Titulcia, el yeso sobre las vegas
En Titulcia, el núcleo se apoya en laderas yesíferas mientras el Tajuña abre abajo una franja de tierras aluviales. El desnivel entre pueblo, río y vega explica por qué los dos cauces cercanos dejaron huellas tan distintas en el paisaje local.
El Jarama a su paso por Titulcia, visto desde el puente viejo. Al fondo, el pueblo se recorta sobre la ladera.
Desde el puente viejo, el Jarama ocupa el primer plano y Titulcia se alza al fondo, sobre una pendiente. La vista reúne un río, un escarpe y un pueblo que no se extiende por la misma llanura que el agua. Aquí, cerca de la confluencia del Jarama y el Tajuña, cada valle ofrece un terreno distinto: una ladera de yesos y margas yesíferas sostiene el núcleo; más abajo, las terrazas fluviales y las vegas dibujan otros escalones. La historia del paisaje se lee en esa diferencia: dónde se asienta el pueblo, dónde aparecen los depósitos de los ríos y qué parte del término ofrece mejores condiciones para cultivar.
El yeso coloca el pueblo a media ladera
La descripción geográfica de Titulcia sitúa el núcleo a media ladera, sobre material yesífero y margas yesíferas. En la parte baja aparecen terrazas fluviales atribuidas a antiguos ríos del Terciario. Son terrenos vinculados a depósitos de cursos de agua antiguos, distintos de las vegas que hoy acompañan a los ríos. Así, incluso antes de llegar a la ribera, el relieve conserva más de un capítulo de su historia fluvial.
Por encima del caserío se extiende el páramo. Allí se asocian suelos esqueléticos de yeso, mientras que las cuestas que bajan hacia las terrazas son empinadas y muestran cortados yesíferos. La pendiente marca una diferencia práctica: el núcleo queda en una zona suave, pero los escarpes laterales dificultan el cultivo. El terreno no ofrece una superficie uniforme; cambia de altura y de materiales en distancias cortas.
El Tajuña abre su vega
Hacia el Tajuña, el páramo desciende progresivamente: en el entorno, pasa de los 880 metros de Santorcaz a unos 600 metros dentro del término de Titulcia. El pueblo ocupa el borde norte del río, en una pendiente suave que permite aprovechamiento agrícola. El cambio de cota conduce desde las superficies altas hasta la vega, la franja baja que el río labra a ambos lados de su cauce.
La vega del Tajuña está formada por depósitos cuaternarios y reúne una parte importante de las tierras agrícolas del municipio, aunque queda apartada del núcleo. Entre ambos, la Cacera de la Vega, un canal de riego, separa el pueblo de las tierras bajas. La escena tiene una geografía clara: arriba, las laderas y el caserío; abajo, los depósitos fluviales y los campos. El río no coloca toda la vida local junto a su cauce, pero sí traza el principal espacio agrícola del término.
La vega continúa a ambos lados del Tajuña y ocupa buena parte del municipio, limitada por los páramos que la encajonan. En la confluencia, se juntan las vegas de los dos ríos. Ese encuentro permite a Titulcia aprovechar también una pequeña franja del Jarama, antes de que su vega siga fuera del término. Pero el otro río no ofrece el mismo acceso ni la misma amplitud de terreno aprovechable.
Titulcia y las tierras de la vega, con los páramos que enmarcan el valle. La vista ayuda a reconocer el escalón entre el núcleo y los campos.
Los barrancos apartan al Jarama
En el lado del Jarama, el páramo se acerca al río mediante fuertes escarpes. Barrancos como los de las Cañas, del Picote y de los Tejones abren cortes pronunciados junto a la ribera. El límite municipal bordea el Jarama, pero la vega que el río forma se extiende principalmente por su margen derecha, al otro lado de ese límite. Por eso, aunque el cauce está cerca, Titulcia apenas aprovecha su vega para la agricultura.
El contraste con el Tajuña se vuelve visible al comparar ambas márgenes. Allí donde el Tajuña abre una vega extensa dentro del término, los escarpes junto al Jarama estrechan el terreno disponible y dejan la mayor parte de la llanura agrícola fuera de Titulcia. Solo cerca de la confluencia se enlazan los espacios bajos de ambos ríos y aparece esa pequeña vega del Jarama que el municipio alcanza antes de dejarla atrás. No es una historia de dos ríos idénticos, sino de dos encuentros distintos entre cauce, páramo y límite municipal.
