Historia geológica Localidad Villanueva de la Cañada

Villanueva de la Cañada levantó su castillo en el cerro Horcajo, sobre la llanura

*En el cerro Horcajo, el castillo de Aulencia destaca sobre una llanura de suaves relieves. ¿Qué papel tuvo ese terreno en la elección de un lugar que también fue paso de caminos?*

El Ayuntamiento y la plaza de Villanueva de la Cañada, en una vista del núcleo urbano actual.

El Ayuntamiento y la plaza de Villanueva de la Cañada, en una vista del núcleo urbano actual.

Foto: Dirección General de Turismo. Consejería de Economía e Innovación Tecnológica. Comunidad de Madrid, CC BY 3.0 es — commons.wikimedia.org

El castillo de Aulencia se alza en el cerro Horcajo, cerca de donde el río Aulencia desemboca en el Guadarrama. Alrededor se extiende una llanura; aquí y allá, apenas algunos cerros y promontorios rompen la horizontal. ¿Por qué la fortaleza ocupa precisamente uno de esos altos discretos? La respuesta comienza en el relieve: no hace falta una montaña para que un punto elevado destaque en un territorio llano.

En el Horcajo, la llanura deja de ser plana

Villanueva de la Cañada se encuentra en la cuenca del curso medio del Guadarrama. La descripción geográfica del municipio presenta una extensa llanura, interrumpida por elevaciones de poca altura. El cerro Horcajo es una de ellas; sobre él se encuentra el castillo de Aulencia, también llamado de Villafranca. La relación entre el edificio y el relieve es concreta: la fortaleza ocupa uno de los puntos altos que sobresalen del paisaje municipal.

Eso no convierte el cerro en una montaña ni demuestra por qué se escogió para construir. Pero sí permite imaginar una diferencia importante para quien se acercaba a pie: en un terreno mayoritariamente llano, cualquier elevación ofrece un punto de referencia y una posición dominante respecto a su entorno inmediato. Es probable que el alto del Horcajo resultara útil por esa ventaja topográfica. La fuente histórica disponible, sin embargo, no atribuye expresamente a esa razón la decisión de levantar allí el castillo.

La fortaleza tiene origen musulmán y sus primeras referencias documentadas se remontan al siglo XIV. Su núcleo principal es de planta cuadrada, con una torre del homenaje que supera los veinte metros y otras ocho torres cilíndricas de menor altura. La barbacana y las torres completan un conjunto que se reconoce en el perfil del cerro. Aquí la geología participa de la historia sin necesidad de adjudicarle al castillo una roca concreta: el edificio está situado sobre un relieve que sobresale de la llanura.

Dos ríos al pie de la fortaleza

El agua también forma parte del escenario. El castillo queda cerca de la desembocadura del Aulencia en el Guadarrama, dentro del entorno del parque regional del curso medio de este último río. No es un detalle aislado del paisaje: el municipio se emplaza en la cuenca de ese curso fluvial. Al mirar el mapa del terreno, el cerro, los cauces y la llanura aparecen como piezas próximas de un mismo lugar.

La geología local añade otra escala a esa escena. En la clasificación de suelos incluida en el estudio geotécnico, el grupo de areniscas, conglomerados y flysch representa el 74.06%. Son nombres distintos, pero todos remiten a materiales sedimentarios. Las areniscas se forman cuando arena depositada —en playas antiguas, deltas o ríos— acaba consolidándose; los conglomerados reúnen cantos rodados cementados, señal de corrientes capaces de transportarlos. El flysch, por su parte, alterna capas de arena y arcilla depositadas en el pie de una plataforma continental.

Ese vocabulario permite leer el terreno como una sucesión de ambientes muy distintos de la llanura actual: aguas que movían arenas y guijarros, y fondos donde se acumulaban sedimentos finos. No significa que cada uno de esos ambientes se encuentre bajo el castillo ni que todos correspondan a la misma época. La clasificación geotécnica describe los tipos de terreno presentes en el municipio, no asigna cada roca a una loma concreta. Su valor para esta historia es mostrar que el paisaje actual se levanta sobre materiales con orígenes diversos.

En la misma clasificación, las pizarras y los esquistos representan el 15.15%, y las calizas, dolomías y mármoles, el 8.34%. Las pizarras y los esquistos son rocas antiguas transformadas por presión y calor; las calizas y dolomías remiten a sedimentos de antiguos mares poco profundos, mientras que el mármol es una roca caliza transformada. No hace falta ponerles una fecha no documentada para reconocer el contraste: en Villanueva se reúnen materiales que evocan ríos y playas antiguos, fondos marinos y rocas deformadas en profundidad.

