorías principales, asigna un 63.03 a «Areniscas, Conglomerados y Flysch» y un 32.84 a «Pizarras y Esquistos». Son nombres de rocas, pero también relatos de procesos. Las areniscas se forman cuando granos de arena se acumulan y quedan cementados; pueden remitir a antiguas playas, deltas o cursos de agua tranquilos. Los conglomerados reúnen cantos rodados cementados, como los que deja un río de corriente enérgica.

El flysch es distinto: alterna capas de arena y arcilla, depositadas al pie de una plataforma continental, una especie de margen submarino donde se acumulan sedimentos. Las pizarras y los esquistos, por su parte, son rocas antiguas transformadas por presión y calor; imagínalas como páginas apretadas y deformadas durante una larga historia de esfuerzos. El inventario combina varios materiales, no una sola roca uniforme. Su utilidad aquí es concreta: muestra que el territorio de Taboada tiene un sustrato diverso bajo la planicie y las riberas.

¿Explica esa diversidad por sí sola la desaparición de las aldeas? No: la causa inmediata fue la construcción de Belesar y la inundación asociada. La geología aporta el escenario físico: un municipio que desciende desde las tierras altas hasta el valle del Miño. En las terrazas de la orilla, donde hoy se cultiva la vid, esa relación entre ladera y agua sigue a la vista. El cambio de 1963 no eliminó el relieve; lo convirtió en el contorno de un embalse.

Un campo de Taboada recuerda el paisaje agrario del municipio, parte del cual fue transformado en la ribera por el embalse de Belesar.

Un campo de Taboada recuerda el paisaje agrario del municipio, parte del cual fue transformado en la ribera por el embalse de Belesar.

Foto: Randy, CC BY 2.0 — commons.wikimedia.org

Mourulle volvió a aparecer en el mapa de los pasos

Una década después de completarse el embalse, el nombre de Mourulle volvió a asociarse a un puente. A comienzos de los años setenta se construyó allí el puente de Mourulle, conocido popularmente como el «puente de los tornillos». Lo diseñó José Antonio Torroja y por él pasa la carretera LU-611. No es el puente Fortes, ni la información disponible lo presenta como una reconstrucción de aquel; es una nueva pieza de la relación entre Taboada y una ribera cuyo paisaje ya había cambiado.

Los puentes hacen visible una historia de cruces, pero también la adaptación de las comunicaciones a un territorio distinto. El puente Fortes había unido ambas orillas antes de quedar cubierto; el de Mourulle, construido después, pertenece al paisaje del embalse. Mirar sus nombres en secuencia —Fortes, luego Mourulle— permite seguir el tránsito desde el río cruzado por un paso hasta la orilla transformada por la obra hidráulica, sin confundir las dos construcciones ni atribuirles funciones que no constan.

La villa también creció siguiendo otro eje. A mediados del siglo XIX se construyó la carretera N-540, alrededor de la cual se desarrolló San Tomé do Carballo a partir de aldeas como Pacios y Riazor. En 1919 se levantó la Casa de Manuel Rigueira, un ejemplo modernista de ese crecimiento. Durante mucho tiempo, la capital no fue conocida popularmente como Taboada, sino como Carballo, Santo Tomé o San Tomé do Carballo. El nombre municipal se consolidó en 1840; el de la villa tardó más en imponerse.

Así, el paisaje humano se organizó entre dos formas de movimiento: los caminos que conectaban aldeas y la ribera atravesada por el Miño. La carretera impulsó el crecimiento de la villa; el embalse rehízo la orilla. Si recorres hoy la zona, las vías y el puente de Mourulle cuentan una parte de esa adaptación, mientras el agua señala dónde se produjo la transformación más profunda.

Mucho antes del embalse, ya había huellas en las alturas

La historia humana de Taboada no empezó con las carreteras ni con Belesar. En el monte de A Medela, cerca de As Neves, se citan yacimientos megalíticos; también hay vestigios anteriores a la romanización en Fradé, Arxiz e Insua. Los castros de Castelo, Moreda, Vilela, Piñeira y Gondulfe recuerdan otros asentamientos del territorio. Son huellas dispersas por un municipio extenso, desde las alturas interiores hasta las tierras que descienden hacia el Miño.

El Guerreiro de Ralle, del que se conserva la cabeza en una casa de la aldea de Ralle, en la parroquia de Vilela, es señalado como el vestigio castreño más importante. En el castro de Castelo continúa celebrándose la Queima das Fachas, una tradición de posible origen castreño. Estas referencias no explican la decisión de construir el embalse siglos después; sí revelan que el territorio ya estaba habitado y nombrado mucho antes de que el agua cubriera parte de la ribera.

Belesar cambió la orilla de Taboada, pero no sustituyó toda su historia. En las laderas, las terrazas de viñedo siguen dibujando el encuentro entre tierra y agua; en Mourulle, un puente mantiene abierto el paso sobre el paisaje transformado. El Miño cubrió el puente Fortes y alcanzó aldeas y campos: hoy, la forma de la ribera permite imaginar el alcance de aquel cambio sin olvidar lo que había allí.

Tipos de terreno en Taboada

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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