Historia geológica Localidad Trijueque

Trijueque, murallas al borde de la Alcarria

En Trijueque, la Alcarria acaba en un borde que desciende abruptamente hacia el valle del Badiel. Sobre esa cornisa se levantaron defensas y una ciudadela de los Mendoza; hoy, unas pocas torres y la iglesia en ruinas conservan la huella de una historia que también se lee en el paisaje.

La Alcarria vista desde el término municipal de Trijueque, el paisaje abierto junto al que se asoma el pueblo.

La Alcarria vista desde el término municipal de Trijueque, el paisaje abierto junto al que se asoma el pueblo.

Foto: Balles2601, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Trijueque se recorta sobre la planicie alcarreña. Desde el borde, el terreno baja de manera abrupta hacia el valle del Badiel: una forma tan visible que al pueblo se le conoce como el Balcón de la Alcarria. El paisaje abre una escena amplia, pero el hilo de esta historia está cerca: en las torres que aún se levantan entre las casas y en los restos de la iglesia que ocupó parte de la antigua ciudadela.

El Balcón mira al Badiel

El núcleo está a 998,9 metros sobre el nivel del mar, en el oeste de la comarca de la Alcarria. Desde el Pico de la Paloma se divisan dieciséis pueblos del valle del Henares y las sierras del sistema Central. La vista permite entender la posición de Trijueque: no una localidad aislada en una llanura sin límites, sino un pueblo junto a un cambio marcado de relieve. Hacia un lado se extiende la planicie; hacia el otro, la pendiente desciende al valle.

Ese borde es el escenario físico de una historia de ocupación, defensa y destrucción, aunque no hace falta suponer que el relieve dictara cada decisión de sus habitantes. La descripción geográfica sitúa el término municipal —35,63 kilómetros cuadrados— junto a esa caída hacia el Badiel. En las últimas décadas, el núcleo ha crecido también en torno a las urbanizaciones de Mirador del Cid y La Beltraneja. El nombre de “balcón” sigue siendo una manera sencilla de reconocer la relación entre el pueblo y el paisaje que se abre ante él.

Las rocas bajo el término

La caracterización geotécnica de Trijueque agrupa los materiales del municipio en dos conjuntos principales. Predominan las calizas, dolomías y mármoles, rocas carbonatadas; otro conjunto reúne areniscas, conglomerados y flysch. No se trata de una descripción de una sola piedra bajo cada edificio: es una clasificación del término. En el mismo paisaje local conviven, por tanto, varias clases de materiales, mientras que la cornisa ofrece a la vista el contraste entre la planicie y el descenso al valle.

La distinción importa porque el terreno no responde de una sola manera en todas partes. El estudio describe las formaciones carbonatadas como poco o casi nada karstificadas, con algún sistema kárstico aislado localmente. La karstificación es la disolución de estas rocas por el agua, que puede formar cavidades o conductos; aquí no se describe como un rasgo generalizado. También se señalan áreas con movimientos actuales o potenciales, principalmente deslizamientos en formaciones blandas: desplazamientos de terreno ladera abajo. Son procesos reconocidos a escala municipal, no una explicación automática del origen de cada tramo de la cornisa.

Los Mendoza cierran Trijueque

La historia política del pueblo cambió de manos varias veces. Tras la conquista cristiana de la comarca en el siglo XI por Alfonso VI, Trijueque pasó a formar parte del Común de Villa y Tierra de Hita. En el siglo XIV quedó bajo el poder de Íñigo López de Orozco y, ya en el siglo XV, se incorporó al mayorazgo de los Mendoza alcarreños. La villa quedó así vinculada a una familia que dejó una huella material reconocible: una cerca fortificada y una ciudadela.

En la segunda mitad del siglo XV, Íñigo López de Mendoza, primer conde de Tendilla, trasladó a Trijueque desde Buitrago del Lozoya a Juana, hija de Enrique IV, conocida como la Beltraneja. Su estancia terminó en 1468, cuando salió hacia Toro para acudir a la celebración de la Concordia. La cerca y la ciudadela pertenecen a ese paisaje de poder señorial, aunque no se conservan suficientes restos para reconstruir su forma completa. La historia de la localidad no quedó encerrada para siempre bajo ese dominio.

Una carta cambia la edad del pueblo

En 1503, Fernando V declaró villa a Trijueque, lo que le concedió cierta autonomía frente al señorío, especialmente en asuntos jurisdiccionales. La población seguía ligada a los Mendoza, pero su estatuto había cambiado. Mientras la cerca expresaba una defensa física, la nueva condición daba al lugar otro margen de autoridad. Son dos huellas distintas de una misma historia: una permanece fragmentada en el terreno; la otra se conserva en la cronología política.