La Cañada se convirtió en camino de ida y vuelta

Mucho después de formarse esas rocas, el terreno fue escenario de movimientos estacionales. En el siglo XVI, el lugar pasó a llamarse Villanueva de la Cañada, en referencia a la delimitación de caminos por los que transitaban los rebaños hacia las montañas y de regreso, dos veces al año, durante la trashumancia. El nombre conserva una huella humana del territorio: aquí los caminos no solo conectaban poblaciones, también servían a una forma de vida que dependía del desplazamiento periódico del ganado.

¿Ayudaba la llanura a abrir esos recorridos? La geografía sugiere que un espacio extenso y de relieve suave podía facilitar el tránsito frente a un terreno abrupto. Es una deducción, no una descripción documentada del trazado de cada cañada local. Lo verificable es el vínculo entre el nombre del municipio y esos caminos trashumantes, y el contraste entre la llanura y los cerros que emergen de ella. El Horcajo concentra uno de esos relieves; la Cañada, en cambio, recuerda el movimiento a través del territorio.

Antes de ese nombre, la población era conocida como La Despernada o La Espernada. Sus orígenes son anteriores al siglo XV. En 1578, las Relaciones Topográficas de Felipe II recogieron una explicación legendaria: una estatua de piedra, mutilada por los transeúntes, habría estado en el lugar donde después se levantaron las primeras viviendas. El relato no es una prueba geológica ni una explicación confirmada del nombre. Sí muestra cómo una piedra podía convertirse, en la memoria local, en el centro de una historia sobre el nacimiento del pueblo.

Otra leyenda atribuía el nombre a una princesa que se habría roto una pierna tras caer de su caballo. En esa misma tradición histórica aparece la Casa de Llanos, construida en tiempos de Enrique IV y usada como parador o estancia real; La Despernada quedaba en el camino entre la corte y aquella casa. Las versiones deben mantenerse como relatos distintos, no fundirse en una sola certeza. En cambio, el cambio oficial de nombre sí tiene un anclaje preciso: tras la Declaración de Villazgo de 1626-1628, Villanueva de la Cañada se convirtió en la denominación oficial, aunque La Despernada siguió usándose popularmente durante años.

La piedra del paisaje y la piedra del recuerdo

Una estatua legendaria y una fortaleza medieval no cuentan la misma historia, pero ambas ayudan a situar la piedra en la experiencia local. En el relato de La Despernada, una figura de piedra da pie a una explicación del origen del asentamiento. En el Horcajo, el relieve sostiene la presencia visible del castillo. Una es una tradición recogida por escrito; la otra, un edificio cuya ubicación está documentada. Juntas muestran cómo el terreno puede entrar en la historia de maneras diferentes: como escenario físico o como imagen que una comunidad conserva.

El castillo está además en un paraje de valor ecológico del parque regional del curso medio del Guadarrama. Esa continuidad del paisaje fluvial ayuda a entender por qué el cerro no puede separarse del entorno que lo rodea. Los cursos de agua y los materiales geológicos pertenecen a escalas de tiempo distintas, pero se encuentran en el mismo espacio que recorrieron personas y rebaños. No hay que imaginar un itinerario exacto para reconocer la coincidencia entre una fortaleza junto a dos ríos y una población cuyo nombre quedó ligado a caminos de tránsito.

Si hoy relacionas el nombre de Villanueva de la Cañada con una vía ganadera, el mapa local añade una segunda imagen: la llanura interrumpida por el Horcajo, con el castillo sobre uno de sus altos y los ríos cerca. La información geológica permite ir aún más atrás, hasta sedimentos de arena, cantos y fondos marinos, sin atribuir fechas o rocas específicas a la fortaleza. Así, la historia no se apoya en una explicación única, sino en capas: terreno, agua, camino y memoria.

¿Por qué el castillo está en el Horcajo? La explicación más prudente es también la más visual: el cerro ofrece una elevación dentro de una llanura y la fortaleza quedó situada junto al Aulencia y el Guadarrama; que esa ventaja decidiera su emplazamiento es probable, pero no está documentado directamente. Cuando mires hacia ese alto, verás no solo una construcción medieval, sino el punto donde el relieve de Villanueva de la Cañada se hizo parte de su historia.

Tipos de terreno en Villanueva de la Cañada

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Pizarras y Esquistos
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    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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