Historia geológica Localidad San Leonardo de Yagüe

San Leonardo, la fortaleza repartida

En una loma sobre San Leonardo, el castillo que Juan Manrique de Lara mandó levantar acabó convertido durante más de dos siglos en cantera. Sus piedras y cornisas no desaparecieron: se repartieron por las casas del pueblo.

Una casa de San Leonardo con balcones de madera. La arquitectura del pueblo conserva la escala cotidiana del paisaje en el que se alzó el castillo.

Una casa de San Leonardo con balcones de madera. La arquitectura del pueblo conserva la escala cotidiana del paisaje en el que se alzó el castillo.

Foto: Luis Rogelio HM, CC BY-SA 2.0 — commons.wikimedia.org

La loma del castillo domina San Leonardo de Yagüe desde un punto alto del pueblo. Allí, en 1563, Juan Manrique de Lara ordenó construir una fortaleza con licencia de Felipe II. Hoy el edificio está deteriorado y en ruinas; parte de su piedra, sin embargo, sigue formando parte de la localidad. La historia del castillo es también la de un cambio de destino: de fortaleza preparada para resistir ataques a cantera, y de cantera a material incorporado a numerosas casas.

La loma de Juan Manrique de Lara

El castillo se levantó en una posición que domina el caserío. No era solo una residencia: su diseño combinaba una vivienda señorial con defensas preparadas para las armas de fuego. La construcción comenzó en 1563, cuando Juan Manrique de Lara obtuvo licencia real para hacer la fortaleza. Desde la loma, el edificio se incorporó al perfil de una villa situada a 1.033 metros sobre el nivel del mar, en la comarca de Pinares.

San Leonardo ya tenía una historia anterior a la fortaleza. La fecha de fundación de la población actual se desconoce, aunque se sitúa probablemente en los siglos X o XI. La tradición local atribuye su establecimiento a monjes benedictinos franceses, que habrían creado un hospital para viajeros y peregrinos en un cruce de caminos, a la salida de un extenso bosque de pinos. El primer documento conocido que cita el pueblo es de 1173: Alfonso VIII donó entonces Arganza al hospital de San Leonardo.

En 1193, Alfonso VIII entregó al monasterio de San Pedro de Arlanza la iglesia de San Leonardo, su hospital y sus bienes, entre ellos Arganza. En 1213 amplió la donación a otras poblaciones y lugares. Años después, en 1220, el abad otorgó un fuero a la villa. Para cuando se construyó el castillo, San Leonardo llevaba siglos asentado en su cruce de caminos; la fortaleza añadió una nueva presencia a ese paisaje habitado.

Una residencia dentro de una fortaleza

El edificio reunía dos caras que todavía se entienden en su descripción: una casa palaciega y un perímetro militar. La vivienda tenía planta rectangular, patio interior y dos plantas. Grandes ventanales se abrían al exterior, una solución poco habitual en un castillo, y la portada clásica daba a la residencia un aspecto distinto del de las defensas que la rodeaban.

En el exterior, cuatro baluartes ocupaban las esquinas. Eran estructuras gruesas y resistentes, dispuestas para repeler ataques con armas de fuego. El conjunto era una fortaleza abaluartada renacentista: un recinto defensivo de formas robustas que envolvía una vivienda con detalles clásicos. La oposición entre ambos usos no era un añadido; formaba parte del proyecto desde el principio.

La residencia llegó a tener ricos ornamentos. De las molduras clásicas que decoraban originalmente los ventanales quedan restos, y los hallazgos han permitido reinterpretar la portada. Así, incluso en un edificio transformado y arruinado, algunos elementos conservan la huella de aquella construcción. La loma no sostiene solo un recinto militar en ruinas: sostiene los restos de una casa pensada para asomarse al exterior y de un perímetro construido para resistir.

El terreno de Pinares

El castillo ocupa una loma dentro de un municipio de relieve montañoso y boscoso. El pueblo se encuentra a 1.033 metros; el término desciende hasta los 997 metros en el Pozo Perín, en el cañón del río Lobos, y alcanza los 1.325 metros en el Alto del Sixtil. El río Lobos marca parte del límite municipal, mientras que el río Arganza y numerosos arroyos forman parte de la red de agua local.

