Historia geológica Localidad Aranjuez

Aranjuez guardó para los reyes un valle que dos ríos habían excavado

Hasta mediados del siglo XVIII, vivir en Aranjuez no estaba oficialmente permitido, y quienes lo hacían acabaron llamándose «ribereños». ¿Qué tenían el Tajo y el Jarama para que un valle entero quedara reservado a la monarquía?

Aranjuez PalacioReal PlazaToros

Aranjuez PalacioReal PlazaToros

Foto: CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En 1795, el conde de Cabarrús miró las colinas que rodean Aranjuez y vio lo que no había: viñas, olivos, casas. Las describía «desnudas, áridas y quemadas por el sol», pero las veía alrededor de lo que llamaba «el valle más delicioso». Imaginó tres mil colonos en sus cortijos, una población que llegara hasta Toledo y un gran Cortijo Real convertido en escuela de cultivo. Los soberanos nunca respaldaron el plan: no querían renunciar a un lugar nacido del encuentro de dos ríos, el Tajo y el Jarama.

¿Quién se llevó la tierra que falta?

Cabarrús contemplaba un paisaje hecho de ausencias. Según Wikipedia, la topografía de Aranjuez procede de la acción del Tajo y de sus afluentes Jarama y Tajuña, que con la erosión —el desgaste y arrastre de material por el agua— abrieron valles anchos y profundos. Sobre ellos quedan los interfluvios: cerros, colinas y mesas, como las de Seseña y Ocaña, cuya superficie suavemente ondulada marca el nivel que tenía el terreno antes de que los ríos empezaran a excavar.

Piensa en un bizcocho al que has quitado un trozo con una cuchara: lo que queda en los bordes te dice a qué altura estaba el conjunto. Aquí las altitudes oscilan entre los 480 m de la vega del Tajo y los 630 m de las terrazas más altas. Esa diferencia, de unos 150 metros, da idea de cuánto cambió el terreno. Entre el fondo y las cumbres planas, el paso se hace por un escalonamiento de terrazas o por un talud pronunciado.

Un río que apenas baja y por eso no camina recto

El fondo de ese hueco es casi un billar. La llanura del Tajo tiene una pendiente del 0,06 %, unos seis centímetros de desnivel por cada cien metros. Con tan poca inclinación el agua no corre, se pasea, igual que el agua derramada sobre una mesa casi horizontal. Un río así dibuja meandros, esas curvas amplias que se enroscan sobre sí mismas.

Aranjuez se encuentra, además, en la depresión Tajo-Jarama, ocupada sobre todo por los depósitos fluviales del Tajo, el Jarama y el Tajuña. Son los sedimentos que esos ríos fueron dejando a su paso.

Ninguna de las fuentes consultadas mide la fertilidad de ese suelo. Sí consta el resultado. Una extensa red de canales, acequias y presas históricas ha propiciado el regadío, con fresas y espárragos entre los cultivos más destacados. Y consta la impotencia de algunos ilustrados al ver uno de los más fértiles valles dedicado a los caprichos de la monarquía. Es probable que la vega que dejaron los ríos esté detrás de esa fertilidad, aunque no hay registro directo que lo demuestre.

Una casona junto al Tajo y una ley contra los vecinos

Los reyes llegaron a un sitio con pasado. El territorio estaba poblado desde tiempos paleolíticos, aunque no tuvo relevancia hasta la Edad Media. A finales del siglo XII pasó a la Orden de Santiago, y entre 1387 y 1409 el maestre Lorenzo I Suárez de Figueroa promovió una casona como residencia de los maestres, la Casa Maestral a orillas del Tajo. Desde 1489, con los Reyes Católicos, las tierras se incorporaron a la Corona. Felipe II lo hizo Real Sitio, con avenidas arboladas y jardines con fuentes, y bajo su reinado se inició el palacio, obra de Juan Bautista de Toledo, el arquitecto que había empezado El Escorial. Los monarcas añadieron obras hidráulicas y hasta una pequeña isla, formada al abrir un canal que comunicaba el Tajo con el Jarama.

Ser Real Sitio traía una consecuencia: una ordenanza prohibía el libre asentamiento de vecinos.

Desde el siglo XVI se levantaron junto al palacio casas para alojar a los criados, pero quedaban cerradas cuando los reyes se marchaban. Muchas eran cabañas o sótanos semienterrados, y una anécdota cuenta que un coche atravesó el techo del comedor de la casa del Nuncio.

¿Y cómo se llamaba quien vivía allí sin permiso para ser vecino? Ribereño. Hasta 1750 la población estaba oficialmente prohibida, aunque la vecindad crecía. Sin un gentilicio propio, a los habitantes se les llamó así, por el Tajo y el Jarama. El término se adoptó oficialmente cuando se levantó la prohibición, y la población lo asumió con cariño, por respeto a los ríos que riegan sus tierras.

A mediados del siglo XVIII, Fernando VI derogó las restricciones y se fundó una ciudad ex novo; la villa actual se perfiló sobre aquel plano reticulado. La ordenanza decayó poco a poco. El primer Ayuntamiento civil se proclamó en 1808, de la mano de Napoleón, y quedó definitivamente recuperado en 1836. Entre medias, en marzo de 1808, el motín de Aranjuez provocó la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV. En 1851 llegó el ferrocarril Madrid-Aranjuez, el Tren de la Fresa, que lleva en el nombre el producto de la vega.

Bajo la vega no solo hay río

Los ríos construyeron el valle, pero no son lo único que hay debajo. En el conjunto del término, el análisis geotécnico recoge como materiales más abundantes las calizas, dolomías y mármoles (41,68 %), seguidas de areniscas, conglomerados y flysch (22,78 %) y de gravas y arenas compactas (15,74 %).

Tipos de terreno en Aranjuez

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Arcillas Expansivas Blancas/Blandas
    Peligro

    Arcillas Expansivas Blancas/Blandas

    Las grandes reinas de la patología en edificación civil de España. Se presentan frecuentemente en las tierras de barros cordobesas y badajoz, vegas del Guadalquivir (Mairena, Carmona), cuenca miocena

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  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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Las calizas suelen ser la huella de un fondo de mar tropical poco profundo, así que la geología sugiere que este territorio tuvo otros paisajes antes de que el Tajo y el Jarama lo vaciaran. Las fuentes consultadas no precisan cuándo ni cómo fue ese mar. Sí cuentan que una piedra caliza, extraída por los colmenaretes, se usó en los Palacios Reales de Madrid y de Aranjuez. Tampoco detallan de qué cantera salió la del palacio arancetano, y por eso no se puede afirmar que proceda del propio término.

También hay yesos, anhidrita y sales (5,62 %). Esas rocas apuntan a lagunas cerradas bajo un clima árido, donde el agua se evaporaba hasta dejar sus sales, como un charco de agua salada al secarse al sol. El yeso tiene un inconveniente: el agua lo disuelve como un terrón de azúcar. Por eso los mapas de riesgos recogen en el término áreas con hundimientos kársticos, actuales o potenciales, en formaciones yesíferas. Es el reverso de un valle regado por canales y acequias.

Cabarrús vio colinas vacías porque miró lo que quedaba en pie, cuando lo importante era lo que el agua se había llevado. Ese hueco, relleno de sedimentos y cruzado de acequias, fue lo que los reyes guardaron para sí, y quienes lo habitaron sin permiso tomaron su nombre de los dos ríos. Cuando mires desde un cerro la vega de Aranjuez, es probable que tengas a tus pies el vaciado que dejaron el Tajo y el Jarama, y a la altura de tus ojos el nivel del terreno antes de excavarlo.

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