Zújar, los baños bajo el Negratín
Al pie del cerro Jabalcón, unas aguas calientes y sulfurosas atrajeron visitantes desde época romana. Hoy, el embalse del Negratín cubre los antiguos Baños de Zújar: la historia de un lugar termal transformado por el agua.
Zújar se extiende sobre la ladera, con el paisaje de la comarca al fondo.
Zújar se extiende al pie del cerro Jabalcón, una presencia que domina el paisaje y desde cuya cumbre se divisa buena parte de la comarca bastetana. En la cara norte del cerro brotan aguas naturales calientes y sulfurosas. A nueve kilómetros del pueblo, ese recurso sostuvo un lugar de baños que conocieron distintas épocas y que dejó una huella visible en la historia local: sus antiguas instalaciones quedaron anegadas bajo el embalse del Negratín.
Jabalcón entrega sus aguas
El relato de los Baños de Zújar empieza con una salida de agua en la ladera norte del Jabalcón. No era un arroyo cualquiera: las aguas se describen como calientes y sulfurosas, y su uso para el descanso convirtió ese punto en un destino. El cerro y el manantial forman parte de una misma escena local, aunque la información disponible no atribuye el origen del calor a una estructura geológica concreta. Lo que sí permite seguir es el recorrido humano del agua: de la surgencia natural al baño construido.
La utilización del lugar se remonta, al menos, a época romana. Restos arqueológicos citados en la referencia local atestiguan ese aprovechamiento antiguo; no hacen falta relatos imaginados para percibir el cambio de escala. A lo largo del tiempo, el agua mantuvo su papel como recurso y el paraje incorporó instalaciones modernas. El manantial no es solo una característica del cerro: es el elemento que conecta una práctica antigua con el balneario de época reciente.
El subsuelo cambia de una zona a otra
Para entender el escenario hay que mirar más allá del manantial. La clasificación geotécnica del término municipal recoge materiales distintos: gravas y arenas compactas, calizas, dolomías y mármoles, además de arenas finas y limos. No son nombres intercambiables. Las gravas y arenas son materiales granulares; las calizas y dolomías son rocas carbonatadas, y los mármoles pertenecen también al conjunto de materiales carbonatados, transformados en roca. La clasificación describe el municipio, no identifica la roca exacta bajo los Baños de Zújar.
Ese mosaico importa porque el agua no encuentra el mismo terreno en todas partes. En las rocas carbonatadas, el agua puede ensanchar fisuras y formar conductos o huecos: ese proceso se llama karstificación. El estudio geotécnico señala zonas carbonatadas medianamente karstificadas y, por separado, formaciones yesíferas con karstificación escasa o casi nula, aunque localmente pueden presentar algún sistema aislado. Son comportamientos distintos dentro del término; ninguno, por sí solo, explica el recorrido subterráneo de las aguas termales.
Los sondeos añaden una medida directa del subsuelo. Cinco perforaciones alcanzaron una profundidad media de 155 metros y una máxima de 200; el nivel medio del agua consignado es de 27,5 metros. Son datos de puntos concretos, no una sección continua de todo Zújar ni una medición del manantial. Aun así, muestran que bajo el paisaje visible se ha investigado una columna de terreno considerable y que el agua aparece en el subsuelo a profundidades variables.
El embalse del Negratín forma parte del paisaje de Zújar. Bajo sus aguas quedaron los antiguos Baños y las construcciones del balneario.
Una comarca drenada hacia el Negratín
El Jabalcón no está aislado de la geografía que lo rodea. Por el término de Zújar discurren los ríos Guadiana Menor, Guadalentín y Castril. Barrancos y arroyos también conducen sus aguas hacia el embalse del Negratín, que marca el comienzo del Guadiana Menor. El municipio participa así de una red de drenaje que reúne cauces y depresiones, mientras que los Baños se asocian a una surgencia localizada en la cara norte del cerro.
Conviene mantener juntas esas dos escalas sin confundirlas. Una cosa es el agua que corre por ríos y barrancos hacia el embalse; otra, las aguas termales que emanan del Jabalcón. Ambas pertenecen al paisaje de Zújar, pero la información local no dice que el manantial termal alimente esos cursos ni que su temperatura se deba a una causa concreta. La relación segura es espacial: cerro, aguas y red fluvial conviven en un término cuyo relieve presenta fuertes variaciones de altitud.
El embalse cubre el antiguo balneario
La transformación decisiva llegó con la presencia del embalse del Negratín. Bajo sus aguas quedaron los Baños de Zújar y las construcciones modernas que habían funcionado como balneario hasta 1985. El lugar que antes reunía una surgencia y edificios para aprovecharla dejó de estar a la vista. El agua, protagonista del uso termal durante siglos, pasó a formar parte de una lámina mucho mayor que cubrió ese escenario.
La consecuencia no borra el pasado romano ni el funcionamiento del balneario contemporáneo, pero cambia la forma de encontrar sus rastros. Las instalaciones antiguas permanecen anegadas junto al embalse, no como edificios que puedan recorrerse, sino como parte del lugar transformado. La fecha de 1985 marca el final documentado de la actividad de aquellas construcciones; la referencia local no precisa cuándo quedaron cubiertas. En el paisaje actual, la orilla hace visible el cambio, aunque no permita ver lo que quedó bajo el agua.
El agua termal sigue en la historia de Zújar
La referencia local también señala que en la actualidad hay un balneario de estilo moderno. Ese dato mantiene viva la relación del municipio con el aprovechamiento de sus aguas, pero no convierte el edificio actual en el antiguo conjunto sumergido: son dos momentos distintos de la historia termal de Zújar. La surgencia natural sigue asociada al Jabalcón; los baños romanos y las instalaciones que funcionaron hasta 1985 pertenecen a un emplazamiento que el embalse anegó.
El sustrato municipal ayuda a entender por qué el agua y el terreno no pueden reducirse a una sola imagen. Hay materiales granulares, rocas carbonatadas y sedimentos finos; también hay formaciones con distinta respuesta a la circulación del agua. Sin embargo, la historia de los Baños se sostiene en hechos más concretos que una explicación general del subsuelo: el agua caliente y sulfurosa brotaba en la cara norte del cerro, fue aprovechada desde época romana y reunió instalaciones hasta la transformación del paraje por el embalse.
Desde el pueblo, el Jabalcón sigue dando forma al horizonte y el Negratín ocupa hoy un espacio que incluye los antiguos baños. Bajo esa superficie, el lugar termal permanece ligado a la historia de Zújar, aunque sus construcciones ya no se vean. El agua que atrajo a quienes buscaban descanso dejó así una huella doble: un uso que continúa en la memoria local y un balneario antiguo que quedó bajo el embalse.
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