Sant Mateu, agua que abre la historia
En 1925, una canalización en la calle Santo Domingo sacó a la luz restos romanos bajo Sant Mateu. El hallazgo abre una historia en la que el agua, las rocas del valle y las huellas de quienes lo habitaron se encuentran bajo las calles actuales.
La iglesia arciprestal destaca sobre el caserío de Sant Mateu, centro comercial y político del Maestrazgo medieval.
Entre montañas, a unos 325 metros sobre el nivel del mar, Sant Mateu ocupa el Vall d’Àngel, un valle situado a 27 kilómetros de la costa mediterránea. El paisaje no es solo el marco del pueblo: reúne manantiales, cauces y un sustrato rocoso que acompaña la vida del lugar. Para seguir su historia hay que mirar a la vez hacia la superficie, donde se cruzan caminos y arroyos, y hacia el subsuelo que una obra urbana abrió en 1925.
El Vall d’Àngel reúne fuentes y cauces
Las fuentes naturales forman parte del mapa local. Entre ellas están la Font de les Piques, Morella, Aiguanova, Font Cuberta y Guilona. También descienden por el valle los arroyos Benifarquell, Palacio y Coma, que desembocan en la Rambla de Cervera. El agua aparece así en varios puntos del paisaje, desde los manantiales hasta los cauces que conducen hacia la rambla.
Ese recorrido ayuda a entender por qué el agua reaparece en la historia de Sant Mateu, aunque no permite atribuir a una fuente concreta el origen de cada asentamiento. La población actual se encuentra entre montañas; su término, además, combina aguas superficiales con un subsuelo donde los estudios geotécnicos reconocen acuíferos muy permeables, generalmente extensos y productivos. Son dos escalas distintas de un mismo paisaje: lo que corre por el valle y lo que circula bajo tierra.
Calizas y dolomías bajo el término
La clasificación geotécnica asigna el 93,57 % del término a la categoría «Calizas, Dolomías y Mármoles». El dato describe el municipio, no identifica automáticamente la roca de cada edificio o calle. Sí permite reconocer un sustrato carbonatado dominante. En estas formaciones, el agua puede infiltrarse por fracturas y disolver lentamente parte de la roca; con el tiempo, ese proceso forma el karst, es decir, un relieve con conductos o cavidades asociados a la disolución. El estudio califica la karstificación como mediana y señala que a veces hay karsts importantes dispersos.
Tres sondeos recogidos para Sant Mateu alcanzan una profundidad media de 233,3 metros; dos llegan a 250 metros. En El Carrascal, el registro sitúa el agua a 9,5 metros. Estos datos no convierten cada calle en una cavidad ni describen por sí solos el recorrido de un manantial, pero muestran que el agua subterránea y las formaciones carbonatadas son parte importante del terreno local. El relieve, las fuentes y los cauces forman el escenario en que se fueron acumulando las huellas humanas.
La imagen del agua no se limita a una línea azul sobre un mapa. Una roca carbonatada fracturada puede dejar que el agua se infiltre; si la disolución ensancha algunas fracturas, el subsuelo puede conducirla con facilidad. En Sant Mateu, el estudio geotécnico describe acuíferos muy permeables, mientras que la geografía registra fuentes y arroyos. La coexistencia de ambos datos acerca el paisaje al lector sin hacer de cada surgencia una prueba de un conducto concreto. El agua circula arriba y abajo, y la historia del pueblo se ha ido escribiendo en ese terreno.
La calle Santo Domingo abre una ventana en 1925
En 1925, unas obras de canalización de aguas en la calle Santo Domingo encontraron restos de época romana. La intervención cotidiana —abrir el suelo para conducir agua— puso al descubierto una ocupación anterior en el mismo emplazamiento de la población actual. El hallazgo confirmó que allí ya existía un asentamiento romano; la obra no creó esa historia, pero la hizo visible bajo la calle.
La escena enlaza dos tiempos muy distintos. En una época, los habitantes se asentaron en el lugar; muchos siglos después, una canalización volvió a penetrar en el subsuelo y tropezó con sus restos. El descubrimiento de 1925 no describe por sí solo cómo era aquel asentamiento ni cuánto ocupaba. Lo que sí deja claro es que el Sant Mateu romano estaba bajo el pueblo actual, y que una obra relacionada con el agua permitió reconocerlo.