Unos pocos escalones, varios suelos
La variedad del relieve también se reconoce bajo los pies. En las vegas hay suelos aluviales jóvenes, poco evolucionados, con acumulación de materia orgánica en la parte superior y transformados por las personas para la agricultura extensiva. En los bordes del Jarama se describen suelos pardos sobre depósitos pedregosos: gravas más o menos rodadas mezcladas con suelo arenoso. En las zonas altas aparecen suelos pardos calizos y, por encima del pueblo, suelos esqueléticos asociados a los yesos.
Los suelos pardos calizos contienen carbonato cálcico libre, tienen poco humus y presentan tonos rojizos. La caliza se lava hacia el interior y se acumula en horizontes inferiores; el suelo puede evolucionar hacia un suelo rojo mediterráneo. No son todos materiales intercambiables: los sedimentos aluviales de la vega, las gravas de los bordes fluviales y los suelos asociados al yeso pertenecen a posiciones distintas del paisaje. Esa variedad ayuda a entender por qué los campos se concentran en unas franjas y no en otras.
La erosión descrita para Titulcia no alcanza grandes niveles. Contribuyen las pendientes suaves, el monte bajo que estabiliza la ladera y la permeabilidad de los suelos, especialmente los de las terrazas fluviales, que permite que el subsuelo absorba parte de la precipitación. La descripción local señala también las bajas precipitaciones como el factor de mayor influencia. En conjunto, el agua no transforma todas las superficies de la misma manera: las cuestas pronunciadas y los terrenos permeables responden de forma distinta.
El estudio geotécnico de Titulcia clasifica la permeabilidad como clase 1, litología A-1, descrita como propia de acuíferos generalmente extensos, muy permeables y productivos. También registra formaciones yesíferas medianamente karstificadas, a veces con karsts importantes dispersos. La karstificación es la formación de cavidades y conductos en materiales solubles; el estudio incluye hundimientos kársticos actuales y potenciales entre los procesos posibles. Además, identifica zonas de expansividad de arcillas de clase 4, con peligrosidad descrita como alta o muy alta. Son características técnicas del subsuelo que completan el retrato de un término donde la composición cambia de una ladera a una terraza y de una terraza a la vega.
Bayona de Tajuña deja su nombre
Sobre ese relieve se asentó la localidad conocida durante siglos como Bayona de Tajuña. Fue fundada o repoblada en el siglo XII por la ciudad de Segovia y poblada por segovianos. En 1480, Isabel la Católica donó parte del sexmo de Casarrubios y la totalidad del de Valdemoro al matrimonio Cabrera-Bobadilla. Sus habitantes pasaron de ser vecinos libres a pecheros y perdieron bienes comunes. El concejo de Segovia y los municipios afectados protestaron, pero sus peticiones fueron desestimadas por la propia reina.
En 1814, un decreto de Fernando VII cambió el nombre por Titulcia, al dar crédito a la creencia de que allí se encontraba la localidad romana mencionada en el Itinerario Antonino A-25. El nombre antiguo quedó atrás, aunque la historia del lugar siguió sumando huellas. Titulcia cuenta con un yacimiento arqueológico de oppidum y, en octubre de 2009, se encontró allí una pátera de hace 25 siglos, conocida popularmente como la Medusa de Titulcia. Esas referencias pertenecen a la historia humana del municipio; el relieve que las rodea conserva, a otra escala, las terrazas, los cortados y las vegas de sus ríos.
El relieve fija el resultado
El paisaje actual reúne las piezas que los ríos y los materiales han dispuesto: el núcleo en una ladera de yesos y margas, las terrazas fluviales en la parte baja y la vega del Tajuña como principal franja agrícola. El Jarama queda cerca, pero sus barrancos y la posición de su vega hacen que su aportación al municipio sea mucho menor, salvo junto a la confluencia. La pendiente no desaparece al llegar al pueblo, ni la vega sube hasta él; cada una conserva su lugar. Desde el puente viejo, el río y Titulcia vuelven a aparecer en una sola mirada, pero ahora se entiende la distancia que los separa: no solo la que mide el terreno, sino la que dibujan sus materiales y sus escalones.
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