Ablitas llevó el alabastro de sus canteras hasta los palacios del reino
En la Edad Media, las canteras de Ablitas proporcionaron piedra para los capiteles del castillo de Tudela y, más tarde, para imágenes de reyes destinadas a Olite. ¿Qué relación guarda ese viaje de la piedra con el terreno de yesos y lagunas de la villa?
Panorámica de Ablitas y su entorno: el núcleo y el paisaje del término en el que se documentan las antiguas canteras de alabastro.
En Ablitas, la historia de una piedra no termina en la cantera. Entre 1391 y 1394, el alabastro extraído en el término se empleó en los capiteles del castillo de Tudela; en 1413, las canteras volvieron a figurar en un encargo destinado al palacio de Olite: imágenes de los reyes. La villa aparece así unida a dos obras del reino por un recurso que nacía en su propio paisaje.
No hace falta imaginar carretas, rutas ni cuadrillas concretas: los documentos citados registran el material y sus destinos, no el trayecto. Pero el salto es elocuente. Una roca local salió de la escala del terreno y entró en la arquitectura y la representación del poder. Para entender por qué Ablitas podía ofrecerla, hay que mirar el suelo que rodea la villa.
De las canteras de Ablitas a Tudela y Olite
La primera pista está en la palabra alabastro. La historia local sitúa canteras de este material en el término municipal y documenta su uso en los capiteles del castillo de Tudela a finales del siglo XIV. No se trata de una asociación genérica con la piedra: hay un lugar de extracción concreto y una obra identificada.
Después llegó el encargo de 1413. Las canteras de Ablitas proporcionaron material para imágenes de los reyes destinadas al palacio de Olite. El registro no precisa cómo se organizó el trabajo ni cuánto material se obtuvo; sí permite seguir la huella de la piedra desde la localidad hasta dos destinos destacados. Primero, capiteles para un castillo; después, figuras regias para un palacio.
¿Qué tenía Ablitas que la vinculó a esas obras? La respuesta más prudente combina la evidencia histórica con la geológica. La existencia documentada de canteras demuestra que allí se explotó alabastro; el terreno municipal, por su parte, incluye una franja de yesos miocenos. Como el alabastro es una variedad de yeso, es razonable relacionar ambos datos. Esa conexión es una deducción, no una identificación documentada de cada cantera con una capa geológica concreta.
La distinción importa. El dossier no dibuja la cantera medieval sobre un afloramiento preciso. Aun así, la coincidencia entre un recurso explotado y un subsuelo que contiene yesos ofrece una explicación local coherente: la geología puso la materia a disposición de quienes la trabajaron. El dato histórico cuenta para qué sirvió; el terreno ayuda a comprender de dónde podía proceder.
El yeso marca una frontera en el relieve
En Ablitas, el paisaje cambia al avanzar hacia el este. En el noroeste predominan depósitos de aluvión ligados a las terrazas del Queiles y a glacis de erosión; en el resto del término, el terreno se vuelve más accidentado. Allí destaca una banda de yesos con nódulos de sílex, junto a afloramientos de limos y arcillas con capas calcáreas.
El yeso ofrece una pista sobre un pasado muy distinto al actual. Según la interpretación divulgativa de este tipo de roca, puede formarse en lagunas cerradas donde el agua se evapora y deja sales, como sucede en una cubeta que pierde agua bajo un clima seco. En Ablitas, los yesos pertenecen al Mioceno: la roca conserva así el rastro de condiciones antiguas que no se parecen a las de la villa de hoy.
El sílex aparece en nódulos dentro de esa franja yesífera, mientras que las capas calcáreas se intercalan con materiales limo-arcillosos. No son nombres intercambiables: describen componentes distintos del terreno. El estudio geotécnico de Ablitas también incluye yesos, anhidrita y sales entre los materiales registrados. La historia de las canteras, por tanto, no queda suspendida en un relato medieval: el yeso forma parte de la composición geológica reconocida en el municipio.
La franja se prolonga por el este desde El Mojón hasta Monterrey, dos referencias que ayudan a situar ese relieve. Si vives en Ablitas, puedes leer en el contraste entre las zonas más llanas y las más quebradas una diferencia de materiales y formas del terreno, no solo una variación de color en el paisaje. La piedra que hizo posible un oficio pertenece a una geografía más amplia que la propia cantera.
Las lagunas y el Queiles cuentan otra historia
El yeso no ocupa todo el término. En el noroeste, las terrazas del Queiles y los glacis forman otro capítulo: superficies asociadas a depósitos aluviales, es decir, materiales acumulados por corrientes de agua y procesos de erosión. La balsa de Valpertuna y la laguna de Lor se encuentran en esta parte del municipio; junto a esta última se sitúa el Puerto de Ablitas.
El contraste es visible: por un lado, el terreno más accidentado de yesos y sílex; por otro, las formas más tendidas del noroeste, donde aparecen las lagunas y los depósitos relacionados con el Queiles. ¿Es la laguna de Lor una cantera de alabastro? No: su presencia pertenece a otro escenario geológico y no hay en los datos disponibles una conexión entre esa masa de agua y la explotación medieval.
La diferencia ayuda a ordenar la historia sin confundir sus piezas. Las canteras enlazan la actividad humana con la franja yesífera; las lagunas y los aluviones describen el mosaico de formas y materiales del término. La denominación de Ablitas se ha relacionado también, como una de varias posibilidades, con hoyos de agua y piedras altas, una interpretación que encaja con la descripción de la villa en la ladera del Montecillo y rodeada de lagunas superficiales. Es una propuesta sobre el nombre, no la prueba del origen de las canteras.
La laguna de Lor, en el noroeste de Ablitas, dentro de un paisaje distinto de la franja yesífera asociada a la historia de las canteras.
Una piedra de cantera entre campos y frontera
La explotación del alabastro no fue el único uso de la tierra. A comienzos del siglo XIX se recogían en Ablitas trigo, cebada, uva, cáñamo y aceite, y había pastos para ganado lanar. La información local menciona entonces tanto canteras de alabastro como de yeso. El recurso mineral convivía, pues, con una economía de cultivos y pastoreo, en un territorio donde los materiales del suelo variaban de una parte a otra.
Mucho antes, la historia política también había dado a Ablitas un lugar fronterizo. El núcleo aparece documentado tras la conquista de Tudela en 1119 y quedó adscrito a su fuero y jurisdicción. En 1121, Alfonso I puso la mezquita bajo la dependencia de Santa María de Tudela, aunque en la villa subsistió una nutrida comunidad musulmana. En 1137, después de una penetración aragonesa y la contraofensiva de García Ramírez, la villa y el castillo quedaron encomendados durante veinte años a Gonzalo de Azagra.
La frontera ayuda a comprender la relevancia histórica de Ablitas, pero no explica por sí sola la extracción de alabastro. Esa relación más directa aparece en los encargos: el material del término se convirtió en capiteles para Tudela y en imágenes para Olite. La geología y la historia no son la misma cosa; aquí se encuentran en una cantera que suministró una materia concreta para obras documentadas.
El alabastro enlaza dos tiempos sin borrar la diferencia entre ellos: primero, la formación de los materiales del subsuelo; siglos después, su extracción y su trabajo para edificios del reino. En las canteras de Ablitas, el paisaje dejó de ser solo relieve y se convirtió en parte de una historia construida en Tudela y Olite. La próxima vez que mires hacia la franja de yesos, verás también el origen posible de aquella piedra viajera.
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