Un pequeño puente de piedra cruza un cauce en Sant Mateu. La imagen acerca el agua al espacio cotidiano del pueblo.
Del Tossal de Carruana a las rutas romanas
La presencia humana en el término no empieza con ese hallazgo. En el Tossal de Carruana se conservan restos de un poblado de la Edad del Bronce y del mundo ibérico; también se documentan muestras de pintura rupestre levantina en el municipio. Son huellas de épocas distintas y no deben confundirse con los restos romanos de Santo Domingo. Juntas, sin embargo, dibujan una larga historia de ocupación en el territorio.
La fuente histórica relaciona el pequeño asentamiento romano con el paso de la Vía Augusta y la Caesar Augusta. La identificación de la antigua Intibili con Sant Mateu también ha sido propuesta, pero se mantiene como una hipótesis. Para el hilo de la historia basta la evidencia concreta: en 1925 aparecieron restos romanos en el emplazamiento actual. Hoy, las carreteras CV-10 y N-232 se describen, respectivamente, como la antigua Vía Augusta y la antigua vía Caesar Augusta, una coincidencia que devuelve las rutas al paisaje presente.
Sanctо Matheo aparece en 1195
El nombre de Sant Mateu entra en la documentación escrita en 1195. Un documento de Alfonso II de Aragón, al describir los límites de unas tierras donadas al capítulo catedralicio de Tortosa, menciona Sancto Matheo. No es todavía el relato de una gran capital, sino una referencia territorial: el nombre del lugar aparece como punto reconocible dentro de unos límites.
Después llegaron nuevas etapas de organización. Tras la conquista de Jaime I, Hugo de Folcalquier otorgó una carta puebla en 1237. El 24 de septiembre de 1274, Fray Berenguer de Almenara concedió una segunda carta, de acuerdo con los usos y costumbres de Valencia. Esas fechas muestran cómo la población fue incorporándose a una estructura política y jurídica. El valle no cambió de sitio, pero el lugar que ocupaba fue adquiriendo una presencia cada vez más definida en los documentos.
Montesa y la lana transforman la villa
En 1317 se fundó la Orden de Montesa y Sant Mateu se convirtió en residencia de sus maestres y cabeza del maestrazgo. La villa llegó a ser capital histórica de un territorio que agrupaba varias poblaciones del Maestrazgo. Su importancia no dependía solo de los títulos: Sant Mateu se consolidó también como centro comercial, ganadero y artesanal.
La lana de los rebaños de la zona se exportaba a los telares de Prato y Florencia. Los comerciantes de lana Rossi, Comí y Datini impulsaron una economía de alcance europeo, y los mercaderes promovieron la construcción de la iglesia arciprestal, conocida como «la catedral de los mercaderes de la lana». La actividad comercial acompañó el crecimiento de Sant Mateu durante los siglos XIII, XIV y XV. La villa albergó escuelas de humanidades, griego, pintura, orfebrería y cantería: la historia del lugar se amplió desde la ocupación del valle hasta la vida política, económica y artesanal.
La iglesia arciprestal fue también escenario de acontecimientos que superaron el ámbito local. En mayo de 1411, Benedicto XIII, el papa Luna, llegó a Sant Mateu y residió durante varios meses en el palacio del maestre de Montesa, mientras se acondicionaba Peñíscola como sede pontificia. El 15 de agosto de 1429, en la misma iglesia, Clemente VIII renunció al papado ante el legado de Martín V, poniendo fin al Cisma de Occidente. La villa que había crecido al abrigo de su posición en el territorio ocupaba ahora un lugar destacado en la historia política y religiosa.
En la Plaza Mayor, la Fuente del Ángel conserva otro signo visible de la identidad local: el escudo del ángel vinculado al apóstol San Mateo.
La Fuente del Ángel ocupa la Plaza Mayor, donde la fuente y el emblema local forman parte del paisaje urbano.
Desde las huellas del Tossal de Carruana hasta los restos romanos de Santo Domingo, pasando por las cartas pueblas y el crecimiento medieval, el lugar ha reunido historias distintas sobre un mismo paisaje.
La canalización de 1925 resolvió su episodio con un descubrimiento concreto: bajo la calle apareció la prueba de un asentamiento romano en el emplazamiento actual. El valle de fuentes y cauces siguió siendo el escenario; el subsuelo carbonatado, su materia; y la obra de agua, la abertura que permitió ver una capa más de la historia de Sant Mateu.
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