Historia geológica Localidad Granja de Rocamora

Granja de Rocamora pasó de alquería a huerta sobre arenas finas y limos

La tierra de Granja de Rocamora cambió de manos desde las antiguas heredades de los Rocamora hasta el reparto que favoreció a pequeños propietarios. ¿Qué cuenta esa historia cuando se mira también la composición del suelo?

Vista de Granja de Rocamora desde el castillo de Cox, con la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol destacando en el municipio.

Vista de Granja de Rocamora desde el castillo de Cox, con la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol destacando en el municipio.

Foto: Ximonic (Simo Räsänen), CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Granja de Rocamora, la historia de la huerta empieza con una alquería de origen musulmán y continúa con tierras que pasaron por heredades, señoríos y un condado. La pregunta es cómo una localidad de raíces rurales llegó a ser un municipio cuya economía sigue ligada al cultivo y la comercialización de productos hortofrutícolas. La respuesta está en una sucesión de cambios de propiedad y, como telón material, en un suelo que el estudio geotécnico describe principalmente como arenas finas y limos.

La alquería entró en el reparto de 1265

El origen de Granja de Rocamora se sitúa en una antigua alquería, aunque la fuente histórica lo presenta como una posibilidad, no como una fecha de fundación. Lo que sí queda fijado es un cambio decisivo: el 25 de agosto de 1265, las heredades de La Granja, Benferri y Puebla de Rocamora fueron adquiridas en el reparto realizado por Alfonso X en Córdoba. A partir de entonces, la historia local aparece ligada a una propiedad concreta de la tierra.

El primer propietario citado fue Pedro Ramón de Rocamora, también llamado Pierre Roman de Rocamoure, un noble de origen francés que había acompañado a Jaime I en varias campañas de conquista. El patrimonio que obtuvo se organizó como heredades: tierras vinculadas a una familia, pero que todavía no constituían un señorío nobiliario. Ese matiz importa. La tierra no cambió solo de dueño; cambió también la forma en que se nombraba y ordenaba su posesión.

¿Qué separaba una heredad de un señorío? En este caso, la propia cronología ofrece la respuesta: las tierras estuvieron primero en el patrimonio de los Rocamora y solo en el siglo XVI se constituyeron los señoríos de La Granja, Benferri y Puebla de Rocamora. La transformación fue política y patrimonial; el terreno seguía siendo el soporte cotidiano de una comunidad rural. La geología disponible permite ponerle una textura a ese soporte, pero no convertirla en explicación única de cada decisión humana.

La Granja sobrevivió a los cambios de nombre, pero perdió población

En 1565, Granja de Rocamora se independizó de Orihuela, municipio del que había formado parte. Su iglesia parroquial dependió de la de Cox hasta 1602. Son cambios administrativos y religiosos que sitúan a la localidad en una red de relaciones cercana: el municipio se afirmaba como entidad propia, mientras algunos vínculos seguían atravesando sus límites.

Luego llegó una ruptura más severa. Con la expulsión de los moriscos en 1609, Granja de Rocamora quedó despoblada. La frase es breve, pero marca una interrupción profunda en la historia de un lugar cuyo origen se atribuye a una alquería musulmana. No hace falta adornarla con escenas que no están documentadas: la pérdida de población por sí sola deja ver cuánto podía alterar el destino de una comunidad un acontecimiento político.

El señorío siguió su propia trayectoria. El 21 de febrero de 1628, Felipe IV lo convirtió en condado y otorgó el título a Francisco de Rocamora y Maza, sexto señor de La Granja. Tras la muerte sin sucesión de fray Pedro de Dávalos y Rocamora, tercer conde, el condado pasó a los jesuitas por disposición testamentaria. En 1755, Antonio de Heredia y Rocamora lo recuperó mediante una sentencia favorable en un pleito. Cambiaban los titulares; la tierra permanecía en el centro de la disputa.

