Villahermosa, el cruce que fue Pozuelo
El primer asentamiento estable del núcleo actual nació como Pozuelo, junto a caminos que enlazaban territorios distintos y agua muy cercana a la superficie. La combinación ayuda a seguir cómo un lugar del Campo de Montiel se convirtió en Villahermosa.
La iglesia parroquial de Villahermosa, cuya torre ya existía cuando la aldea recibió la carta puebla de 1444.
Antes de que el nombre de Villahermosa apareciera en una carta de privilegio, esta aldea tenía otro nombre y una ubicación reconocible por dos razones prácticas: allí se cruzaban caminos y el agua se encontraba muy somera. La documentación relaciona esa agua próxima con el nombre de Pozuelo, también llamado Pozo hondo. No es una historia de un pueblo levantado sobre un río, sino la de un núcleo que encontró en el terreno una condición valiosa para asentarse: agua accesible en un punto de paso.
Pozuelo, entre Cuenca y Granada
En la Edad Media coincidían junto al actual núcleo urbano dos rutas de largo recorrido: una enlazaba Cuenca con Granada y otra Valencia con Calatrava. El cruce daba sentido al lugar como parada y punto de conexión; la presencia de agua cercana completaba esa ventaja. La fuente histórica no describe una escena concreta de fundación ni identifica un pozo determinado. Sí permite seguir el resultado: en este emplazamiento apareció el primer asentamiento permanente del núcleo actual y el nombre de Pozuelo quedó ligado al agua somera.
La palabra «somera» importa. Significa que el agua estaba a poca profundidad, una condición distinta de la de un curso visible en superficie. No hace falta imaginar una fuente en cada esquina para entender el atractivo: para una comunidad que empezaba a fijarse en un lugar, tener agua relativamente próxima podía convertir el paso en asentamiento. Los caminos explican por qué llegaban personas; el agua ayuda a explicar por qué algunas permanecían. Pozuelo nació en el encuentro de ambas circunstancias.
Ese núcleo medieval no debe confundirse con toda la historia humana del término. En las vegas de los ríos y cerca del Jabalón se han encontrado restos que indican presencia humana desde el Paleolítico. También constan asentamientos de la Edad del Bronce, de la Edad del Hierro y de época ibero-romana. Son huellas de ocupación en distintos lugares y momentos; la historia del asentamiento permanente en el actual casco urbano empieza después, en la Edad Media. El terreno había sido escenario de vidas mucho antes de que Pozuelo adquiriera nombre.
El Campo de Montiel cambia de señor
El cruce de caminos quedaba dentro de un territorio que cambió de manos durante las primeras décadas del siglo XIII. La conquista cristiana del área se sitúa antes de 1227, cuando el vecino Castillo de la Estrella pasó a la Orden de Santiago junto con el resto del Campo de Montiel. La orden gobernó Villahermosa como parte de la comarca durante más de ocho siglos, hasta el siglo XIX. La nueva autoridad dio un marco político al territorio; el agua y las rutas seguían siendo condiciones concretas del lugar habitado.
Villahermosa se encuentra a 956 metros de altitud. En su término, el punto más alto alcanza 1.017 metros sobre el nivel del mar, en Vacanás, y el municipio abarca 363,01 kilómetros cuadrados. Es una escala amplia, con parajes y cauces distintos, no una única superficie uniforme. Esa dimensión ayuda a leer con cuidado las noticias sobre agua y materiales: una condición que se registra en el núcleo urbano no tiene por qué describir cada paraje del término, y una clasificación municipal no identifica por sí sola lo que hay bajo una calle concreta.
Yesos y calizas bajo un término diverso
La clasificación geotécnica del municipio señala como categoría dominante los yesos, la anhidrita y las sales. También registra materiales carbonatados —calizas, dolomías y mármoles—, arenas finas, limos y, en menor proporción, arcillas expansivas. Son nombres de materiales concretos, no capas ordenadas que puedan asignarse automáticamente a un edificio o a un punto del casco urbano. Su presencia dibuja un sustrato municipal variado, sobre el que se extienden los caminos y los asentamientos del Campo de Montiel.
El mismo estudio describe formaciones generalmente impermeables o de permeabilidad muy baja, aunque señala que la alteración o las fracturas pueden alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos. La permeabilidad es, sencillamente, la facilidad con la que el agua atraviesa un material. Así se entiende que un terreno pueda limitar el paso uniforme del agua y, a la vez, permitir que aparezca en ciertos puntos. Es un mecanismo compatible con la existencia de agua somera, pero no demuestra qué formación concreta la proporcionaba en el antiguo Pozuelo.
