Vilafamés, el pueblo que los neandertales eligieron hace 80.000 años (y la roca que explica por qué)
Bajo las calles empedradas de uno de los pueblos más bonitos de España hay calizas de un mar tropical, areniscas de ríos prehistóricos y cavidades kársticas que hace 80.000 años sirvieron de refugio a los neandertales. La misma roca que los atrajo sigue siendo hoy el cimiento del castillo, el suelo de las casas y el mayor riesgo geológico del subsuelo.
¿Alguna vez te has preguntado por qué Vilafamés está exactamente donde está? ¿Por qué el pueblo se encarama sobre ese cerro rocoso en lugar de extenderse por el llano que se abre a sus pies? ¿Por qué el castillo se alza sobre esa cima y no sobre cualquier otra colina de los alrededores?
La respuesta tiene 80.000 años. Y antes de que la tuvieran los musulmanes que construyeron la primera fortaleza, antes de que la tuviera Jaime I cuando conquistó la plaza en 1233, la tuvieron los neandertales. Ellos llegaron primero. Y eligieron exactamente el mismo punto por exactamente la misma razón: la roca.
El mar que construyó el cerro (y el refugio de los neandertales)
Más de la mitad del subsuelo de Vilafamés —el 56,22%, según los datos del IGME— es caliza, dolomía y mármol. Rocas carbonatadas, formadas en el fondo de un mar tropical que cubrió esta parte de la Península Ibérica durante el Mesozoico, hace entre 65 y 250 millones de años. Cuando ese mar se retiró y los movimientos tectónicos alpinos empezaron a plegar y levantar la corteza, esas calizas emergieron formando las sierras y cerros que hoy caracterizan el paisaje interior de Castellón.
La caliza tiene una propiedad fundamental: es dura, resistente a la erosión, y forma relieves prominentes. Pero también es soluble. El agua de lluvia, ligeramente ácida, la disuelve lentamente a lo largo de millones de años, abriendo grietas, galerías, cavidades. El resultado es el karst: un sistema de cuevas y túneles subterráneos que convierten la roca sólida en un queso suizo a escala geológica.
Y esas cuevas fueron, durante decenas de miles de años, los mejores refugios naturales disponibles en este territorio.
La Cova de Dalt del Tossal de la Font, en el término de Vilafamés, tiene 2.282 metros de recorrido excavado en la caliza. En su interior se encontraron, en excavaciones realizadas entre 1982 y 2012 por la Universitat Jaume I y el Institut Català de Paleoecologia Humana, tres fósiles humanos adscritos al grupo de los neandertales, con una antigüedad aproximada de 80.000 años. Es el único yacimiento de este tipo localizado en la Comunidad Valenciana. Declarado Bien de Interés Cultural en 2021, es uno de los registros prehistóricos más significativos de todo el arco mediterráneo peninsular.
Los neandertales que vivieron aquí hace 80.000 años no eligieron este cerro por capricho. Lo eligieron porque la caliza les daba lo que necesitaban: abrigo bajo la roca, agua en las grietas y en las fuentes que emergen al pie del macizo, y una posición elevada desde la que vigilar el territorio. La misma lógica que siglos después llevaría a los musulmanes a construir su fortaleza sobre la misma cima. Y a Jaime I a conquistarla.
La Roca Grossa: cuando la geología se convierte en monumento
Hay un elemento en el paisaje urbano de Vilafamés que resume mejor que ningún otro la relación entre la geología y la historia del lugar: la Roca Grossa, el gran peñasco de arenisca roja que emerge en medio del casco antiguo, entre la plaza de la Fuente y el castillo, como si el suelo hubiera decidido empujar hacia arriba una muestra de lo que hay debajo.
La arenisca roja —el llamado rodeno— es el segundo material más abundante en el subsuelo de Vilafamés: el 12,77% del total, en forma de areniscas, conglomerados y flysch. Es una roca más antigua que las calizas en términos de afloramiento, más visible en superficie en algunos puntos del término, y de un color ocre-rojizo característico que da personalidad visual al paisaje de toda esta zona del interior castellonense.
Las areniscas se forman en ambientes costeros o fluviales: playas, deltas, ríos de corriente moderada donde la arena se deposita y se compacta. Las que aparecen en Vilafamés corresponden al Cretácico y al Triásico, épocas en que este territorio era una zona de transición entre ambientes marinos y continentales. Junto a la Roca Grossa, en el Abric del Castell —una visera de arenisca roja al pie del castillo—, se conservan pinturas rupestres esquemáticas de la Edad del Bronce declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998. La misma roca que sirvió de lienzo a aquellos artistas prehistóricos es la que hoy flanquea el paseo empedrado que sube al castillo.
El castillo y la caliza: una alianza de 80.000 años
El Castillo de Vilafamés, declarado Bien de Interés Cultural, tiene origen árabe —los documentos medievales lo mencionan como Beni-Hamez— y fue conquistado por Jaime I en 1233. Pero la elección del emplazamiento es mucho anterior a cualquier decisión humana: el castillo se asienta directamente sobre el afloramiento calcáreo más prominente del término, en la cima del cerro que domina la llanura de la Plana Alta.
La caliza ofrece a una fortaleza exactamente lo que necesita: base firme, paredes verticales naturales que no requieren excavación, y una posición de dominio visual sobre el territorio circundante. El escarpe calcáreo es, en sí mismo, la primera línea defensiva.
