Historia geológica Localidad Baza

Baza se pobló por el cobre y los arroyos mucho antes de Roma

*En Cerro Cepero se asentó Basti, el núcleo más importante de los bastetanos; mucho antes, los metales y las tierras regadas ya atraían población a la zona. ¿Qué unía esas decisiones humanas con el terreno de Baza?*

Panorámica de Baza desde la Alcazaba; la ciudad y su paisaje reúnen las huellas de una larga historia de poblamiento, cultivo y circulación.

Panorámica de Baza desde la Alcazaba; la ciudad y su paisaje reúnen las huellas de una larga historia de poblamiento, cultivo y circulación.

Foto: Ramonbaza, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Baza, la historia antigua no empieza con una muralla ni con una calzada, sino con una combinación poderosa: metales, agua y suelo cultivable. Alrededor de Cerro Cepero se encontraba Basti, la población más importante del territorio bastetano. Y en la zona, durante el Calcolítico y la Edad del Bronce, hubo un poblamiento intenso. El terreno no fue un simple escenario: sus recursos ayudaron a que la gente eligiera quedarse.

¿Qué ofrecía este paisaje? La historia local señala dos razones concretas: el aprovechamiento de los metales, sobre todo el cobre, y los suelos fértiles regados por arroyos, aptos para la agricultura. Añade una tercera ventaja, la facilidad defensiva. La geología sugiere aquí una relación práctica, no una explicación única: agua y tierras útiles sostenían la vida diaria, mientras los recursos minerales abrían otra posibilidad.

Cerro Cepero puso nombre a una ventaja

Basti estaba en el conjunto arqueológico de Cerro Cepero, en las inmediaciones de Baza. La ubicación importa porque reúne en un mismo relato el asentamiento y el amplio territorio bastetano. No hace falta imaginar una ciudad aislada del paisaje: las evidencias históricas describen una zona poblada por la combinación de metales, agricultura de regadío y condiciones defensivas.

El cobre destaca en ese comienzo. No como una etiqueta abstracta sobre el subsuelo, sino como un recurso que las comunidades aprovecharon y que contribuyó a hacer atractiva la zona. El dossier no permite atribuir las explotaciones a una roca concreta; sí permite contar la relación que documenta: hubo metales disponibles y población que los aprovechó, junto a tierras fértiles servidas por arroyos.

El registro geotécnico municipal ofrece otra escala de lectura. En él predominan pizarras y esquistos, que representan el 46.05% de los suelos registrados; aparecen también gravas y arenas compactas, calizas, dolomías y mármoles, además de yesos, anhidrita y sales. Pizarras y esquistos son rocas antiguas transformadas por presión y calor. Esa composición recuerda que el territorio no es una superficie uniforme, aunque por sí sola no identifica el origen de cada metal ni permite asignar una roca determinada a Cerro Cepero.

La clave está en no confundir dos cosas: la geología describe los materiales del término municipal y la historia cuenta cómo las personas usaron los recursos. Leídas juntas, dibujan un territorio diverso en el que las comunidades encontraron motivos para cultivar, asentarse y trabajar los metales. El agua de los arroyos daba valor a los suelos; el cobre, a su vez, añadía una razón para mirar más allá de la cosecha.

Roma convirtió el territorio en corredor

Mucho después, Roma volvió a poner en movimiento esa riqueza. En época imperial se reanudó la actividad metalúrgica y se explotaron cobre, hierro, oro, plata y plomo. La escala del relato se ensancha: los recursos ya no aparecen solo vinculados al poblamiento antiguo, sino a una economía minera que acompañaba una ruta de largo recorrido.

En el siglo I, Baza estaba situada en el camino que comunicaba Cástulo con el puerto de Carthago-Nova pasando por Acci. La ruta conectaba el interior con la costa; por ella, el territorio bastetano quedaba inserto en una red que rebasaba sus propios límites. ¿Fue el mineral la causa de que el camino pasara por Baza? Las fuentes disponibles no establecen ese vínculo directo. Lo verificable es la coincidencia entre un territorio minero activo y la posición de Baza en esa vía.

La geología entra en esta historia con una consecuencia concreta: los recursos minerales formaban parte de la actividad local documentada, mientras el camino facilitaba la conexión con otros lugares. No conviene convertir esa relación en una explicación automática. Pero sí permite ver que Baza no era solo un punto de extracción ni solo un lugar de paso: ambas dimensiones aparecen en el mismo paisaje histórico.

