Alcanar, la costa de los primeros contactos
En Alcanar, la sierra del Montsià desciende hasta una franja de costa donde hace más de 2.500 años hubo un enclave conectado con comerciantes fenicios. Seguir el rastro de aquel asentamiento lleva también a mirar qué paisaje y qué materiales forman el municipio.
Un faro señala el extremo de una escollera frente al Mediterráneo. La costa es el escenario del enclave antiguo de Sant Jaume-Mas d’en Serra.
Alcanar reúne, dentro de un mismo término, alturas de montaña y orilla mediterránea. En el extremo occidental, la sierra del Montsià alcanza los 764 metros; hacia el sur y el este, el terreno se vuelve principalmente llano y baja hacia el mar. Esa transición no es solo un perfil del paisaje: sitúa un enclave costero de los siglos VII-VI antes de nuestra era en un territorio que, desde la montaña hasta la costa, ofrece escenarios muy distintos.
De la sierra a la orilla
La línea del Montsià continúa desde la Foradada por la Torreta y la Mola Cima hasta la Roca Roja, de 558 metros. Desde allí se prolonga en relieves menores, como la sierra de Sant Jaume y la Serreta de l’Avena. Alcanar, a 75 metros sobre el nivel del mar, queda entre esas elevaciones y el litoral. El municipio llega hasta el Mediterráneo y, en su límite meridional, el río Cenia desciende hasta desembocar en el mar.
Vista así, la geografía local enlaza una sierra reconocible, un espacio de tierras más bajas y una costa habitada. No hace falta atribuir a cada asentamiento una razón que las fuentes no señalan para advertir el contraste: el relieve cambia en pocos tramos del territorio municipal. El enclave de Sant Jaume-Mas d’en Serra pertenece a esa historia costera. Su importancia conocida no reside en una leyenda, sino en una fecha y en una relación: fue un asentamiento de los siglos VII-VI a. C. que mantuvo contacto intenso con los primeros comerciantes mediterráneos que llegaron a estas costas, entre ellos los fenicios.
El suelo cambia bajo el relieve
La superficie no cuenta por sí sola qué materiales forman Alcanar. El estudio geotécnico municipal ofrece otra perspectiva: en su clasificación destacan las arenas finas y los limos, que representan el 51,04 %, junto con calizas, dolomías y mármoles, con el 39,85 %. Son materiales distintos, no nombres intercambiables. Arenas y limos son sedimentos; calizas, dolomías y mármoles son rocas carbonatadas. El dato describe el municipio en conjunto, no identifica automáticamente el subsuelo exacto de Sant Jaume-Mas d’en Serra ni la piedra de una construcción concreta.
Los sondeos ayudan a imaginar la profundidad que se ha explorado. Seis perforaciones asociadas a las zonas de Planetas y del Cenia alcanzan una profundidad media de 245 metros; dos llegan a 300. En ellas, el agua aparece a una profundidad media de 60,8 metros. No es una columna única que pueda trasladarse a cualquier punto de Alcanar: son observaciones localizadas que muestran cuánto puede separarse lo que vemos en superficie de lo que se encuentra bajo tierra.
La presencia municipal de rocas carbonatadas importa también por la forma en que pueden transformarse. El estudio identifica zonas medianamente karstificadas y señala que a veces aparecen karsts importantes dispersos. Karst es el paisaje que se desarrolla cuando el agua disuelve lentamente rocas carbonatadas y puede abrir cavidades o conductos. En Alcanar se reconocen además áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. La roca, por tanto, no es un fondo inmóvil: en determinados sectores puede alterarse desde dentro, aunque esa clasificación municipal no convierte cada ladera o cada yacimiento en un caso concreto de hundimiento.
Esta variedad permite volver a la costa con una idea más precisa del escenario. El término combina sedimentos abundantes en la clasificación geotécnica con rocas carbonatadas y un relieve que desciende desde la sierra hacia el mar. No se trata de hacer que un material explique por sí solo el comercio antiguo. La evidencia del contacto fenicio procede del yacimiento; la información del subsuelo ayuda a entender la diversidad física del lugar donde se desarrolló la historia de Alcanar.
