Vilamartín de Valdeorras, pizarra y temblor
En Vilamartín, pizarras y esquistos dominan la clasificación del terreno; en tres décadas, un registro recoge cinco pequeños sismos. El retrato geotécnico permite acercarse a los materiales del municipio y a los movimientos que se han registrado o se contemplan en su terreno.
Campo de fútbol de Vilamartín de Valdeorras, con las laderas del entorno al fondo. La vista sitúa el relieve que acompaña el retrato geotécnico del municipio.
El suelo de Vilamartín de Valdeorras se puede leer en dos escalas. Una clasificación geotécnica describe los materiales predominantes; un registro sísmico reúne pequeños temblores ocurridos en un periodo de treinta años. Ninguno de esos datos, por sí solo, cuenta una catástrofe. Juntos dibujan un lugar cuyo terreno se caracteriza por rocas dominantes, condiciones de permeabilidad y movimientos que conviene distinguir entre registrados y posibles.
Pizarras y esquistos en primer plano
La categoría más extensa es la de pizarras y esquistos: representa el 88,19 % de los terrenos clasificados. Calizas, dolomías y mármoles suman el 3,42 %. Son nombres concretos para materiales distintos, pero la clasificación no autoriza a asignar automáticamente una de esas rocas a un edificio, una calle o una parcela determinada. Su alcance es el retrato geotécnico de Vilamartín.
La diferencia importa. El dato principal no es que cada construcción se apoye en pizarra, sino que ese conjunto de rocas domina la clasificación local. Las rocas carbonatadas —calizas, dolomías y mármoles— aparecen también, aunque en una proporción menor. Así, el subsuelo descrito no queda reducido a un único material: hay un predominio marcado y, junto a él, otras categorías geológicas.
El informe caracteriza la permeabilidad como clase 9 y describe las formaciones de esa clase como generalmente impermeables o de permeabilidad muy baja. Añade una excepción importante: la alteración o la fracturación puede albergar acuíferos superficiales, por lo general poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés. Dicho de otro modo, la roca puede ofrecer pocas vías para el agua en conjunto y, aun así, dejar que esta encuentre pasos en zonas alteradas o fracturadas.
Para la expansividad, la clasificación indica peligrosidad 0 y describe el sustrato como no arcilloso. Es una caracterización geotécnica, no una explicación del origen de las pizarras y los esquistos. Pero sí aporta una pieza útil para entender cómo se representa el terreno en el estudio: materiales dominantes, respuesta general al paso del agua y una categoría específica para la expansividad.
Cinco temblores en el registro
En otra escala aparece la actividad sísmica. El portal citado en el estudio recoge cinco eventos de magnitud mínima 1,5 durante un periodo de treinta años. El mayor alcanzó magnitud 3,2, el 20 de octubre de 2005, con una profundidad registrada de 15 kilómetros. El más reciente de los cinco enumerados fue de magnitud 1,7, el 12 de marzo de 2024, a 14,8 kilómetros de profundidad.
Entre ambos figuran un sismo de magnitud 1,7 con profundidad registrada de 0 kilómetros, el 10 de diciembre de 2009; otro de magnitud 3,1 a 5 kilómetros, el 14 de mayo de 2010; y uno de magnitud 1,6 a 15 kilómetros, el 4 de septiembre de 2011. La magnitud media indicada es 2,26. Los datos describen una secuencia de eventos pequeños; no permiten atribuirlos a una de las categorías de roca mencionadas antes.
Cruceiro na praza de Rosalía de Castro, en Vilamartín. Una escena cotidiana del municipio acompaña el recorrido desde el terreno hasta los espacios habitados.
La imagen de un temblor en un registro es distinta de la de un movimiento de ladera. El primero se expresa aquí mediante magnitudes, fechas y profundidades; los procesos de ladera aparecen en otra parte del retrato geotécnico. Mantener separadas esas escalas evita convertir dos observaciones diferentes en una sola causa.
Las laderas, entre el movimiento y la posibilidad
La descripción geotécnica señala áreas con movimientos actuales y/o potenciales de tipo deslizamiento o desprendimiento. La formulación incluye dos situaciones: movimientos que pueden estar activos y movimientos posibles. No identifica en los datos disponibles una ladera concreta ni fecha un episodio particular; por eso no cabe transformar esta categoría en el relato de un derrumbe local.
Un deslizamiento y un desprendimiento nombran formas distintas de movimiento del terreno. En este caso, el estudio los agrupa como procesos que pueden afectar áreas del término. La advertencia adquiere sentido junto al resto de la ficha: Vilamartín no se resume en una roca o en un terremoto, sino en una caracterización geotécnica que reúne materiales, permeabilidad, expansividad y procesos de ladera.
El desenlace que permiten contar esos datos es un retrato, no una crónica de un desastre: predominan las pizarras y los esquistos, se registran cinco pequeños sismos en el periodo señalado y se contemplan movimientos de ladera actuales o potenciales. Así queda descrito el terreno de Vilamartín, con movimientos medidos por un lado y procesos de ladera recogidos por otro. Bajo el paisaje cotidiano, la geología aparece como una combinación de materiales y condiciones, no como una sola historia de temblores.
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