Belmonte de Tajo, la iglesia recompuesta
En lo alto de Belmonte, la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella domina la plaza con su fachada de piedra y su torre. Su aspecto reúne varias épocas: daños de guerra, añadidos y una restauración que volvió a sacar a la luz la traza del templo del siglo XVI.
La iglesia de Nuestra Señora de la Estrella domina la plaza en la parte alta de Belmonte de Tajo.
La plaza y la iglesia comparten la parte alta de Belmonte de Tajo. Para llegar a la portada se suben unos peldaños; detrás, la fachada de sillería y los contrafuertes sostienen la presencia del templo sobre las calles de fuertes pendientes. La torre, con su cornisa pétrea decorada con tallas de bolas, ofrece una pista: este edificio no es una pieza intacta llegada de una sola época. Se construyó en varias fases, recibió daños y cambios, y más tarde fue restaurado.
La protagonista de esta historia es una construcción que ha tenido que conservar su forma a través de sucesivos conflictos. Primero, el de levantar un templo sobre las huellas de otro; después, el de sobrevivir a los daños de la guerra y a las transformaciones acumuladas. La obra de 2010 a 2012 resolvió parte de esa tensión: recuperó la traza del siglo XVI y protegió los restos de una iglesia anterior.
La Estrella se levanta sobre otra iglesia
La iglesia de Nuestra Señora de la Estrella pertenece al siglo XVI, aunque su construcción avanzó en varias fases. La reforma realizada entre 2010 y 2012 dejó protegidos restos de una iglesia del siglo XIII, dos siglos anterior al templo que hoy organiza el conjunto. Bajo la fábrica visible, por tanto, permanece una huella de una etapa previa del lugar. No es una historia de reemplazo completo: el edificio nuevo convivió con restos del anterior.
La torre podría conservar también elementos góticos de una construcción más antigua. Esa posibilidad se plantea para partes del campanario; lo que sí destaca a la vista es la cornisa con tallas de bolas. El conjunto muestra cómo una iglesia podía cambiar sin perder todos sus rasgos anteriores: se añadían fábricas, se rehacían partes y algunas formas antiguas quedaban incorporadas a la obra posterior. En Belmonte, la restauración reciente volvió a hacer legible esa sucesión.
Sillería, mampostería y un terreno variado
La iglesia se describe como una construcción de sillería: bloques de piedra trabajados y colocados formando sus muros. En la localidad también se documentan edificios de mampostería, hechos con piedras dispuestas en la fábrica del muro, como la ermita de San Isidro. Son técnicas distintas para construir con piedra, pero no bastan para identificar de qué afloramiento procede cada pieza. La información geotécnica disponible describe el término municipal; no asigna una roca concreta a la iglesia.
A esa escala municipal, el estudio geotécnico recoge varios grupos de materiales: calizas, dolomías y mármoles, que representan el 35,77 %; yesos, anhidrita y sales, el 32,84 %; areniscas, conglomerados y flysch, el 16,26 %; gravas y arenas compactas, el 10,17 %; y arcillas expansivas, el 2,52 %. La lista dibuja un subsuelo diverso, no una única piedra extendida bajo todo Belmonte. Los nombres señalan materiales diferentes: rocas carbonatadas, materiales evaporíticos, rocas sedimentarias y sedimentos compactos o arcillosos.
El mismo estudio señala procesos potenciales que ayudan a entender por qué importa distinguir esos materiales. Las arcillas expansivas pueden cambiar de volumen con las variaciones de humedad; en zonas con yesos se consideran posibles hundimientos kársticos, es decir, descensos relacionados con la disolución del terreno. También se indican movimientos potenciales de ladera, como deslizamientos o desprendimientos. Son advertencias generales para áreas del municipio, no daños atribuidos a la iglesia.
La portada de la iglesia muestra de cerca la fábrica de piedra que forma parte de sus sucesivas etapas constructivas.
La piedra recibe las marcas de la guerra
La iglesia renacentista no atravesó los siglos sin heridas. A comienzos del XVIII, durante la guerra de Sucesión española, el templo sirvió de frente y quedó muy dañado. La reparación incorporó elementos barrocos. El edificio recuperó su uso, pero no volvió a ser exactamente el mismo: la intervención dejó nuevas formas sobre una construcción que ya había tenido distintas fases.
La guerra civil española trajo otro episodio de destrucción. La iglesia fue saqueada y su interior, quemado. Las fuentes no describen aquí una reconstrucción inmediata ni permiten seguir cada reparación intermedia, pero el templo permaneció como referencia en el punto alto del pueblo. Su piedra exterior, la torre y la fachada siguieron formando parte del paisaje urbano, mientras el interior llevaba las señales de una historia más difícil.
La restauración vuelve a ordenar las capas
Entre 2010 y 2012 se reformaron el exterior y el interior de Nuestra Señora de la Estrella. En el exterior se limpiaron las piedras y se eliminaron elementos añadidos después de la planta original. Dentro se retiró una capilla posterior. La operación no consistió simplemente en cubrir las marcas del tiempo: buscó recuperar la traza del templo del siglo XVI y, a la vez, proteger los restos de la iglesia del XIII.
Ese doble resultado importa. Recuperar una forma anterior no significó borrar toda huella de lo que había ocurrido después. La iglesia conserva elementos renacentistas y barrocos, y guarda bajo su fábrica los restos más antiguos puestos en valor durante la intervención. La arquitectura funciona así como una historia material: cada fase dejó piezas, cambios o pérdidas, y la restauración decidió cómo hacer convivir esas evidencias sin confundir sus edades.
La ermita de San Isidro, otra vida para la piedra
La ermita de San Isidro, antigua ermita de Nuestra Señora de la O, ofrece un contrapunto local. Fue construida en el siglo XVI con mampostería rejuntada y encalada, y tiene planta cuadrada, bóveda de crucería y contrafuertes cilíndricos. También sufrió una destrucción completa durante la guerra civil. En 1949 fue rehabilitada y recibió la imagen de San Isidro Labrador, patrón de los agricultores.
La comparación no identifica el origen de las piedras de ninguno de los dos edificios; muestra, en cambio, dos trayectorias de construcción y reparación dentro del mismo pueblo. En la ermita, la rehabilitación de 1949 devolvió un uso al edificio y cambió su advocación conocida. En la iglesia, la intervención de 2010-2012 recuperó la traza del siglo XVI y protegió los restos anteriores. En ambos casos, la mampostería o la sillería forman parte de obras humanas que han tenido que rehacerse después de la destrucción.
Belmonte se reconoce entre calles inclinadas, viñas y olivos, con la iglesia de la Estrella dominando la parte alta. Ese relieve y la variedad de materiales descritos para el término dan contexto a la vida construida, aunque no permitan adjudicar a cada edificio una roca de procedencia concreta. La historia de la iglesia sí deja una secuencia nítida: una fábrica del siglo XVI, restos del XIII bajo su protección, daños de guerra, añadidos y una restauración que volvió a ordenar sus huellas.
Al mirar hoy la fachada, la piedra ya no cuenta una sola época. Cuenta cómo un templo cambió, fue herido y volvió a mostrar su forma sin desprenderse de todo lo que había quedado debajo. La torre sigue sobre la plaza; bajo ella, la historia más antigua permanece resguardada.
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