Esa misma fortaleza resistió en el siglo XIX los ataques de las tropas carlistas del general Ramón Cabrera, conocido como el Tigre del Maestrazgo. En marzo de 1837, el cabecilla carlista conocido como El Serrador intentó el primer asedio, que fracasó a los tres días. En abril del mismo año, el propio Cabrera estableció un campamento ante la población e intentó el golpe definitivo: el día 16 se abrió una brecha en las murallas, pero los atacantes fueron rechazados y Cabrera tuvo que retirarse hacia Alcora. Vilafamés resistió sobre su roca. La torre circular que hoy corona el castillo —uno de los pocos ejemplos de arquitectura carlista de la Comunitat Valenciana— se construyó precisamente durante ese periodo para adaptar las defensas a las nuevas técnicas de guerra del siglo XIX.
La caliza que generó el cerro, que atrajo a los neandertales hace 80.000 años, que permitió levantar la fortaleza árabe y después medieval, es también lo que hizo a Vilafamés inexpugnable para Cabrera.
El karst: la belleza que esconde un riesgo
Hay un reverso en esta historia de rocas resistentes y fortalezas inexpugnables. La misma caliza que durante milenios fue sinónimo de solidez y refugio guarda, bajo la superficie, un riesgo geológico específico que los estudios del subsuelo de Vilafamés identifican como el principal condicionante para la construcción: el karst.
El agua que disuelve la caliza durante millones de años no lo hace de manera uniforme. Lo hace por las grietas, abriendo cavidades irregulares, galerías, dolinas —depresiones circulares en superficie— y, en casos extremos, cámaras subterráneas que pueden estar a pocos metros de profundidad sin dejar señal visible desde arriba. La Cova de Dalt del Tossal de la Font, con sus 2.282 metros de galerías, es el ejemplo más espectacular de lo que el karst puede hacer en la caliza de Vilafamés. Pero es solo el más conocido.
Antes de cimentar cualquier edificio en Vilafamés, los geólogos deben verificar que no hay cavidades ocultas bajo el terreno elegido. Lo que parece roca sólida puede esconder, a pocos metros, un vacío.
Una sismicidad moderada con historia reciente
El subsuelo de Vilafamés registra una actividad sísmica moderada: 30 eventos en los últimos 30 años, con una magnitud máxima de 3,3 —registrada en 2001— y un último sismo de M 1,6 en 2026. La media de los eventos es de M 1,75, por debajo del umbral de percepción humana en condiciones normales.
El sismo de mayor magnitud registrado, de M 2,5 en 2011, y el más reciente significativo, de M 2,3 en 2024, son coherentes con la posición del municipio en el borde del Sistema Ibérico, donde la actividad tectónica residual de la Orogenia Alpina genera ocasionalmente pequeños temblores. Nada que comprometa la seguridad de las edificaciones convencionales, pero suficiente para recordar que las mismas fuerzas que levantaron el cerro calcáreo sobre el que se asienta el pueblo siguen activas, a escala geológica.
Lo que el subsuelo de Vilafamés guarda, capa a capa
|
Profundidad |
Qué hay |
Qué fue |
|---|---|---|
|
0 – 5 m |
Arenas finas y limos |
Depósitos recientes de ladera y relleno de valles. Cuaternario |
|
5 – 11 m |
Gravas y arenas compactas |
Aluviones de barrancos y torrentes. Cuaternario antiguo |
|
11 – 21 m |
Arcillas y margas sobreconsolidadas |
Mar somero y ambientes de transición. Mesozoico |
|
21 – 36 m |
Areniscas, conglomerados y flysch |
Playas y deltas del Cretácico y Triásico. La Roca Grossa |
|
36 – 56 m+ |
Calizas, dolomías y mármoles |
Fondo de mar tropical. El cerro, el castillo, las cuevas de los neandertales |
Cinco capas. Ochenta mil años de historia humana sobre el mismo punto. Y debajo, la caliza que lo explica todo: la cueva que albergó a los neandertales, el cerro que eligieron los árabes, la fortaleza que resistió a Cabrera, el pueblo que hoy figura entre los más bonitos de España.
Vilafamés no está donde está por casualidad. Está donde está porque la roca manda.
Fuentes: Datos geológicos del subsuelo (tipos de suelo, porcentajes, perfil estratigráfico): estudiogeotecnico.pro/es/estudio-geotecnico-en-vilafames, basados en cartografía IGME GEODE 50k y MAGNA 50. Datos sísmicos: Seismic Portal EMSC/IGN. Historia de Vilafamés: Wikipedia, artículo «Villafamés» (es.wikipedia.org/wiki/Villafam%C3%A9s); Ajuntament de Vilafamés (vilafames.org/es/historia-del-poble). Castillo de Vilafamés: Wikipedia, artículo «Castillo de Villafamés» (es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Villafam%C3%A9s). Cova de Dalt del Tossal de la Font: Turismo de Castellón (turismodecastellon.com); publicación científica: Gusi et al., «La Cova de Dalt del Tossal de la Font (Vilafamés, Castellón): conclusiones preliminares», ResearchGate. Pinturas rupestres del Abric del Castell: 360gradospress.com, citando declaración UNESCO 1998.
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