Alfoz, la torre sobre el castro
En Castro de Ouro, una torre conserva la huella de un lugar ocupado y transformado durante siglos. Su historia pasa por un castro antiguo, un asedio, una demolición y varios cambios de uso, mientras las rocas de Alfoz cuentan otra historia: la de un municipio hecho de materiales distintos.
El castillo de Castro de Ouro, con su torre central y los restos de torreones que rodean el conjunto.
La torre del castillo de Castro de Ouro se alza en la parroquia de San Salvador, en un emplazamiento descrito a 80 metros de altitud. No está sola: el conjunto se organiza alrededor de una torre central, con restos de torreones circulares en su perímetro. Uno de ellos sigue unido a la torre. La forma actual invita a imaginar una fortaleza completa, pero su historia es menos quieta: el castillo fue levantado sobre un antiguo castro, reconstruido, desmantelado y reparado. Cada etapa dejó una marca en la construcción y cambió la función de este lugar.
El castro es la primera huella de esa larga ocupación del emplazamiento. El castillo conservado se reconstruyó por orden de Mamed Vistremeiro durante la Alta Edad Media; desde finales del siglo X pasó a manos de los obispos de Mondoñedo. Mucho después, en 1220, Alfonso IX concedió a Alfoz el título de villa. El nombre del municipio se relaciona posiblemente con el árabe Al-hawuz, término que se ha traducido como un territorio bajo jurisdicción de una villa o ciudad. La historia de la torre y la de la villa se cruzan así en un paisaje que fue adquiriendo nuevas formas de poder y administración.
De los obispos al castillo de Pardo de Cela
La estructura que ha llegado hasta hoy data de mediados del siglo XV, cuando el castillo se asocia a Pedro Pardo de Cela, conocido como el Mariscal. La torre central y el recinto de torreones formaban el núcleo visible de una fortaleza asentada sobre un emplazamiento mucho más antiguo. No hace falta confundir las distintas edades del lugar: el castro precede al castillo medieval y la fábrica conservada pertenece a una fase posterior. La superposición es la clave para leer Castro de Ouro: un mismo sitio recibió construcciones y funciones diferentes sin borrar del todo las huellas anteriores.
El conflicto que marcó el siglo XV se desarrolló en un territorio convulso por la Revuelta Irmandiña y las guerras por el trono de Castilla. Pardo de Cela resistió durante tres años el asedio de Fernando de Acuña en el castillo de A Frouxeira. La historia de Alfoz enlaza ese episodio con el castillo de Castro de Ouro: el Mariscal fue capturado allí el 7 de diciembre de 1483. Diez días después lo ejecutaron en la plaza de la catedral de Mondoñedo. Dos lugares distintos aparecen en esta secuencia, y juntos dibujan el desenlace de la resistencia del Mariscal.
La captura no fue solo el final de una lucha personal. También cambió el destino de la fortaleza. Hacia 1483, por decreto del gobernador Fernando de Acuña, el castillo fue desmantelado. La orden convirtió la derrota en una transformación física: la construcción que había llegado a ser el centro del poder señorial perdió parte de su capacidad defensiva. La piedra permaneció en el emplazamiento, pero la fortaleza dejó de ser la misma. En Castro de Ouro, el conflicto dejó de expresarse mediante un asedio y quedó escrito en una estructura alterada.
La piedra de Alfoz, entre el recinto y el valle
El castillo ocupa el centro de esta historia, pero el sustrato de Alfoz es más variado que la imagen de una única roca bajo todo el municipio. El estudio geotécnico clasifica materiales como pizarras y esquistos; granito, gneis y otras rocas ígneas; areniscas, conglomerados y flysch; y también arcillas y margas duras. Es una descripción a escala municipal, no una identificación de la piedra usada en cada muro. Por eso no se puede atribuir al castillo una litología concreta solo a partir de la composición general del término.
La relación entre roca y construcción sí está documentada en otros lugares de Alfoz. El Pazo de Reimunde, en Carballido, está hecho con sillería granítica procedente del propio municipio. Sillería significa bloques de piedra labrados para formar una fábrica regular. También la Ponte Nova, en Mor, cruza el río Ouro con tres arcos y está construida en sillería granítica. En estos edificios, el material no es un detalle abstracto: forma parte de la obra visible.
El Pazo de Carrocide, en la parroquia de Lagoa, muestra otra de las construcciones históricas de Alfoz.
En Reimunde, los bloques locales se integran en un pazo de dos pisos y planta rectangular. En la Ponte Nova, la sillería adopta otra tarea: sostener un paso sobre el río, en una ruta que servía de carretera entre Mondoñedo y Ferreira. El puente del siglo XVIII tiene un arco ajimezado muy pronunciado a un lado y otros dos arcos de medio punto, distintos entre sí. La variedad de materiales que registra el municipio convive, por tanto, con usos concretos de la piedra allí donde las fuentes sí identifican su procedencia o su tipo. El castillo de Castro de Ouro sigue siendo la pieza central del relato, pero no es la única construcción que permite comprender cómo la roca entró en la vida local.
Castro de Ouro vuelve a cambiar de función
El castillo no quedó abandonado para siempre después del desmantelamiento. Entre 1546 y 1549, Diego de Soto, obispo de Mondoñedo, impulsó una reparación. Durante esa intervención se abrieron numerosas ventanas y el edificio pasó a servir como prisión episcopal. El cambio se reconoce en una modificación concreta de la construcción: a una fortaleza parcialmente desmantelada se le incorporaron aberturas y se le asignó un uso carcelario. El edificio siguió en pie, pero ya no respondía únicamente a la lógica militar de la etapa del Mariscal.
Muchos siglos después, entre 1907 y 1909, otra restauración le dio la apariencia actual; la descripción consultada califica su rigor de dudoso. Esa intervención es una etapa más en la vida material del conjunto, no una vuelta intacta a la fortaleza del siglo XV. La torre central, los restos de torreones y las aberturas pertenecen a una construcción atravesada por cambios. Mirarla como si cada piedra perteneciera a un solo momento borraría precisamente lo que hace legible su historia: el paso de una forma medieval a otras configuraciones.
También cambiaron sus usos civiles. El castillo fue juzgado y ayuntamiento, y hoy sirve como sala de exposiciones. De fortaleza asociada al poder del Mariscal pasó a prisión episcopal y después a edificio público; su transformación no terminó con el decreto de 1483. El episodio principal sí tuvo un desenlace: Pardo de Cela fue capturado y ejecutado, y la fortaleza quedó desmantelada. Pero la torre sobrevivió a la derrota, a las reparaciones y a las restauraciones, hasta integrarse en la vida pública de Alfoz con una función nueva.
La historia vuelve así al punto de partida, a la torre sobre el antiguo castro. Bajo el mismo emplazamiento se sucedieron ocupaciones, poderes y usos; alrededor, las construcciones de Alfoz muestran que la piedra local también encontró caminos, puentes y pazos. En Castro de Ouro, la fortaleza no venció al tiempo: cambió con él y todavía permanece como lugar de encuentro y exposición.
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