El estudio geotécnico clasifica, a escala municipal, un 69 % del terreno en la categoría de areniscas, conglomerados y flysch, y un 22,11 % en la de calizas, dolomías y mármoles. Son grupos de materiales distintos que componen el marco geológico del término. El dato ofrece una imagen general del sustrato de San Leonardo y sus alrededores, no una identificación de la piedra empleada en cada edificio.

El mismo estudio describe las formaciones carbonatadas como medianamente karstificadas, con formas kársticas importantes dispersas en algunos sectores. La karstificación es la disolución progresiva de rocas carbonatadas, que puede abrir huecos; si estos afectan al terreno, pueden producirse hundimientos. El informe señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales y también zonas con posibles deslizamientos o desprendimientos. Son procesos ligados al terreno municipal, no una explicación documentada del emplazamiento o de la historia del castillo.

En el extremo sur, el cañón del río Lobos introduce un relieve muy distinto de la loma que domina el pueblo. Parte del término está incluida en el parque natural del Cañón del Río Lobos: la zona especial de conservación ocupa 2.116 hectáreas, alrededor del 35 % del territorio municipal. Entre la cota baja del cañón y las alturas del norte, el término reúne paisajes diversos. La fortaleza forma parte de ese territorio, aunque su historia propia se reconoce sobre todo en la loma y en la piedra trabajada por sus habitantes.

El arco de piedra de San Leonardo forma parte del paisaje construido del pueblo, junto a las casas donde también se reconocen piedras y cornisas reutilizadas del castillo.

El arco de piedra de San Leonardo forma parte del paisaje construido del pueblo, junto a las casas donde también se reconocen piedras y cornisas reutilizadas del castillo.

Foto: Luis Rogelio HM, CC BY-SA 2.0 — commons.wikimedia.org

De fortaleza a cantera

El cambio decisivo llegó cuando el castillo dejó de conservarse como un conjunto entero y empezó a servir como cantera. Durante más de dos siglos se extrajeron de él piedras y cornisas. La construcción que había reunido vivienda y defensa se fue deshaciendo pieza a pieza, y sus materiales encontraron otro lugar dentro del pueblo. El registro no precisa quién retiró cada elemento ni en qué fecha; sí deja claro el resultado: la fortaleza acabó en ruina y sus piedras se ven en numerosas casas.

Ese traslado cambia la manera de leer el edificio. La cantera no hizo que toda la piedra del castillo se perdiera: dispersó parte de ella por la arquitectura doméstica de San Leonardo. Las cornisas, concebidas como remate del edificio señorial, y los bloques de la fortaleza pasaron a formar parte de viviendas. El castillo dejó de ser una pieza completa, pero su material siguió en uso en el pueblo.

La historia no permite atribuir a una casa concreta los sillares de la loma, pero sí documenta la relación general entre ambos: las piedras y cornisas del castillo pueden verse en numerosas casas. El movimiento es significativo. La fortaleza, que se alzaba sobre el caserío, terminó alimentando construcciones dentro de él. En vez de una ruina aislada, quedó una huella repartida entre el alto y las calles.

Piedra y madera en la historia local

La piedra no fue el único material que marcó la vida de San Leonardo. En 1570, vecinos de San Leonardo y Navaleno acordaron por escrito entregar veinticuatro vigas de pino al abad de La Vid antes de Pentecostés. La localidad también estuvo ligada a la carretería y formó parte de la junta y hermandad Burgos-Soria de la Real Cabaña de Carreteros. La madera aparece así en la historia como un recurso trabajado y transportado, junto a la piedra del castillo que con el tiempo se reutilizó en las casas.

Mucho después, en 1955, la empresa Norma comenzó a fabricar puertas de madera de pino en San Leonardo. La actividad maderera enlaza épocas muy distintas, sin borrar sus diferencias: en el siglo XVI se pactaba la entrega de vigas; en el XX se producían puertas para mercados nacionales e internacionales. La fortaleza, mientras tanto, había seguido su propio recorrido, de residencia y defensa a cantera y ruina.

Hoy, el castillo continúa deteriorado sobre la loma y las piedras y cornisas reutilizadas siguen en numerosas casas. Ese es el desenlace material de la historia: el edificio perdió su unidad, pero una parte de su fábrica quedó incorporada al pueblo. Al mirar hacia la loma, San Leonardo conserva el perfil de la fortaleza; al recorrer sus calles, conserva también la dispersión de sus piedras.

Tipos de terreno en San Leonardo de Yagüe

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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