También los documentos alteraron la manera de contar la antigüedad de Trijueque. Una tradición afirmaba que el pueblo había sido fundado antes del nacimiento de Cristo. Esa idea se apoyaba en una interpretación errónea de documentos judíos conservados allí. Una carta dotal hebrea, encontrada por casualidad en 1563 y analizada por Fidel Hita, corresponde a 1473. El documento da cuenta de una comunidad judía en Trijueque, en relación con otras aljamas de la comarca, como la de Hita; no demuestra una fundación prerromana.

La ciudadela de los Mendoza ya no existe, pero la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora ocupa parte del espacio de la antigua ciudadela donde levantaron su casa palacio. El edificio tenía tres naves de distintas alturas. Entre las piezas que se describían en su interior estaban una imagen de la Concepción terminada en 1653 y otra del Cristo de la Misericordia, colocada en su capilla en 1616. Las fechas y el emplazamiento enlazan la historia del señorío con un edificio que, siglos después, quedaría gravemente dañado.

Desde Trijueque, la vista se abre sobre los campos y el relieve alcarreño que desciende hacia los valles.

Desde Trijueque, la vista se abre sobre los campos y el relieve alcarreño que desciende hacia los valles.

Foto: José Ibáñez, CC BY 3.0 — commons.wikimedia.org

Marzo de 1937 alcanza el pueblo

Entre el 8 y el 18 de marzo de 1937, durante la batalla de Guadalajara, Trijueque quedó en medio del frente. Las tropas italianas de la CTV ocuparon la localidad el día 11. La noche del 13 se retiraron ante el avance de las tropas republicanas de la Brigada Thaelmann y de la 1.ª Brigada de Asalto de El Campesino. En apenas unos días, el pueblo pasó de una ocupación a una retirada bajo la presión de las fuerzas que avanzaban.

El daño no se limitó a los edificios públicos: la población civil también sufrió pérdidas importantes. El Ayuntamiento y la iglesia parroquial de Nuestra Señora quedaron prácticamente destruidos, junto con otros edificios públicos y privados. La iglesia, asentada en el espacio de la antigua ciudadela, sumaba así otra etapa a su historia: del recinto de los Mendoza a edificio religioso, y de allí a una construcción alcanzada por la guerra. El episodio dejó una herida urbana, no un cambio geológico del borde.

Tres torreones frente a la cuesta

De la cerca con que los Mendoza fortificaron Trijueque apenas quedan restos visibles: tres torreones. Dos se encuentran junto a la cuesta que baja hacia Rebollosa de Hita y Valdearenas; el tercero está entre los edificios actuales. De la ciudadela no queda nada. El relieve sigue presente en la posición de las torres junto al descenso, pero los datos no permiten atribuir a la geología la construcción de las defensas ni explicar por ella su desaparición.

La iglesia, en cambio, todavía conserva en pie gran parte de su fábrica exterior. Está abandonada desde 1964 y permanece en ruinas. La guerra explica los daños importantes que recibió en 1937; su estado posterior y el abandono forman parte de su recorrido, sin borrar del todo la silueta del edificio. El final de la ciudadela fue distinto: desapareció, mientras que de la cerca sobrevivieron tres fragmentos reconocibles en puntos concretos del pueblo.

Trijueque cuenta hoy con 1.737 habitantes, repartidos entre el núcleo y las urbanizaciones Mirador del Cid y La Beltraneja. La localidad sigue ocupando el borde de la planicie, con el Badiel al pie de la caída y un sustrato municipal que reúne rocas carbonatadas y otros materiales. No todos esos elementos cuentan la misma historia: la geología describe el marco físico; los torreones, la iglesia y los documentos conservan los cambios humanos que atravesaron ese lugar.

Al mirar ahora la cornisa, el “balcón” ya no es solo una vista sobre el valle. Es el escenario que permanece mientras cambian los poderes, se levantan defensas y la guerra alcanza el caserío. De la ciudadela no queda rastro visible; tres torreones y una iglesia herida mantienen en pie, a su manera, la memoria de Trijueque.

Tipos de terreno en Trijueque

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha
  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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Riesgo sísmico en Trijueque

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.3 Escala de Richter
MáxM 2.3
MediaM 2.3
Máx Media
Eventos registrados
1
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.8) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.3 2025
Último sismo registrado
2025
M 2.3 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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