La relación entre agua y paisaje se aprecia también en la red de ríos y fuentes del término. El Azuer nace en Villahermosa; el Cañamares lo hace cerca de la aldea del mismo nombre y desemboca en el Azuer después de pasar por Carrizosa. A unos 16 kilómetros del casco urbano está la Laguna Blanca, primera de las Lagunas de Ruidera; en sus inmediaciones, en el paraje de los Zampollones, nace el Guadiana. No es un único manantial el que explica el lugar, sino una geografía de agua repartida por un territorio extenso.
Desde los años setenta, el abastecimiento principal de agua potable de Villahermosa procede de Fuensomera, una de las fuentes principales del nacimiento del Cañamares. El suministro actual no debe confundirse con la fuente de agua del asentamiento medieval: son referencias distintas y separadas por siglos. Pero el contraste revela una continuidad importante. El agua ha seguido siendo una cuestión práctica para la localidad, aunque la procedencia principal del abastecimiento moderno esté identificada en una fuente concreta del término.
La lámina de 1901 titulada «Arrivée à Villahermosa» representa una escena urbana de la localidad, siglos después del primer asentamiento medieval de Pozuelo.
La carta de 1444 convierte Pozuelo en Villahermosa
Durante un tiempo, Pozuelo dependió de Montiel. El 22 de septiembre de 1444, Enrique de Aragón, maestre de la Orden de Santiago, le concedió una carta puebla: la aldea quedó desligada de Montiel, recibió el nombre de Villahermosa y se creó la Encomienda de Villahermosa. El cambio no borró el emplazamiento que había hecho posible el asentamiento. Los caminos continuaban cruzándose y el agua seguía formando parte de la identidad del lugar, ahora bajo un nombre nuevo y un gobierno propio.
La torre de la iglesia parroquial ya existía y el templo estaba en construcción en ese momento. La carta de privilegio fue confirmada en 1480 por el capítulo general de la Orden, celebrado en Uclés y continuado en Ocaña. En esos hechos se reconoce el paso de aldea a comunidad con una identidad y unas instituciones más definidas. La torre y la carta pertenecen a la historia construida; Pozuelo, en cambio, conserva en el nombre la pista del agua que acompañó al primer núcleo permanente.
La dependencia de la Orden de Santiago atravesó siglos de cambios. En 1566 Felipe II retiró a los pueblos del partido la jurisdicción civil y criminal, que pasó a la cabecera; en 1587 la restableció previo pago al fisco. A comienzos del siglo XVII llegó una nueva carta de privilegio otorgada por Felipe III. Estas decisiones alteraron la autonomía municipal, pero no trasladaron el pueblo ni cambiaron el cruce de caminos que lo había situado en el mapa cotidiano del Campo de Montiel.
Una comunidad agrícola junto a caminos y cauces
El Catastro de Ensenada ofrece una imagen concreta de Villahermosa en 1752: contabilizaba 665 vecinos, incluidas viudas y eclesiásticos, y otros 34 que vivían todo el año en casas de campo. Entre las ocupaciones constaban 120 labradores y 120 jornaleros, además de trabajadores vinculados al ganado y a las labores del campo. El dato muestra una comunidad muy ligada a la agricultura y la ganadería. No permite atribuir cultivos concretos a cada tipo de suelo, pero sí recuerda que el asentamiento y su entorno eran también un espacio de trabajo.
A finales del siglo XVIII Villahermosa tenía 2.633 habitantes y era la cuarta población del Campo de Montiel. En 1833 pasó a formar parte de la provincia de Ciudad Real. Mucho después, desde los años sesenta del siglo XX, la población empezó a disminuir de forma sostenida, mientras a finales de esa década se instalaba el primer taller de confección textil. El municipio cambió de escala y diversificó su economía; el núcleo, sin embargo, permaneció en el lugar que había reunido agua somera y rutas.
Pozuelo no conserva su nombre como denominación oficial, pero sí como una explicación breve de aquel comienzo medieval. El asentamiento creció, recibió carta puebla en 1444 y acabó llamándose Villahermosa; el agua para el abastecimiento principal llega hoy desde Fuensomera, en la cuenca del Cañamares. Al recordar el cruce, no se ve solo un punto donde se encontraban caminos: aparece el lugar donde la proximidad del agua ayudó a que el paso se volviera pueblo.
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