Las acequias cambiaron el pulso del agua

Con al-Ándalus, el agua pasó a organizarse mediante acequias, aljibes y molinos de agua. Si los arroyos ya habían hecho fértiles algunos suelos, estos sistemas permitieron aprovechar mejor el recurso. El cambio no fue menor: conducir y almacenar agua convertía una condición natural en una infraestructura cotidiana.

La secuencia se entiende sin atribuir a cada canal un origen geológico específico. El agua recorría el territorio; las acequias la distribuían; los aljibes la guardaban y los molinos aprovechaban su movimiento. Para quien vive hoy en Baza, la idea central es reconocible: el regadío no depende solo de que exista agua, sino de cómo se encauza y se reparte. La historia local documenta ese trabajo colectivo con obras concretas.

En 1324, el rey Ismaíl I de Granada recuperó Baza durante una rápida campaña que también alcanzó Huéscar, Orce y Galera. Más tarde, terminada la Guerra de Granada, Baza capituló junto con Guadix y Almería, y sus pobladores no tuvieron que abandonar la ciudad. Los cambios de poder se sucedieron, pero la importancia de las tierras y del agua siguió presente en la organización del territorio.

El regadío repartió la tierra de otra manera

Tras la conquista, parte de las propiedades de musulmanes acaudalados que habían abandonado sus tierras fue repartida. Enrique Enríquez de Quiñones recibió en señorío 1355 hectáreas de labor, origen del Estado y Casa de Baza. En 1507, Hernando de Santa Olalla, que había participado en el cerco de la ciudad, obtuvo el cargo de regidor vitalicio y otras mercedes.

La propiedad cambió de manos y de tamaño. Después de la Rebelión de las Alpujarras, la repoblación se hizo con lotes más pequeños. Desde finales del siglo XVI coexistieron pequeños y medianos propietarios en las tierras de regadío, mientras los latifundios se concentraban en la sierra. Esa diferencia entre zonas de cultivo irrigado y terrenos serranos convierte el agua en un hilo que atraviesa la historia económica, no en un detalle del paisaje.

En el siglo XVIII se consolidó un sistema agrario que combinaba regadíos, cereales de secano y almendros en zonas de pendiente, junto con ganadería extensiva en la sierra de Baza. Los molinos harineros de Tablas y de la Solana, las eras para trillar y otras construcciones dejaron constancia material de la importancia cerealista. La tierra alimentaba; el agua movía molinos y sostenía cultivos; la sierra completaba un mosaico de usos.

También persistieron grandes patrimonios: en 1744, Juan Evangelista Giraldeli, conde romano y banquero italiano establecido en la Corte de Madrid, obtuvo el cargo de regidor de Baza y poseía más de 3000 hectáreas entre cultivos y tierras incultas en la comarca. No es una historia de un campo uniforme, sino de recursos que se aprovechaban de maneras distintas y de una propiedad que distribuía de forma desigual el control de la tierra.

El ferrocarril y las cuevas abrieron otro capítulo

En 1894 llegó el ferrocarril con la finalización de la línea Lorca-Baza; en 1907 se inauguró otra conexión entre Baza y Guadix. La ciudad quedó enlazada con Granada y Murcia, y su estación llegó a disponer de amplias instalaciones ferroviarias. En 1917, un boletín de la Real Academia de la Historia registró minas de plomo, hierro y cobre, además de canteras de mármol. Las actividades extractivas no pertenecían solo a un pasado remoto.

El siglo XX añadió una transformación distinta. El flujo migratorio desde el campo impulsó la construcción de casas-cueva en Baza y Guadix; a mediados de siglo, muchas personas emigraron a zonas industriales, trabajaron temporalmente fuera o se trasladaron a otros destinos. Muchas casas-cueva quedaron deshabitadas. En los años treinta, además, se compraron tierras para construir el embalse del Negratín: otra intervención que puso el agua, esta vez almacenada, en el centro de una decisión territorial.

Y la ciudad conserva huellas de sus sucesivas etapas. En 2003, el conjunto histórico fue declarado bien de interés cultural por mantener el trazado urbano medieval en torno a la antigua medina y sus arrabales extramuros. Si recorres Baza, puedes leer en ese trazado la continuidad de una población que aprovechó minerales, tierras y agua, aunque cada época lo hiciera con herramientas y prioridades distintas.

Baza se pobló donde el cobre, los arroyos y la tierra cultivable ofrecían razones para quedarse; después, Roma conectó ese territorio con una ruta hacia la costa y las acequias prolongaron el trabajo del agua. Cerro Cepero deja de ser solo un nombre antiguo: es el punto desde el que se entiende por qué el paisaje bastetano atrajo habitantes mucho antes de que llegara el ferrocarril.

Tipos de terreno en Baza

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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