Del condado a las pequeñas propiedades

La historia de la propiedad no terminó con los condes. Después de pasar a la Casa de Rafal, el título fue llevado por distintas familias, entre ellas los Heredia, los Melo de Portugal y los Manuel de Villena. Pero la transformación que ayuda a entender el paisaje social actual llegó con las desamortizaciones, incluida la de Mendizábal: una parte importante de la propiedad de la tierra quedó en manos de habitantes del pueblo.

La fuente local relaciona ese proceso con el reparto actual entre pequeños propietarios y con la constitución del municipio de Granja de Rocamora. Es un giro que cambia la escala del relato. Durante siglos, la tierra aparece en documentos como heredad, señorío o condado; con la redistribución, una porción considerable pasa a formar parte de patrimonios vecinales. No significa que todas las parcelas tuvieran el mismo tamaño ni que cada familia recibiera una porción idéntica: el dato documentado es el paso hacia una propiedad más repartida.

La huerta de hoy enlaza ese pasado con una actividad económica todavía centrada en el cultivo y la comercialización de productos hortofrutícolas. El término municipal está cubierto de huerta, flora mediterránea y palmeras. Si miras ese paisaje, la continuidad resulta visible: la tierra sigue siendo un recurso trabajado. La conexión entre el reparto histórico y cada cultivo concreto no está descrita parcela por parcela, pero el vínculo general sí está documentado: la redistribución dejó una propiedad más extendida entre los vecinos, mientras la agricultura continúa siendo la base económica local.

Cultivo de hinojo en la Sendica de Albatera, dentro del término municipal de Granja de Rocamora.

Cultivo de hinojo en la Sendica de Albatera, dentro del término municipal de Granja de Rocamora.

Foto: Philmarin, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Las arenas finas conviven con otra historia del subsuelo

El estudio geotécnico aporta una pieza material a esta historia. En la caracterización disponible, las arenas finas y los limos representan el 99.69. Son materiales de grano menudo: una descripción de la composición del terreno, no una explicación automática de cómo se repartieron las propiedades ni de cuándo comenzó cada cultivo. Junto a la huerta documentada, esa textura ofrece un marco físico para imaginar la tierra que se trabaja, con la cautela de no atribuirle por sí sola la historia social del municipio.

¿Qué puede añadir esa información a la historia de Granja de Rocamora? Puede acercar el relato al suelo real: no estamos hablando de una superficie abstracta, sino de un terreno cuya caracterización destaca arenas finas y limos. La coincidencia con una economía agrícola invita a pensar que el suelo forma parte del escenario material de la huerta. Es una interpretación prudente; la evidencia histórica atribuye el reparto de la tierra a las desamortizaciones, no a una propiedad geológica.

La documentación geotécnica registra además zonas de formaciones carbonatadas medianamente karstificadas y procesos de hundimiento kárstico actuales o potenciales. La karstificación es la formación de huecos y cavidades en rocas carbonatadas; cuando el terreno pierde apoyo, pueden producirse hundimientos. Es otra dimensión geológica del término, distinta de la descripción dominante de arenas finas y limos, y recuerda que la composición del subsuelo no tiene por qué ser uniforme en todos sus puntos.

La historia local puede leerse así en dos escalas. En la superficie, una alquería de origen musulmán, heredades, un señorío, un condado y tierras que, tras las desamortizaciones, pasaron en buena parte a manos de los habitantes. En el registro geotécnico, materiales finos y zonas carbonatadas con procesos kársticos. No son relatos separados: ambos hablan de la tierra, aunque solo el primero explica directamente quién la poseyó y cómo llegó a sostener una economía agrícola.

Granja de Rocamora pasó de alquería a municipio entre cambios de población, títulos y propiedad, mientras la huerta siguió dando forma a su paisaje y a su actividad económica. Al recorrerla, puedes ver algo más que campos: una tierra de arenas finas y limos asociada a una historia en la que, poco a poco, la propiedad dejó de ser solo asunto de señores y quedó también en manos vecinales.

Tipos de terreno en Granja de Rocamora

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

    Ver ficha
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