El poblado ibérico de la Moleta del Remei es otro enclave arqueológico de Alcanar; la imagen acompaña el recorrido por el patrimonio local sin confundirlo con Sant Jaume-Mas d’en Serra.
Un enclave en contacto con el Mediterráneo
Sant Jaume-Mas d’en Serra aparece en la historia local como un enclave costero datado entre los siglos VII y VI antes de Cristo. La noticia arqueológica disponible destaca su contacto intenso con los primeros comerciantes mediterráneos que llegaron a estas costas, incluidos los fenicios. Ese dato basta para situar a Alcanar dentro de un mundo de intercambios que alcanzaba el litoral; no hace falta convertir el yacimiento en un puerto ni inventar mercancías, travesías o escenas que no están documentadas.
El mar da escala a esa noticia. El municipio se extiende desde la sierra hasta la costa, y el yacimiento se define precisamente como costero. En ese encuentro entre tierra y Mediterráneo, el contacto con comerciantes es la huella histórica decisiva que se ha comunicado sobre Sant Jaume-Mas d’en Serra. La geología municipal aporta un telón de fondo heterogéneo, pero no permite afirmar qué sedimento pisaron aquellos habitantes ni qué roca utilizaron en sus construcciones. Mantener separadas esas escalas permite que cada evidencia conserve su significado: el enclave habla de relación humana; el estudio geotécnico, de materiales y condiciones del término.
Muchos siglos después, otros nombres y otros asentamientos aparecen en la documentación de Alcanar. En 1148, el lugar formaba parte de Ulldecona y recibía el nombre de «lo Canar». La carta de población llegó en 1239 y fue renovada en 1252, una fecha que se considera la fundación oficial del municipio debido a la falta de estabilidad del asentamiento. En 1380 ya había treinta familias y en 1449 Alcanar se independizó de Ulldecona. Son etapas posteriores y no describen el destino del enclave antiguo; muestran cómo la historia humana siguió cambiando dentro del mismo territorio municipal.
La excavación devuelve el lugar a la conversación
En 2013, La Vanguardia informó de una nueva campaña de excavación en Sant Jaume-Mas d’en Serra, prevista del 1 al 31 de agosto. Se trataba de la decimosexta campaña del Grupo de Investigación en Arqueología Protohistórica de la Universidad de Barcelona. La noticia añadía un cambio importante para el trabajo: por primera vez, una intervención se desarrollaría en propiedad municipal, después de que el Ayuntamiento adquiriese meses antes parte de la superficie excavada.
La investigación arqueológica y el territorio municipal se encontraron así en una nueva etapa. El Ayuntamiento pasó a ser propietario de una parte del área excavada y el equipo pudo trabajar allí en esa campaña anunciada. La noticia también describía jornadas de puertas abiertas organizadas con el consistorio, en las que los asistentes podían conocer el yacimiento y observar el trabajo de los arqueólogos. La antigua relación con comerciantes mediterráneos dejaba de ser solo una fecha escrita: se convertía en una cuestión que podía investigarse y explicarse en el propio lugar.
El resultado documentado no es una reconstrucción completa de la vida cotidiana del asentamiento, sino un hilo firme que une costa, antigüedad y trabajo arqueológico. El enclave corresponde a los siglos VII-VI a. C.; el contacto intenso con comerciantes fenicios forma parte de lo que se conoce de él; y las campañas continuaron hasta alcanzar, en 2013, su decimosexta edición anunciada. La adquisición municipal de parte de la superficie excavada y las jornadas públicas acercaron esa investigación a la comunidad de Alcanar.
Al volver del yacimiento hacia el horizonte, el perfil del Montsià y la franja costera dejan de parecer piezas aisladas. Entre ambos se extiende un municipio de sedimentos, rocas carbonatadas y relieves diversos, y en su costa una investigación ha recuperado la memoria de antiguos contactos mediterráneos. La sierra marca el fondo; el mar, la apertura. En Alcanar, la historia de ambos se sigue leyendo desde el terreno.
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